Daniel Guzmán: «Tengo ganas de salir corriendo del cine pues no sé si tiene sentido hacer películas»
El cineasta de 'La deuda', que abrió el Festival ARQuicines, del Colegio de Arquitectos de Cantabria cree que la crisis de la vivienda «no tiene visos de solución»
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Daniel Guzmán, en el Centro Botín donde se proyectó su película 'La deuda' y participó en un coloquio.(Roberto Ruiz)
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Rosa M. Ruiz
Santander
14/10/2026Actualizado a las 07:19h.
Daniel Guzmán (Madrid, 1973) no cree que su película 'La deuda' haya cobrado actualidad por los últimos acontecimientos relacionados con la vivienda. «Es un problema que lleva muchos años», advierte. El director, guionista y protagonista del filme inauguró en el Centro Botín el V Festival Arquicines, organizado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria (COACan) en el marco de la VII Semana de Arquitectura. Tras la proyección participó en un coloquio coordinado por el decano del Colegio, Román San Emeterio. La historia de Lucas y Antonia, amenazados con perder su hogar por la especulación inmobiliaria, conecta con el reciente desahucio de Mari Carmen y las movilizaciones que ha suscitado. Pero Guzmán también habla de la vejez, los afectos y la gloria. Y de su propio futuro, sobre el que reconoce tener muchas dudas.
–'La deuda' se estrenó hace un año, pero el desahucio de Mari Carmen y las movilizaciones posteriores le han dado una actualidad inesperada. ¿Cómo ha vivido estos acontecimientos?
–No es que esté de actualidad. La gentrificación y el problema de la vivienda llevan muchos años afectando a las grandes ciudades de Europa, Latinoamérica y del mundo. Se desplaza a los ciudadanos para especular o conseguir mayor negocio con las propiedades. Y eso entra en conflicto con el derecho a un techo que recoge la Constitución. ¿Qué tiene más valor, el derecho a una vivienda digna o la propiedad privada? Estamos en un momento de tensión absoluta que, salvo que intervenga el Estado, no tiene muchos visos de solución. Por eso la ciudadanía está en la calle reclamando algo que es un derecho.
–La historia de Lucas y Antonia que aborda en su película habla también de los vínculos afectivos y de lo que significa tener un hogar. ¿Qué quería contar más allá del problema de la vivienda?
–Quería abordar tres temas que me mueven mucho como persona. Uno es nuestra relación con los mayores. En una parte de Occidente relegamos a los ancianos a centros asistenciales, los sacamos de sus casas y pierden su arraigo porque dejamos de darles el valor que tienen en la sociedad. Parece que cuanto más mayores somos, menos valor tenemos. Otro es la gentrificación y sus efectos sobre las ciudades. Y el tercero es la gloria y cómo canalizamos el dolor cuando perdemos a alguien. Nadie nos prepara para eso. En nuestra cultura ocristianaocristianaocristianaocristiana hay mucha culpa y dolor asociados a la gloria, mientras que otras culturas están más preparadas para afrontar el duelo.
–La película también aborda la transformación de los barrios, la especulación y la perdida de identidad de las ciudades. ¿Qué perdemos cuando desaparecen los vecinos de siempre y sus formas de vida?
–Pierdes tus raíces, tus referentes, la relación con el entorno, la convivencia y la unión con tus vecinos. El ser humano necesita sentirse acompañado, arropado, compartir el día a día con los suyos. Y todo eso desaparece cuando, en un país de servicios como España, volcado al turismo y al ladrillazo, desarraigas a las personas y las expulsas de su entorno para especular con sus viviendas. Es un problema social muy complejo.
Arquitectura y urbanismo
–La película inaugura un ciclo organizado por arquitectos. ¿Qué papel deberían desempeñar la arquitectura y el urbanismo para conseguir ciudades más habitables?–Es fundamental. Pero en la balanza entre el dinero y el diseño o el desarrollo urbanístico siempre acaba ganando el dinero. Las grandes ciudades suelen crecer muy mal, con una expansión que busca abaratar la construcción y hacer cuanto más mejor. Eso acaba afectando al paisaje urbano. Cada vez tenemos menos cielo que mirar, menos parques, descampados y espacios abiertos. Y termina afectando a nuestra convivencia y a nuestra propia manera de vivir.
Otras proyecciones
- En la Filmoteca Mario Camus'[…]', de Bong Joon-ho, hoy a las 20.00 horas. 'La gran apuesta', de Adam McKay, el jueves día 22. 'Casa en llamas', de Dani de la Orden el día 25
- En el Casyc'La piel quemada', de Josep María Forn el 5 de noviembre
- Centro de Arquitectura Ricardo LorenzoAcogerá varios documentales hasta el 10 de noviembre
–Tiene que ver con la vida y con el mundo del que procedo. No entiendo la vida sin sentido del humor. El dolor, el drama y los problemas se canalizan mucho mejor con humor, que es una vía de escape y ayuda a relativizarlo todo. No hay nada más importante que la salud y tener un sitio donde descansar y vivir. Proceder del barrio y de la calle también me ha dado esa mirada de buscar el lado humano de las personas y no juzgarlas.
–Escribe, dirige y protagoniza 'La deuda'. ¿Por qué decidió interpretar también a Lucas?
–La verdad es que prefiero dirigir solamente. Producir, dirigir y actuar es un trinomio que no funciona. Pero en este caso fue una necesidad impuesta por Charo – García, la actriz que protagoniza el filme–, que era muy mayor. Teníamos dos actores finalistas después de un casting muy extenso, pero Charo sufrió una caída en la residencia y le quedaba muy poco tiempo. No podíamos esperar dos meses para ensayar con otro actor. Yo llevaba más de un mes trabajando con ella y habíamos establecido una relación emocional y personal que el equipo consideraba imposible de conseguir en tan poco tiempo. Tuve que tomar la decisión a mi pesar. No quería protagonizarla, pero Charo y la historia me lo pidieron.
Recorrido y proyectos
–¿Está satisfecho con la acogida de la película?–Ganamos el premio de la crítica y el del jurado en Moscú, en un festival internacional de primer orden, y nos hizo mucha ilusión. Pero con todo lo que está ocurriendo ahora mismo con la vivienda me hubiera gustado que tuviera más recorrido en cines y en prensa. Que sirviera para plantear el problema desde la ficción y hacer reflexionar a los ciudadanos y a los políticos. Aunque no creo que hubiera cambiado las cosas, lamentablemente.
–Después de 'A cambio de nada', '[…]' y 'La deuda', ¿qué historias quiere seguir contando? ¿Tiene algún proyecto?
–Después de 'La deuda', un proyecto durísimo de cinco años, con 68 localizaciones y cinco millones de presupuesto imposibles de recuperar en taquilla, casi tengo ganas de salir corriendo del cine. He vivido experiencias difíciles y estoy reflexionando sobre qué quiero hacer con mi vida. Quizá dirigir teatro o escribir, que es lo que más me gusta del mundo. No creo que vuelva a producir y dirigir una película así. No sé si tiene sentido.
–¿Por qué considera que no tiene sentido?
–Porque todo es deficitario. Dedicas cinco años de tu vida y el resultado no depende de la película, sino de la fecha de estreno, la publicidad, una corriente mediática o incluso de si llueve ese día. Son demasiados factores ajenos a la película como para arriesgar cinco años hipotecado económica y profesionalmente, sin repercusión ni retorno. Ahora mismo no sé muy bien qué camino seguir.