A seis semanas de las elecciones generales, la sede de Correos que gestiona el voto se encamina a una huelga indefinida. Los trabajadores de la sede central de la compañía, en la calle Conde de Peñalver de Madrid, han iniciado este lunes una escalada de protestas contra la supresión del teletrabajo decidida por la dirección de Pedro Saura. El Sindicato Libre de Correos y Telecomunicaciones, que se presenta como el mayoritario en la Comunidad de Madris, ha convocado paros parciales cada día desde las 13:00 hasta el viernes, tres jornadas de huelga el 27, 28 y 29 de octubre y una huelga indefinida a partir del 3 de noviembre.
El calendario de movilizaciones se superpone de lleno con el electoral. La huelga indefinida arrancaría justo antes de que la Oficina del Censo Electoral empiece a enviar la documentación a los electores, el 9 de noviembre, y se mantendría durante la campaña, que comienza el 13 de noviembre, y durante el plazo de depósito del voto, que termina el 25.
La primera señal de alarma ha llegado antes incluso de que empezaran los paros. Este lunes por la mañana, una caída general del sistema informático paralizó las oficinas de Correos en toda España, donde solo se podían recoger paquetes, lo que impidió tramitar las solicitudes de voto por correo. Según fuentes sindicales, nadie atendió la incidencia hasta que la plantilla se incorporó a las 8:00, y el servicio no empezó a recuperarse, de forma parcial, hasta las 10:00. Si el sistema vuelve a fallar en plena fase de envío y depósito de votos, advierten estas fuentes, "se puede liar la mundial".
El sindicato relaciona el fallo con el conflicto, aunque descarta cualquier sabotaje. Según su versión, buena parte del personal de tecnología aceptó salarios por debajo de mercado a cambio de poder teletrabajar y cubría de manera informal guardias nocturnas y de fin de semana. Con el fin del teletrabajo, ese apoyo ha desaparecido, y la preocupación se centra ahora en la estabilidad de Iris, el sistema con el que se tramita el voto por correo.
Según fuentes sindicales, el detonante del conflicto fue una visita del presidente a las oficinas. Al encontrarlas vacías, entendió que la plantilla no estaba trabajando, cuando en realidad lo hacía en remoto. A finales de junio, la empresa decidió eliminar el teletrabajo de forma unilateral.
El sindicato denuncia que, seis años después de su implantación, el teletrabajo sigue sin estar regulado en Correos. Aseguran además que en la sede no existe control horario, lo que impide a los empleados acreditar el trabajo realizado desde casa. Hasta ahora, la plantilla teletrabajaba tres días y medio a la semana, y muchos empleados se instalaron fuera de Madrid, en otras provincias e incluso en las islas, convencidos de que el modelo era permanente. Varios trabajadores ya han llevado el conflicto a los tribunales a título individual.
Los convocantes insisten en que la protesta es "puramente laboral" y recuerdan que el calendario de movilizaciones se aprobó en asamblea antes de que se convocaran las elecciones. Pero la coincidencia sitúa de nuevo a Correos en el foco en un asunto especialmente sensible. Tras las generales de 2023, la empresa ya tuvo que defender públicamente los procedimientos de custodia del voto por correo en medio de la polémica.
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El calendario de movilizaciones se superpone de lleno con el electoral. La huelga indefinida arrancaría justo antes de que la Oficina del Censo Electoral empiece a enviar la documentación a los electores, el 9 de noviembre, y se mantendría durante la campaña, que comienza el 13 de noviembre, y durante el plazo de depósito del voto, que termina el 25.
La primera señal de alarma ha llegado antes incluso de que empezaran los paros. Este lunes por la mañana, una caída general del sistema informático paralizó las oficinas de Correos en toda España, donde solo se podían recoger paquetes, lo que impidió tramitar las solicitudes de voto por correo. Según fuentes sindicales, nadie atendió la incidencia hasta que la plantilla se incorporó a las 8:00, y el servicio no empezó a recuperarse, de forma parcial, hasta las 10:00. Si el sistema vuelve a fallar en plena fase de envío y depósito de votos, advierten estas fuentes, "se puede liar la mundial".
El sindicato relaciona el fallo con el conflicto, aunque descarta cualquier sabotaje. Según su versión, buena parte del personal de tecnología aceptó salarios por debajo de mercado a cambio de poder teletrabajar y cubría de manera informal guardias nocturnas y de fin de semana. Con el fin del teletrabajo, ese apoyo ha desaparecido, y la preocupación se centra ahora en la estabilidad de Iris, el sistema con el que se tramita el voto por correo.
Según fuentes sindicales, el detonante del conflicto fue una visita del presidente a las oficinas. Al encontrarlas vacías, entendió que la plantilla no estaba trabajando, cuando en realidad lo hacía en remoto. A finales de junio, la empresa decidió eliminar el teletrabajo de forma unilateral.
El sindicato denuncia que, seis años después de su implantación, el teletrabajo sigue sin estar regulado en Correos. Aseguran además que en la sede no existe control horario, lo que impide a los empleados acreditar el trabajo realizado desde casa. Hasta ahora, la plantilla teletrabajaba tres días y medio a la semana, y muchos empleados se instalaron fuera de Madrid, en otras provincias e incluso en las islas, convencidos de que el modelo era permanente. Varios trabajadores ya han llevado el conflicto a los tribunales a título individual.
Los convocantes insisten en que la protesta es "puramente laboral" y recuerdan que el calendario de movilizaciones se aprobó en asamblea antes de que se convocaran las elecciones. Pero la coincidencia sitúa de nuevo a Correos en el foco en un asunto especialmente sensible. Tras las generales de 2023, la empresa ya tuvo que defender públicamente los procedimientos de custodia del voto por correo en medio de la polémica.
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