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Alberto Núñez Feijóo sostiene que la decisión de formar un Gobierno de coalición con Vox no depende de él y que su oferta preferida es un Ejecutivo en solitario del PP con mayoría suficiente en Congreso y Senado. A la vez, admite que aceptará el resultado de las urnas y detalla las líneas rojas que aplicaría en cualquier negociación.
Alberto Núñez Feijóo sostiene que la decisión de formar un Gobierno de coalición con Vox no depende de él y que su oferta preferida es un Ejecutivo en solitario del PP con mayoría suficiente en Congreso y Senado. A la vez, admite que aceptará el resultado de las urnas y detalla las líneas rojas que aplicaría en cualquier negociación.
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, llega a la cita electoral del 29 de noviembre con las encuestas a favor y con una pregunta incómoda encima de la mesa: si los números no le dan una mayoría suficiente, tendrá que entenderse con Vox. En una entrevista concedida en la sede del partido en la calle de Génova de Madrid, el candidato popular no cierra la puerta a una coalición, pero tampoco la abre. Su fórmula preferida es otra: un Gobierno en solitario del PP, con una mayoría cómoda en el Congreso y en el Senado, y acuerdos de apoyo parlamentario con la tercera fuerza del país.
Feijóo tiene 65 años y presidió la Xunta de Galicia entre abril de 2009 y mayo de 2022. Es un político veterano y lo sabe. Por eso, cuando se le pregunta si pediría la abstención del PSOE para gobernar sin Vox, la respuesta es un no rotundo, casi una mueca: «¿Al PSOE de Sánchez? Sí, hombre. Mi grado de ingenuidad, a mi edad y con mi experiencia, no me lo permiten». La frase resume bien el tono de la conversación: nada de paños calientes, pero tampoco de promesas que luego haya que desdecir.
La tesis central de Feijóo es que España necesita un presidente con mayoría suficiente en las Cortes para gobernar solo. «Para hacer lo que hay que hacer, y hay que hacerlo bien y rápido, España necesita un presidente que tenga en las Cortes una mayoría suficiente para gobernar en solitario», afirma. Es una manera de decir que su oferta política no incluye, de entrada, un reparto de poder con Vox. Y añade que su objetivo es «tener una mayoría suficiente en el Congreso y en el Senado y tener acuerdos de apoyo parlamentario con la tercera fuerza política, que es Vox».
Ahora bien, cuando se le pregunta si estaría dispuesto a ceder a Vox algún ministerio de Estado —Interior, Exteriores o Defensa—, la respuesta es ambigua: «Hacer o no una coalición de Gobierno no depende de mí». Y apostilla que en sus conversaciones con el líder de Vox, Santiago Abascal, este nunca sacó el tema de los ministerios. «Nunca, y cuando digo nunca es nunca, habló de vicepresidencias ni de ministerios», sostiene. La frase tiene truco: no dice que no vaya a ocurrir, dice que no se ha hablado. Y en política, lo que no se ha hablado todavía se puede hablar.
Feijóo insiste en que aceptará el resultado de las urnas «como no puede ser de otra forma». Y recuerda que el PP ya gobierna en cuatro comunidades con Vox —Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía— después de ganar «contundentemente» las elecciones. «Yo no voy a renegar de lo que ha hecho mi partido», dice. Eso sí, con un marco de negociación claro, acuerdos claros y líneas rojas claras. La pregunta es qué pasa si Vox no acepta esas líneas rojas. Ahí no entra.
Las condiciones que Feijóo pone sobre la mesa son tres. La primera, obvia pero no por ello menos necesaria: nada fuera de la Constitución. «Ya sé que decir que no puede haber pactos fuera de la Constitución es una obviedad», admite. Pero añade que la legislatura que ahora termina se ha forjado con acuerdos «fuera de la Constitución», en referencia a la amnistía y al pacto con Bildu. La segunda línea roja es el autonomismo. «Nosotros somos un partido autonomista; Vox no lo es», afirma. Y avisa de que no aceptará recentralizar: «Vamos a ganar presencia política y del Estado allá donde se ha retirado: en Cataluña, País Vasco, Navarra». La tercera es la política de igualdad y derechos, que dice que está «muy consolidada» dentro del PP.
El asunto de la «prioridad nacional» que exige Vox también sale en la conversación. Feijóo asegura que ya han pactado el contenido de esa prioridad y que no es la que plantea Vox. «La prioridad nacional se basa en el arraigo, no en la nacionalidad, y en el respeto a la Constitución y a los tratados europeos», explica. Y pone un ejemplo práctico: en los servicios públicos, cuando la demanda supera a la oferta, se establecen criterios como años de censo o residencia legal. «Se pedirán determinados años de censo, una residencia oficial legal», dice. Cuando se le pregunta si eso no es diferenciar por nacionalidad, responde que no, que «esto está escrito y publicado». Y cuando se le pregunta si el concepto de prioridad nacional no es xenófobo, se defiende: «Yo no tengo por qué defenderme de lo que no somos ni hemos sido nunca». Recuerda que el PP preside Ceuta y Melilla, donde «el 50% de la población de Ceuta es musulmana, pero son españoles». La respuesta es hábil, pero esquiva el fondo: el concepto de prioridad nacional, tal como lo formula Vox, viene de la extrema derecha francesa y consiste en preferir a los nacionales sobre los extranjeros. Feijóo no entra ahí.
En inmigración, Feijóo mantiene la asistencia sanitaria para quienes residen legalmente en España y unas «prestaciones básicas» para quienes están de forma irregular, limitadas a urgencias y emergencias vitales. «Y hasta ahí le puedo decir», añade. Cuando se le recuerda que ahora hay sanidad universal también para los irregulares, con acceso al médico de cabecera, responde con una pirueta: «Es que hay tanta lista de espera... Si usted tarda 20 días en ver a un médico de primaria, ¿le dicen que hay una asistencia sanitaria universal? Sí, pero no le atienden». Es una forma de decir que la universalidad es teórica porque el sistema no da abasto. No aclara si su Gobierno limitaría ese acceso.
En pensiones, Feijóo se muestra cauteloso. Dice que no sabe por qué este tema entra en campaña, aunque lo metió su propio portavoz al decir que el sistema iba a colapsar. Él atribuye la advertencia a la AIReF y al ministro Carlos Cuerpo, que señaló que el acuerdo de pensiones prevé incrementar las cotizaciones y ampliar la edad de jubilación. Su propuesta es actualizar las pensiones con el IPC y convocar el Pacto de Toledo, a los sindicatos, a la patronal y a los partidos para «viabilizar y garantizar el sistema público». Sobre retrasar la edad de jubilación, dice que el periodo transitorio hasta los 67 años le parece «bastante razonable» y que también le parece razonable compatibilizar el trabajo con una parte de la pensión.
En vivienda, promete derogar los decretos del Gobierno. «No cambio de opinión; he votado en contra», afirma. Y asegura que esos decretos perjudican a inquilinos y propietarios, y que se está reduciendo el número de viviendas en alquiler. No cita cifras concretas para respaldar esa afirmación.
Feijóo quiere revisar la ley del aborto para que las menores de 16 y 17 años tengan que informar a sus padres. Pero cuando se le pregunta qué pasa si los padres no quieren que la menor aborte, matiza: «Yo he hablado de conocimiento, no de consentimiento». Y añade que en los supuestos de incesto o abusos familiares no se puede comunicar a los padres, según le han trasladado asociaciones feministas. En el resto, dice, «es un debate que se puede dar». Sobre el resto de la ley, se remite a lo que ya ha escrito: garantizar una buena prestación sanitaria a las mujeres que quieren interrumpir su embarazo y ayudar a las que tienen dudas.
En violencia machista, Feijóo prefiere la expresión «violencia machista» frente al eufemismo de «violencia intrafamiliar» que usa Vox. «Hay mucha gente en los cementerios asesinada a manos de sus maridos, de sus parejas, de sus exparejas. Hay miles de huérfanos», dice. Y critica al Gobierno: «Las pulseras antimaltrato no han funcionado, la ley del solo sí es sí ha sido un disparate». La frase «soy feminista porque soy socialista», añade, «ya ha pasado».
Sobre la censura en la cultura, Feijóo se muestra ambiguo. Dice que la cultura ha de ser «reivindicativa, libre» y que si alguien quiere hacer una película sobre los años de plomo de ETA y no recibe ayuda pública, eso es censura. Pero también dice que financiar con fondos públicos «planteamientos ideológicos sectarios, partidistas y excluyentes» no le parece mal. Y reconoce que no ha visto un caso concreto en Castilla y León sobre el que pronunciarse.
Feijóo celebra el retroceso de los republicanos de Trump en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. «Ha sido tan contundente la respuesta de los ciudadanos norteamericanos que no creo que la mayoría esté equivocada», dice. Pero cuando se le pregunta si al PP le cuesta criticar a Trump, responde que lo que le cuesta es «faltarle al respeto», porque hacerlo es un error. «Discrepar y no rendirle pleitesía a Trump, por supuesto», añade. No está de acuerdo con sus políticas arancelarias ni con «determinadas decisiones geopolíticas», pero no dice que Estados Unidos sea «el demonio» cuando gobierna uno u otro.
Sobre el gasto en defensa, Feijóo no se compromete con el 5% que exige Trump (3,5% en gasto militar y 1,5% en seguridad). «Cuando haga la auditoría de las cuentas públicas le podré contestar», dice. Y añade: «Si no puedo gastar el 3,5%, tendré que aplazar esas decisiones, porque yo no voy a gastar lo que no tengo ni voy a recortar los servicios públicos esenciales». Cuenta que habló con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, y que este se quedó extrañado al saber que en España no se presentan las cuentas anuales.
El asunto de Javier Milei y Isabel Díaz Ayuso también sale. Feijóo se distancia del lenguaje del presidente argentino, pero no comparte que se suspendan relaciones diplomáticas por sus críticas. «¿Usted cree que es una reacción adecuada y proporcionada suspender relaciones con Argentina?», pregunta. Y añade: «No estoy disculpando ni comparto el lenguaje de Milei, pero lo que no haré, si un presidente me critica en un acto político de otro partido, es suspender las relaciones diplomáticas con ese país». Sobre la compra de un ático de seis millones de euros por parte de un ministerio para uso residencial, dice que Patrimonio tiene que explicar «cómo ha comprado un inmueble que no está claro si se podía dedicar o no a oficina administrativa». No aclara si él lo permitiría.
Feijóo critica la dimisión de Óscar Puente tras el accidente de tren, pero no aplica el mismo criterio a Carlos Mazón por la dana de Valencia, que causó 234 muertos. Cuando se le pregunta por qué no pidió a Mazón que dimitiera antes, responde con una comparación: la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil es competencia del Estado, y si una presa revienta sin información, ¿cuál es su responsabilidad? La respuesta es una forma de escurrir el bulto. Mazón tardó un año en dimitir, y Feijóo dice que «ha pagado un precio político importante». Sobre si lo mantendrá en las listas del PP, no se moja: «Hablaremos».
Sobre la corrupción en el PP, Feijóo se defiende: «He estado 14 años en un Gobierno y cuatro años presidiendo el organismo con más presupuesto del Estado y no he tenido un solo caso de corrupción». Y añade: «Si pillo a alguien, me lo cargo; me lo cargo esa mañana». Es una frase contundente, pero no responde a la pregunta de por qué un votante debería creer que no habrá corrupción en su Gobierno.
En inmigración, Feijóo critica la gestión del Gobierno en la entrada masiva de migrantes en Ceuta en 2021. «Entraron 15.000 personas, y desde entonces hemos tenido tiempo, ¿no? ¡Han pasado cinco años!», dice. Y acusa al Gobierno de «negligencia en inmigración y en la protección de nuestras fronteras». Sobre Marruecos, dice que no es enemigo, pero que «la integridad territorial de España yo no la negocio». Y promete desclasificar toda la información del CNI y entregársela a la jueza.
Feijóo dice que lo que le quita el sueño es «no estar a la altura de mi país». «Tener la suficiente fortaleza, la suficiente información y el acierto para no defraudar a mi país», añade. Es una respuesta de manual, pero también una confesión: el candidato sabe que se juega mucho. Y que, si gana, la pregunta sobre Vox no va a desaparecer. Él insiste en que la coalición «no depende de mí». Pero en política, cuando alguien dice que algo no depende de él, a veces es porque depende de todos.
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estoy de acuerdo.menudo error, le va a regalar la victoria al rival
Quien mejor que la Sra. Ayuso para llevar nuestra gestión pública y nuestro dinero público. Nuestras familias están seguras bajo su mandato.Creo que a esa foto le faltan los colmillos chorreando sangre para terminar de ser la foto manipulada que pretende ser.