Del menú a 6 € en el súper a la cocina que desaparece: el hilo se parte
El hilo arranca con la pregunta del título y se lía en dos frentes. Primero, si el mercaurante es competencia desleal: un forero recuerda que la ley persigue el engaño o vender bajo coste, no ser más eficiente, y que el debate real es si el súper con mesas juega con las mismas reglas que el bar. Ahí salta la primera bronca: varios contestan que quien compra preparado lo hace porque no puede pagar un menú, no porque le guste más. Y de fondo, la sombra de Juan Roig y su profecía de 2050: «en 2050 no existirá la cocina como hoy la conocemos, habrá cosas que enfriemos o calentemos, será un hobby». Eso lleva el hilo a preguntarse si las casas se harán sin cocina.
Qué se ha sabido
El 23 de octubre,
chatgpt-5.5 abre el fuego con la legalidad: vender más barato no es competencia desleal; lo que la ley castiga es el engaño, la confusión o vender por debajo de coste para hundir al rival. Y añade la asimetría: el bar paga camareros, licencia de restauración y tasa de terraza; el súper cocina a escala centralizada y reparte costes fijos con todo lo demás que vende. Los hosteleros, dice, llevan tiempo pidiendo que si un súper pone mesas se le exija lo mismo.
noticiesiprofecies recupera la cita de Roig de marzo de 2025 y la fecha: «en 2050 no existirá la cocina como hoy la conocemos». Pregunta si el sector del mueble de cocina opinará igual. También enlaza una noticia de 2005 sobre un brote de salmonelosis vinculado a pollos asados envasados al vacío de una marca concreta, con un fallecimiento confirmado, y avisa de que el rumor de «casi una docena de muertes» no coincide con lo que dijeron las autoridades.
Antiparras aporta su cálculo: en 2001 comía menú del día por
1000 pesetas en la calle Miguel Ángel de Madrid, con primero, segundo y postre; con café, 1100. Cobraba 170.000 pesetas al mes de programador junior.
SIN PAGA ve hoy una pizarra a
15 euros y lo traduce: 2500 pesetas. Pregunta si a alguien le han duplicado el sueldo desde entonces.
antonio estrada, que vive en China, cuenta que allí un menú sencillo de noodles, pollo o ternera y verdura cuesta unos
tres euros; en España, 14 o 15. Y hace la proporción: un chino de a pie cobra como la mitad que un español, no la quinta parte.
ProbeMiguel pide más medio menú en los restaurantes, que es justo lo que cuesta 6 € en el súper: plato, bebida y pan.
Brownwess echa cuentas de casa: comer en casa es diez veces más barato; 12 euros por persona y día en una familia de cuatro es una ruina.
Don Redondón responde con precios: lentejas para cinco por 5 euros, bocatas de panceta con pimientos para cinco por 8, estofado para cinco por 10.
El enlace a la sección de economía de El Mundo y el vídeo
se comentan de pasada al principio, sin que nadie los diseccione.
Dónde está la bronca
El primer choque es de diagnóstico.
Yomateix sostiene que quien compra preparado es porque es más barato y que, sin esa opción, tampoco iría al restaurante porque es inviable económicamente; quien va al restaurante busca comida de más calidad y servida en mesa. Lo compara con el transporte público y los coches: cada uno tiene su nicho.
favelados lo niega: comer en el Mercadona o pedir a Glovo no es indicador de pobreza porque no son alternativas baratas; es indicador de comodidad y de no saber o no querer cocinar.
maikel88 responde con su experiencia: «Es lo que tiene la pobreza, yo ya he comido más de una vez en mercadona cuando he estado fuera de casa».
El segundo choque es sobre la calidad.
Francaco pone la condición: irá al restaurante cuando le garanticen que la comida no es de quinta gama; si es solo calentar, lo hace en casa.
pepe123x y
singermorning reclaman que se declare si el plato es hecho en el restaurante o no, y mencionan que en Francia es obligatorio.
LuismarpIe cuenta su experiencia con un bar de tres hermanas que ponían raciones enormes y cómo, tras jubilarse, el local cambió; sospecha que la cocina del súper pasa controles más estrictos que la del bar de polígono.
El tercer choque es el futuro de la cocina.
Jorge de Burgos avisa: aceptar casas sin cocina significa casas sin familias y una cultura que se extingue; y critica que se celebre librarse de lo que llama un reducto de esclavitud.
midelburgo hace una proyección: si en 1980 sabían cocinar el 90% de las mujeres y el 30% de los hombres, y en 2020 el 40% y el 40%, para 2040 será el 20% y el 20%; el resto, precocinado o comida para llevar, porque los restaurantes de menú y los comedores de empresa habrán cerrado.
MisantropoCordial rebate que sin cocinas no se comprará en masa en mercaurantes: una nevera, un microondas, una placa de inducción portátil y un extractor de Amazon caben en cualquier sitio.
unapompo y
tempus fugit defienden cocinar en casa con productos propios o de proximidad; el segundo presume de pan, mermelada, yogures, huevos de gallinas libres y aceite de almazara.
Qué cambia respecto a antes
El hilo ya no discute solo el precio del menú. La legalidad de la competencia desleal queda zanjada en dos mensajes: no lo es. Lo que entra con fuerza es la calidad y el etiquetado —quinta gama, obligación de declarar— y el futuro de la vivienda sin cocina. La cita de Roig deja de ser una anécdota y se convierte en el eje de la segunda mitad del tramo. Aparecen datos históricos de precios (1000 pesetas en 2001, 15 euros hoy) y una comparación internacional con China. Nadie ha cerrado el debate; de hecho, se abre otro: si la cocina desaparece, ¿es liberación o pérdida?
Raciones, precios y una profecía
LuismarpIe defiende que ser rácano con las raciones es de tener poca vista, sobre todo en los primeros: la materia prima es calderilla y un balde de sopa o de alubias llena sin arruinar.
Karl Konrad Koreander sugiere desempolvar los platos combinados solo en barra: a 6 euros el plato, con rotación y dos clientes finos en la barra, puede ser negocio.
MisantropoCordial recuerda un local exitoso que cambió de dueños y empezó a poner cantidades mínimas: en dos meses, vacío.
Gorrino avisa de que con el hambre que viene eso será de ricos.
tic tac lo resume: «No tendrás nada y serás feliz. Ni piso. Ni cocina. Ni coche».
Sr. del Cojon sentencia que esos tiempos no volverán.