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Matasanos negacionista
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Os cuento mi experiencia:
Hace unos meses mi mujer y yo decidimos instalar un sistema fotovoltaico en casa con un objetivo que iba más allá de reducir la factura eléctrica: queríamos aumentar nuestra autonomía energética, disponer de almacenamiento y contar con una instalación que pudiéramos supervisar y gestionar nosotros mismos, pero después de ver el lío que supone legalizar una instalación “casera”, acabamos pasando por el aro de instalador profesional para acogernos a las subvenciones de la UE, reducción en IBI, certificación energética, deducción del IRPF etc.
Finalmente montamos 10 paneles JA Solar de 535 Wp, con una potencia fotovoltaica total de 5,35 kWp, conectados a un inversor monofásico Sigenergy de 5 kW, acompañado de una batería SigenStor de 9 kWh y un sistema de respaldo para mantener alimentados determinados circuitos de la vivienda ante un corte de suministro. Para mí lo más importante era la capacidad de seguir funcionando en caso de apagón, y no depender de la sincronización de red.
La experiencia hasta ahora está siendo bastante satisfactoria. Como sabéis vivo en Tenerife, donde las condiciones de irradiación solar son especialmente favorables, y hemos comprobado que en días normales la batería puede estar completamente cargada hacia el mediodía. A partir de ese momento, una vez cubierto el consumo de la vivienda, comenzamos a exportar los excedentes a la red, cosa que no me gusta nada porque la compensación es muy baja.
Durante la tarde y las primeras horas de la noche utilizamos la energía almacenada. Nuestra vivienda tiene un consumo relativamente elevado, especialmente por la climatización. Disponemos de cuatro equipos de aire acondicionado y habitualmente mantenemos dos funcionando durante la noche. Con este patrón de utilización, la batería suele agotarse aproximadamente hacia las 22:00, momento en el que comenzamos a importar electricidad de la red hasta que vuelve a haber producción solar suficiente a la mañana siguiente.
Precisamente esta experiencia nos ha llevado a plantearnos duplicar la capacidad de almacenamiento hasta los 18 kWh. La instalación genera excedentes durante bastantes horas, mientras que por la noche seguimos dependiendo de la red. Nos interesa estudiar cuánto podríamos desplazar de ese consumo nocturno mediante una segunda batería y si la ampliación resulta económicamente razonable.
Pero probablemente la parte más interesante del proyecto está siendo la monitorización.
Aunque Sigenergy dispone de su propia aplicación y plataforma de supervisión, desde el principio queríamos evitar depender exclusivamente de servicios en la nube. Si se caen los servidores, no me interesaba quedarme ciego. Nuestra intención era disponer de acceso directo a los datos del inversor, almacenarlos localmente y utilizarlos posteriormente para desarrollar nuestras propias herramientas de análisis y automatización.
Para ello tendimos un cable Ethernet Cat 6 desde el inversor hasta nuestra red doméstica. El equipo permite comunicaciones mediante Modbus TCP, a través del puerto 502, por lo que podemos consultar directamente las variables de funcionamiento sin necesidad de pasar por los servidores del fabricante.
Como plataforma de adquisición estamos utilizando un pequeño Zotac ZBOX CI331 Nano, equipado con un procesador Intel Celeron N5100, 8 GB de RAM y Debian 13. Es un ordenador de muy bajo consumo que hemos destinado a funcionar permanentemente como servidor doméstico, dentro de un proyecto más amplio.
Sobre este equipo hemos desarrollado y puesto en funcionamiento un colector de datos Modbus, que consulta el inversor cada 15 segundos y registra las mediciones en una base de datos SQLite. El proceso se ejecuta como un servicio de systemd, de manera que arranca automáticamente con el sistema y continúa funcionando aunque apaguemos los ordenadores desde los que lo administramos.
En las primeras pruebas ya conseguimos registrar producción fotovoltaica, consumo de la vivienda, intercambio energético con la red y estado de carga de la batería. También detectamos alguna discrepancia en las lecturas que tendremos que terminar de validar, algo que forma parte del proceso de desarrollar una solución propia.
La ventaja fundamental es que la adquisición y el almacenamiento de los datos ya no dependen de Internet ni de la nube de Sigenergy como os dije. Mientras el inversor y nuestro servidor estén comunicados por la red local, podemos continuar recogiendo información y construyendo nuestro propio histórico energético. Naturalmente, esto no significa que toda la instalación sea independiente de Internet, sino que hemos conseguido independizar esa función concreta de monitorización.
El siguiente paso será integrar estos datos en herramientas como Home Assistant y Node-RED, construir gráficos históricos y analizar con mayor precisión nuestros perfiles de generación, consumo, almacenamiento e importación de energía. También queremos incorporar pogre otros consumos de la vivienda, como los equipos de climatización, el termo eléctrico y distintos circuitos del cuadro.
A medio plazo, nuestra intención es que el sistema no se limite a mostrar lo que ocurre, sino que pueda ayudarnos a tomar decisiones: cuándo conviene activar determinadas cargas, cuánta energía reservar para la noche, cómo aprovechar mejor los excedentes y qué autonomía real tenemos ante una interrupción del suministro. Ahora mismo consulto la red y enciendo los aires acondicionados a tope y el calentador a distancia cuando veo que la batería está llena y prefiero preacondicionar la casa aunque no estemos que verter, pero como digo, la idea es automatizarlo DENTRO de la red local, estoy trabajando en la configuración de los módulos wifi de los equipos de AA.
Además, seguimos trabajando en extender el respaldo eléctrico al garaje, donde tenemos cargas críticas, como un arcón congelador (remanente de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo), que actualmente no están incluidas en los circuitos protegidos, pero es un tema del diseño viejo de la instalación (llevo actualizándola años).
En definitiva, lo que comenzó siendo una instalación fotovoltaica doméstica relativamente convencional está evolucionando hacia un pequeño sistema de gestión energética local. La parte comercial de la instalación funciona, pero estamos construyendo encima nuestra propia capa de adquisición, almacenamiento y, en el futuro, control.
La filosofía es sencilla: aprovechar las capacidades del equipo que hemos comprado, mantener los datos bajo nuestro control y evitar que una funcionalidad esencial dependa obligatoriamente de un servicio externo.
Todavía queda bastante trabajo, pero precisamente ahí está buena parte del atractivo del proyecto, la parte informática se la debo a echarle horas a ChatGPT y códex.
Los posts de @calabaza verde al respecto me animaron a escribir este ladrillazo.
De momento he bajado las facturas en más del 60% los comerciales me contaban sobre amortizaciones fantásticas, pero mi objetivo siempre ha sido la “degradación elegante” en caso de cisne […].
Hace unos meses mi mujer y yo decidimos instalar un sistema fotovoltaico en casa con un objetivo que iba más allá de reducir la factura eléctrica: queríamos aumentar nuestra autonomía energética, disponer de almacenamiento y contar con una instalación que pudiéramos supervisar y gestionar nosotros mismos, pero después de ver el lío que supone legalizar una instalación “casera”, acabamos pasando por el aro de instalador profesional para acogernos a las subvenciones de la UE, reducción en IBI, certificación energética, deducción del IRPF etc.
Finalmente montamos 10 paneles JA Solar de 535 Wp, con una potencia fotovoltaica total de 5,35 kWp, conectados a un inversor monofásico Sigenergy de 5 kW, acompañado de una batería SigenStor de 9 kWh y un sistema de respaldo para mantener alimentados determinados circuitos de la vivienda ante un corte de suministro. Para mí lo más importante era la capacidad de seguir funcionando en caso de apagón, y no depender de la sincronización de red.
La experiencia hasta ahora está siendo bastante satisfactoria. Como sabéis vivo en Tenerife, donde las condiciones de irradiación solar son especialmente favorables, y hemos comprobado que en días normales la batería puede estar completamente cargada hacia el mediodía. A partir de ese momento, una vez cubierto el consumo de la vivienda, comenzamos a exportar los excedentes a la red, cosa que no me gusta nada porque la compensación es muy baja.
Durante la tarde y las primeras horas de la noche utilizamos la energía almacenada. Nuestra vivienda tiene un consumo relativamente elevado, especialmente por la climatización. Disponemos de cuatro equipos de aire acondicionado y habitualmente mantenemos dos funcionando durante la noche. Con este patrón de utilización, la batería suele agotarse aproximadamente hacia las 22:00, momento en el que comenzamos a importar electricidad de la red hasta que vuelve a haber producción solar suficiente a la mañana siguiente.
Precisamente esta experiencia nos ha llevado a plantearnos duplicar la capacidad de almacenamiento hasta los 18 kWh. La instalación genera excedentes durante bastantes horas, mientras que por la noche seguimos dependiendo de la red. Nos interesa estudiar cuánto podríamos desplazar de ese consumo nocturno mediante una segunda batería y si la ampliación resulta económicamente razonable.
Pero probablemente la parte más interesante del proyecto está siendo la monitorización.
Aunque Sigenergy dispone de su propia aplicación y plataforma de supervisión, desde el principio queríamos evitar depender exclusivamente de servicios en la nube. Si se caen los servidores, no me interesaba quedarme ciego. Nuestra intención era disponer de acceso directo a los datos del inversor, almacenarlos localmente y utilizarlos posteriormente para desarrollar nuestras propias herramientas de análisis y automatización.
Para ello tendimos un cable Ethernet Cat 6 desde el inversor hasta nuestra red doméstica. El equipo permite comunicaciones mediante Modbus TCP, a través del puerto 502, por lo que podemos consultar directamente las variables de funcionamiento sin necesidad de pasar por los servidores del fabricante.
Como plataforma de adquisición estamos utilizando un pequeño Zotac ZBOX CI331 Nano, equipado con un procesador Intel Celeron N5100, 8 GB de RAM y Debian 13. Es un ordenador de muy bajo consumo que hemos destinado a funcionar permanentemente como servidor doméstico, dentro de un proyecto más amplio.
Sobre este equipo hemos desarrollado y puesto en funcionamiento un colector de datos Modbus, que consulta el inversor cada 15 segundos y registra las mediciones en una base de datos SQLite. El proceso se ejecuta como un servicio de systemd, de manera que arranca automáticamente con el sistema y continúa funcionando aunque apaguemos los ordenadores desde los que lo administramos.
En las primeras pruebas ya conseguimos registrar producción fotovoltaica, consumo de la vivienda, intercambio energético con la red y estado de carga de la batería. También detectamos alguna discrepancia en las lecturas que tendremos que terminar de validar, algo que forma parte del proceso de desarrollar una solución propia.
La ventaja fundamental es que la adquisición y el almacenamiento de los datos ya no dependen de Internet ni de la nube de Sigenergy como os dije. Mientras el inversor y nuestro servidor estén comunicados por la red local, podemos continuar recogiendo información y construyendo nuestro propio histórico energético. Naturalmente, esto no significa que toda la instalación sea independiente de Internet, sino que hemos conseguido independizar esa función concreta de monitorización.
El siguiente paso será integrar estos datos en herramientas como Home Assistant y Node-RED, construir gráficos históricos y analizar con mayor precisión nuestros perfiles de generación, consumo, almacenamiento e importación de energía. También queremos incorporar pogre otros consumos de la vivienda, como los equipos de climatización, el termo eléctrico y distintos circuitos del cuadro.
A medio plazo, nuestra intención es que el sistema no se limite a mostrar lo que ocurre, sino que pueda ayudarnos a tomar decisiones: cuándo conviene activar determinadas cargas, cuánta energía reservar para la noche, cómo aprovechar mejor los excedentes y qué autonomía real tenemos ante una interrupción del suministro. Ahora mismo consulto la red y enciendo los aires acondicionados a tope y el calentador a distancia cuando veo que la batería está llena y prefiero preacondicionar la casa aunque no estemos que verter, pero como digo, la idea es automatizarlo DENTRO de la red local, estoy trabajando en la configuración de los módulos wifi de los equipos de AA.
Además, seguimos trabajando en extender el respaldo eléctrico al garaje, donde tenemos cargas críticas, como un arcón congelador (remanente de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo), que actualmente no están incluidas en los circuitos protegidos, pero es un tema del diseño viejo de la instalación (llevo actualizándola años).
En definitiva, lo que comenzó siendo una instalación fotovoltaica doméstica relativamente convencional está evolucionando hacia un pequeño sistema de gestión energética local. La parte comercial de la instalación funciona, pero estamos construyendo encima nuestra propia capa de adquisición, almacenamiento y, en el futuro, control.
La filosofía es sencilla: aprovechar las capacidades del equipo que hemos comprado, mantener los datos bajo nuestro control y evitar que una funcionalidad esencial dependa obligatoriamente de un servicio externo.
Todavía queda bastante trabajo, pero precisamente ahí está buena parte del atractivo del proyecto, la parte informática se la debo a echarle horas a ChatGPT y códex.
Los posts de @calabaza verde al respecto me animaron a escribir este ladrillazo.
De momento he bajado las facturas en más del 60% los comerciales me contaban sobre amortizaciones fantásticas, pero mi objetivo siempre ha sido la “degradación elegante” en caso de cisne […].
