Correos se hunde en el auge del comercio online: 1.160 millones en pérdidas
Un cartero recorre 30 kilómetros de carretera comarcal para entregar una notificación en una aldea. El remitente paga poco más de un euro por el sello. A Correos ese viaje le cuesta bastante más. Esa es la fotografía exacta del problema: la empresa pública acumula
1.160 millones de euros en pérdidas en cinco años mientras el comercio electrónico español crecía un
20,6% hasta rozar los
115.000 millones de euros. El operador público movió en 2025 apenas
1.060 millones de envíos, el mínimo de su serie histórica y un
76% menos que a principios de la década pasada. La paradoja no es un accidente: es el resultado de un modelo de negocio que se desmorona, una gestión cuestionada y un Estado que pone cada año la diferencia.
El negocio que se desangra: la carta muere y el paquete no la sustituye
El desplome tiene dos causas que se retroalimentan. La primera es estructural. La carta era un negocio de volumen en el que cada ruta concentraba muchos envíos y el coste del reparto se diluía entre todos ellos. El paquete exige furgonetas más grandes, más combustible y más personal. La segunda es la guerra de precios. En el mercado de la paquetería, Correos compite con Amazon, DHL o Seur, gigantes que estrechan los márgenes hasta el límite. Resultado: en pleno auge del comercio electrónico, la paquetería apenas supone el
40% de la facturación de Correos, 837 millones el año pasado, una cifra que no basta para sostener una red de más de
8.000 oficinas y puntos de atención rural y una plantilla que supera las
46.000 personas.
La empresa ha multiplicado por más de 60 su deuda, que ya roza los
1.000 millones de euros, y se ha quedado con casi
8.600 trabajadores menos. Cuando por fin volvió a ganar dinero, en 2025, fue gracias a las arcas públicas: sin las compensaciones del Estado, el beneficio de
11,2 millones habría sido un agujero de cientos de millones. El Servicio Postal Universal (SPU) obliga a Correos a llegar a cualquier rincón del país cinco días a la semana y a precios asequibles. En 2025, esa compensación alcanzó los
334,5 millones de euros, engordada por 109 millones de atrasos que la CNMC reconoció de golpe. A eso se suman otros
55,9 millones por hacer de ventanilla de la Administración y de banco en la España vaciada, y
200 millones de capital de la SEPI el año pasado, más avales para sostener la deuda.
La gestión: de la esperanza de 2019 al peor ejercicio de la historia
En 2018, tras la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa, asumió la presidencia de Correos
Juan Manuel Serrano, que había sido su jefe de gabinete cuando Sánchez era secretario general del PSOE. Sin experiencia previa en logística y con el encargo de modernizar la compañía, apostó por un giro radical hacia la paquetería. En 2019, la empresa ganó
13,4 millones de euros, su primer beneficio tras cuatro años en números rojos. Fue un espejismo. La pandemia y las iniciativas comerciales fallidas abrieron una vía de agua de más de
700 millones en pérdidas hasta 2023, que la dirección tapó a golpe de crédito. El patrimonio neto se redujo casi a la mitad y la deuda bancaria, que partía de apenas 15 millones, se disparó y siguió creciendo tras su salida hasta superar los
950 millones.
Para buscar ingresos lejos del buzón, Serrano apostó por dos aventuras. Correos Cargo iba a fletar aviones de carga desde Asia con Iberojet, la aerolínea de Ávoris, a la que la SEPI había rescatado meses antes con 320 millones. Se canceló antes de tiempo y acabó en los tribunales, con demandas cruzadas de hasta
57 millones. Correos Telecom quiso vender móvil y fibra a particulares, pero apenas encontró clientes y cerró en 2024. Cuando Serrano salió, a finales de 2023, los sindicatos CCOO y UGT hablaron de «pésima gestión» e «impericia», y de un agujero de 1.200 millones. Su etapa tiene ahora también un frente judicial: el juez Santiago Pedraz le imputó el pasado julio en el caso Leire Díez, después de que la UCO le atribuyera un papel preeminente en la presunta trama.
El relevo no cerró la herida. En diciembre de 2023 llegó a la presidencia
Pedro Saura, ex diputado socialista, que heredó una compañía con la deuda desbocada y un profundo deterioro operativo. Tras meses de negociación, pactó con la SEPI y los sindicatos mayoritarios un Acuerdo Marco y un Plan Estratégico 2024-2028. Pero su primer ejercicio completo fue el peor de la historia de Correos. En 2024, la empresa perdió
94 millones de euros por su actividad, a los que se sumaron
427,9 millones para financiar un plan de salidas voluntarias hasta 2028. El resultado neto cerró con
458,5 millones de euros en números rojos.
El colapso operativo: lo que cuentan quienes usan Correos a diario
Más allá de los balances, la conversación pública sobre Correos se llena de experiencias concretas que dibujan un servicio deteriorado. Hay quejas recurrentes sobre entregas que se marcan como «ausente en el domicilio» sin que el cartero haya llamado, sobre la medición y pesaje de sobres y paquetes con criterios que obligan a rectificar el coste del envío por 50 gramos de más, y sobre la ausencia de taquillas automáticas en muchas zonas. La empresa sí dispone de Citypaq, su red de taquillas, pero los usuarios señalan fallos: paquetes que se pierden dentro de la taquilla, códigos de recogida que no abren nada y recogidas que acaban derivando a la oficina una semana después. El horario de las oficinas, de lunes a viernes y solo por la mañana en muchas localidades, es otra de las fricciones más citadas.
La paradoja se agranda con el contexto: mientras Correos pierde envíos y personal, el comercio electrónico no deja de crecer. El gran beneficiado no ha sido el operador público, sino las grandes empresas privadas de paquetería. Y el coste de esa brecha lo cubre el presupuesto público año tras año. Nada de esto es irregular; como en buena parte de Europa, el Estado paga por su servicio postal. Pero el dato desnuda el balance: una empresa que, sin dinero público, estaría quebrada.