El PSOE no está derruido: las cartas que le quedan a Sánchez
El PSOE no está derruido. Esa es la conclusión que se impone cuando se repasan los mimbres con los que Pedro Sánchez afronta unas
elecciones generales previstas para el 29 de noviembre, según el calendario que manejan quienes siguen el asunto. La maquinaria institucional, el censo electoral y una masa de votantes cautivos configuran un suelo que ningún sondeo serio se atreve a situar por debajo del 30%.
Hay quien sostiene que si Sánchez se presenta es porque lo tiene todo atado. Otros, más escépticos, recuerdan que las encuestas dan ganador al PP y que la suma con Vox sería suficiente. La duda no es quién gana, sino por cuánto. Y ahí entran en juego las cartas que nadie discute en voz alta.
Los 2,7 millones de votantes cautivos
El cálculo más repetido en los mentideros políticos parte de una base simple:
2 millones de afiliados a UGT y CCOO,
2,7 millones de perceptores del Ingreso Mínimo Vital y
3 millones de funcionarios. Son votantes que, en teoría, tienen motivos para sostener al Gobierno que les paga o les protege. No es una suma automática, pero es un colchón que ningún partido desdeña.
A eso se añade el voto de
400.000 argentinos con derecho a sufragio, un colectivo que puede inclinar escaños en provincias donde la diferencia es mínima. Y el respaldo de los nacionalismos vasco y catalán, dispuestos a sostener al PSOE a cambio de mantener sus privilegios fiscales y competenciales. La aritmética no es limpia, pero es aritmética.
El censo, la Ley de Nietos y el Supremo
El 1 de agosto se cierra el censo electoral. El 8 o 10 de septiembre, el Tribunal Supremo suspendió cautelarmente determinados votos vinculados a la Ley de Nietos. En octubre, Sánchez adelantó las elecciones. El 29 de noviembre, las urnas. El Supremo sigue intentando decidir qué parte de esos ciudadanos que ya figuran en el censo podrá votar realmente. La Junta Electoral Central trabaja con el INE y los consulados para identificar a los afectados.
La propia Abogacía del Estado reconoce que
168.896 personas proceden de una instrucción que presumía el exilio, aunque defiende la legalidad del procedimiento. El verdadero problema no es que haya 400.000 nuevos españoles, sino que unos pocos miles de votos pueden cambiar un escaño en provincias ajustadas. Ahí está la partida.
El pucherazo que no llega
La hipótesis del fraude masivo circula con insistencia. Se habla de diluir el voto de Vox a través de formaciones como Iustitia Europa o Alvise para impedir que alcance el 20% que le daría la mayoría absoluta a la derecha. Con ese escenario, el PSOE podría quedar por encima del PP en escaños, aunque insuficiente para gobernar solo.
No hay pruebas de nada de eso. Son especulaciones que se cruzan en tertulias y redes. Lo que sí es verificable es que el PSOE ha perdido fuelle desde que Sánchez lo colonizó, según una parte del análisis. Y que Aznar, en su día, parecía imbatible hasta que apareció el del talante.
Lo que dicen las encuestas y lo que dicen los datos
Las encuestas dan ganador al PP. Casi todas. La suma con Vox superaría la mayoría absoluta en la mayoría de los escenarios. Pero las encuestas también daban ganador a Rajoy en 2004 y a Clinton en 2016. No son profecías.
El PSOE no está muerto. Está herido, pero conserva un suelo de votantes que no le abandonan. La pregunta no es si Sánchez puede ganar. Es si puede evitar que la suma de PP y Vox le desplace. Y para eso, cada escaño cuenta. Cada voto en el extranjero. Cada argentino con pasaporte. Cada funcionario con nómina.
La partida está abierta. Las cartas, sobre la mesa. Quien crea que esto está decidido, que se lo haga mirar.