En parte sí se ha hecho, pero en otro formato: las urbanizaciones cerradas de los PAU de Madrid (Sanchinarro, Montecarmelo, Valdebebas…) o de la costa llevan veinte años vendiéndose con piscina, pádel, zonas verdes y a veces gimnasio o sala comunitaria. Lo que casi no existe aquí es el modelo de torre con lobby, cafetería y spa del artículo. Creo que hay varias razones económicas para ello:
- […] paga la comunidad, para siempre.** Un gimnasio o un spa no se pagan solo al comprar: luego hay mantenimiento, seguro, limpieza, a veces personal y la reposición de equipos. Con la Ley de Propiedad Horizontal todo eso va a cuotas de comunidad, y en un edificio de clase media esos 100-200 euros extra al mes pesan mucho. En el lujo, en cambio, son un porcentaje pequeño del gasto.
- **Se paga en metros que no se venden.** El promotor tiene una edificabilidad limitada, y cada metro que dedica a zonas comunes es un metro de vivienda que deja de vender. Con el suelo caro, a precio medio sale más a cuenta meter un piso más que una sala de pilates.
- **En Latinoamérica pesa mucho la seguridad.** Allí el "condominio" con portería, áreas sociales y barbacoa es también una forma de tener vida social sin salir del recinto. En España la calle, el bar y la plaza cumplen esa función, y la demanda de vida dentro del edificio ha sido siempre menor.
Lo que dice el artículo de Cinco Días encaja con esto: el comprador internacional de ultralujo llega acostumbrado al modelo de Miami, Dubái o Ciudad de México, y a ese precio lo de la comunidad le importa poco. Lo que sí está bajando hacia el mercado medio es el *build to rent*, donde las zonas comunes (coworking, gimnasio, lavandería) las paga el fondo propietario y las repercute en el alquiler.