El vídeo del 88 divide al hilo: música anglo contra español
Cuelgan el vídeo y el hilo deja de discutir precios en cuatro mensajes.
Un forero asegura que todo lo que suena en esa pista es anglosajón y de ahí salta a una pregunta más larga: quién controlaba los medios entonces y quién los controla ahora. Otro contesta que no se ha tragado el vídeo entero, pero que en esa misma pista habría encajado cualquier grupo español sin desentonar. La pelea por una pista de baile de hace casi cuarenta años se lleva media docena de mensajes del tramo.
Qué se ha sabido
El vídeo es lo único nuevo que entra al hilo, y entra para abrir otro frente. Un participante sostiene que el repertorio es íntegramente anglosajón y saca de ahí una conclusión política: que eso no era casualidad, sino consecuencia de quién controlaba la televisión y el cine. No aporta ninguna prueba, y el que le responde no le discute el dato, le discute la conclusión: en esa pista cabía cualquier grupo español de la época sin desentonar. Nadie ha traído una lista de temas. La disputa se queda en impresiones, en oído y en quién recuerda más.
Fuera de la música, el tramo añade tres cosas. La primera: que aquello no era cosa de una noche. Un forero corrige el marco y dice que no, que Nochevieja solo no, que eso era
todos los findes, y concreta que se iba al puerto o al sur. Otro lo respalda: era lo que se hacía cada fin de semana, y los jóvenes de ahora fliparían con lo de antes. La segunda es la crisis. Un mensaje la señala como el momento en que se rompió todo, sin fecha y sin desarrollo. Y la tercera es un vaticinio: otro participante da por hecho que alguna discoteca seguirá montando fiestas así, como se siguen montando cruceros ochenteros y tardes de música remember, y lo atribuye a la quinta que las vivió. Sin nombre de local y sin plazo.
El hilo también tiene ratos de confesionario. Uno dice que nos lo han robado todo y lo repite en mayúsculas. Otro se limita a constatar que nos lo pasábamos bien. Y uno más suelta que no todo puede ir a mejor ni a peor, y menos a gusto de cada uno. Ahí se acaba el material nuevo: el resto del tramo son respuestas cortas, algún chiste suelto y una tanda de mensajes de añoranza pura.
Dónde está la bronca
Dos frentes. El primero es musical y tiene nombres propios. Uno afirma que el oído no le falla y que todo lo que sale es anglo. Cuando le contestan, responde que
casualmente no suena ningún grupo español y remata preguntando qué películas se veían entonces en la tele y en el cine. El otro replica que de toda anglo nada y le reta a que nombre un solo tema español que hubiera sonado bien ahí. Un tercero mete por medio la formación: sin tener claro un referente básico no se puede discutir esto. Sin lista de temas, gana el que grita más.
El segundo frente es más incómodo. Dos o tres mensajes mezclan la nostalgia con el rechazo a los que llegaron después: apuntan a la población migrante, a las mujeres y a una supuesta gente normal de antes, sin aportar un solo dato. Nadie les sigue el rollo. Dos mensajes y el hilo vuelve a los precios y a la música. Ni la bronca les dura.
Y en medio, un disidente solitario. Dice que estaba flojo. No desarrolla. Nadie le contesta.
Cómo se ve el vídeo hoy
Los que tenían dieciocho años en 1988 lo ven y se reconocen. Los que no habían nacido lo ven desde fuera. Un mensaje lo resume: es como ver otra civilización. Otro se fija en los bailes: bailan como zombies salidos de la noche de los muertos vivientes. Y un tercero se queja directamente de haber llegado tarde, de haber nacido en 2002. No hay acuerdo sobre si eso es nostalgia o simple curiosidad.
Qué cambia respecto a antes
Que el hilo ya no va de dinero. Va de quién elegía lo que sonaba. La comparación de precios queda de fondo, como un dato que todo el mundo da por bueno y no discute. Entra material nuevo, el vídeo, y entra una excusa nueva, la crisis. Y aparece un grupo que no había hablado: los que llegaron después, que escriben para decir que ver eso hoy es como ver otra civilización.
El tono va a dos velocidades. Media docena de mensajes son pura añoranza, sin más: «dan ganas de llorar», «nos lo pasábamos bien». Y tres o cuatro son peleas de verdad, con dos posturas y ninguna dispuesta a ceder. Cuarenta mensajes después sigue sin saberse si la fiesta era mejor o si simplemente había menos años encima. La réplica más serena la deja uno: no todo puede ir a mejor, no todo puede ir a peor y menos a nuestro gusto.