Correos se hunde en pleno auge del comercio online: 1.160 millones en pérdidas, menos plantilla y 13 días para que llegue una carta

Correos se hunde en pleno auge del comercio online: 1.160 millones en pérdidas, menos plantilla y 13 días para que llegue una carta
Los certificados al correo con enlace a dehu y los paquetes a los cajetines para recogerlos cuando se pueda. Eso de andar de si dame tu nombre, tu dni y firma es del pleistoceno, un trabajo administrativo que debería modernizarse.
 
Es lo que tienen algunos empleados públicos... que pueden ser unos hipócritas de mucho cuidado.

Un caso particular, de los muchos que seguro habréis 'disfrutado'...

-Me dispongo a sacar el carnet de manipulador de productos fitosanitarios... antes de ello, tuve que asistir a un centro especializado, cumplir ciertas horas de 'aprendizaje' y hacer un examen teórico de cierta comunidad autónoma (todo este rollo es made in Europa, pero bueno, para poner contexto)

-Una vez aprobado el examen, ya puedo ir a una oficina de la OCA (dependiente de la comunidad) para que me lo den en mano.


Ahora empezamos con los empleados públicos premium jejeje...

-Llego a las 9 en punto, me recibe el empleado público de turno, nadie en la sala...y me dice que tengo que pinchar en la máquina para sacar turno.
Con mi papelito en mano me dirijo nuevamente a el, y me dice que tengo que pagar cierta tasa (ya lo sabía) pero el me tiene que dar el modeló para pagar en sucursal física...Estamos en el siglo 21 jejeje

Me voy para la sucursal a pagar los 16 euros, vuelvo para la oficina, son las 12 del mediodía y hay no había nadie, salvo un cincuentón en el teléfono...me espero a que termine de hablar y le digo ya tengo ésto, el colega me dice que eso me lo tiene que hacer ciertas persona, que ahora bajará (en la planta de arriba se oía charlatanes variados y risas)

Media hora después (no había visto a ningún ciudadano entrar o salir desde las 9 de la mañana) baja una empleada, le tengo que volver a explicar lo que quiero hacer y 5 minutos después me entrega mi carnet de manipulador de fitosanitarios...

A todo esto, la empleada coge el bolso y sale de la oficina...a saber a dónde iría a las 1 de la tarde...si, son las 1 y solo me han tenido que atender a mí...

Salgo de la oficina y veo al primer empleado público (os acordáis del que me pidió que sacase cita de la maquinita a las 9 de la mañana)... pues hay está a las 1 de la tarde, en la puerta con el cigarrito fumando...estuve por decirle si no se reseca la tinta de la máquina de tan poco usarla...

En fin... Jardinero Fiel...
 
Te tienes que reír, donde yo vivo es oficina rural y solo abren media hora al día.


A ver todo a su ritmo ...

En la España vaciada pueblos de 50 o 100 habitantes que no hay volumen de correo ni paquetes no van a poner un funcionario 8h ni si quiera 5...pero en las oficinas urbanas pueblos de 50.000 habitantes de un área metropolitana que solo atiendan de 9 a 14h si es vergonzoso
 
España nunca había comprado tanto por internet y Correos nunca había estado tan mal. La paradoja resume bien el deterioro de una de las mayores empresas públicas del país: más de1.160 millones de euros en pérdidas en cinco años, una deuda disparada, cada vez menos trabajadores y un absentismo récord, cuando la realidad es que tendría que ser distinta. El comercio electrónico creció un 20,6% el último año, hasta rozar los 115.000 millones de euros, pero el gran beneficiado no ha sido el operador público, sino las grandes empresas privadas de paquetería. Correos movió en 2025 apenas 1.060 millones de envíos, el mínimo de su serie histórica: un 76% menos que a principios de la década pasada y menos de la mitad que en 2019, antes de que la esa época en el 2020 de la que yo le hablo acelerase el desplome. Desde entonces, la empresa ha acumulado más de 1.160 millones de euros en pérdidas, ha multiplicado por más de 60 su deuda y se ha quedado con casi 8.600 trabajadores menos. Y cuando por fin volvió a ganar dinero, en 2025, fue gracias a las arcas públicas.

El paquete ha sustituido a la carta, pero no ha heredado su rentabilidad, porque la misiva era un negocio de volumen en el que cada ruta concentraba muchos envíos y el coste del reparto se diluía entre todos ellos, mientras que el paquete exige furgonetas más grandes, más combustible y más personal. Y en ese mercado Correos se enfrenta a gigantes como Amazon, DHL o Seur en una guerra de precios que estrecha los márgenes hasta el límite. Por eso, en pleno auge del comercio electrónico, que mueve ya casi 115.000 millones de euros al año en España, la paquetería apenas supone el 40% de la facturación de Correos, 837 millones el año pasado, una cifra que no basta para sostener una red de más de 8.000 oficinas y puntos de atención rural y una plantilla que supera las 46.000 personas. La diferencia, año tras año, la pone el presupuesto público.

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Cada vez que un cartero recorre 30 kilómetros de comarcal para entregar una notificación en una aldea, Correos pierde dinero. Quien la envía paga un sello de poco más de un euro por un viaje que a la empresa le sale mucho más caro, pero la ley obliga a Correos a llegar a cualquier rincón del país cinco días a la semana y a precios asequibles, por aislada que esté la vivienda. Es elServicio Postal Universal (SPU), y el Estado compensa a Correos por esas rutas deficitarias. En 2025, esa compensación alcanzó los 334,5 millones de euros, engordada por 109 millones de atrasos que la CNMC le reconoció de golpe. No es la única ayuda. Con la nueva Ley Postal cobra otros 55,9 millones por hacer de ventanilla de la Administración y de banco en la España vaciada. Y cuando ni así salen las cuentas, aparece la SEPI con la chequera, con 200 millones de capital el año pasado y avales para sostener una deuda que ya roza los 1.000 millones. Nada de esto es irregular; como en buena parte de Europa, el Estado paga por su servicio postal. Pero el dato desabrigada el balance. Sin ese dinero, el beneficio de 11,2 millones de 2025 habría sido un agujero de cientos de millones.

(imagen visible para usuarios registrados)
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La caída de la carta explica una parte del desplome; la otra hay que buscarla en la gestión. En 2018, tras la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa, asumió la presidencia de Correos Juan Manuel Serrano, que había sido su jefe de gabinete cuando Sánchez era secretario general del PSOE. Sin experiencia previa en logística y con el encargo de modernizar la compañía, apostó por un giro radical hacia la paquetería para frenar el declive del correo tradicional. En 2019, la empresa ganó 13,4 millones de euros, su primer beneficio tras cuatro años en números rojos. Fue un espejismo. La esa época en el 2020 de la que yo le hablo y las iniciativas comerciales fallidas abrieron una vía de agua de más de 700 millones en pérdidas hasta 2023, que la dirección tapó a golpe de crédito. El patrimonio neto se redujo casi a la mitad, y la deuda bancaria, que partía de apenas 15 millones, se disparó y siguió creciendo tras su salida hasta superar los 950 millones.

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Para buscar ingresos lejos del buzón, Serrano apostó por dos aventuras.Correos Cargo iba a fletar aviones de carga desde Asia con Iberojet, la aerolínea de Ávoris, a la que la SEPI había rescatado meses antes con 320 millones. Se canceló antes de tiempo y acabó en los tribunales, con demandas cruzadas de hasta 57 millones. Correos Telecom quiso vender móvil y fibra a particulares, pero apenas encontró clientes y cerró en 2024, con la cartera traspasada a un operador privado. Cuando Serrano salió, a finales de 2023, CCOO y UGT lo despidieron hablando de «pésima gestión» e «impericia», y de un agujero de 1.200 millones.

Dentro de la empresa, la sensación es la misma: «La mano de Juan Manuel Serrano, amiguito de Sánchez y quinto vicepresidente de la banda del PSOE, se notaba bien notada. Al final lo han destrozado todo», resume sobre aquellos años un cartero veterano consultado por este periódico, que prefiere no identificarse. Y su etapa tiene ahora también un frente judicial: el juez Santiago Pedraz imputó a Serrano el pasado julio en el caso Leire Díez, después de que la UCO le atribuyera un papel preeminente en la presunta trama.

El relevo no cerró la herida. En diciembre de 2023 llegó a la presidencia Pedro Saura, ex fruta socialista, que heredó una compañía con la deuda desbocada y un profundo deterioro operativo. Tras meses de negociación, pactó con la SEPI y los sindicatos mayoritarios un Acuerdo Marco y un Plan Estratégico 2024-2028 para recuperar y reestructurar el grupo. Pero su primer ejercicio completo fue el peor de la historia de Correos. En 2024, la empresa perdió 94 millones de euros por su actividad, a los que se sumaron 427,9 millones para financiar un plan de salidas voluntarias hasta 2028, dirigido a trabajadores de más de 61 años y a excedencias de funcionarios. El resultado neto cerró con 458,5 millones de euros en números rojos.

Colapso operativo​

Si el paquete ya es caro de repartir, la organización interna lo encarece todavía más. Con la directriz R24 (red 24 horas), pensada para salvar la paquetería, ya no llega un camión a primera hora con todo el reparto del día. Ahora los carteros van en furgoneta al centro de tratamiento provincial a por la mitad de la mercancía, reparten y a mediodía vuelven a por el resto, para pasar de nuevo por las mismas casas. «El volumen de paquetería es el mismo o incluso menos que antes», asegura el cartero. Nadie les ha explicado el cambio. «Cuando se pide una explicación no se da». Hace unos días, tres carteros coincidieron en la misma puerta para entregar dos paquetes pequeños y una notificación.

Este periódico lo ha comprobado. El jueves 16 de julio, la redacción de Madrid y las delegaciones de Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Murcia y Vitoria se enviaron cartas ordinarias entre sí. Solo la mitad llegó en tres días hábiles, el plazo en el que la normativa exige que se entregue la gran mayoría del correo. La carta de Valencia a Madrid tardó 13 días en llegar, y la de Madrid a Vitoria, diez.

Y lo pagan también los trabajadores, que soportan cada vez más carga con casi 8.600 compañeros menos que en 2019, y más de 20.000 puestos perdidos en la última década, según CSIF. A eso se suma un absentismo en niveles récord, con más de 1,8 millones de jornadas perdidas por baja médica el último año. «Bajas por ansiedad hay una barbaridad», señala el cartero. En su unidad, más de la mitad de la plantilla ha pasado por una baja por salud mental en los últimos dos años, y las plazas se quedan sin cubrir.Las furgonetas eléctricas que debían modernizar la flota tampoco ayudan. Según sus cálculos, a su zona llegaron más de 20 y solo hay entre cuatro y seis cargadores, así que muchos días se quedan sin batería. En su unidad, admite, el problema no es tanto el tamaño de la plantilla como que nunca está completa. «Aunque haya ocho, los ocho realmente nunca están en el servicio». En verano, un solo cartero ha llegado a cargar con un municipio de casi 13.000 habitantes, cuando lo habitual, según calcula, es que cada repartidor atienda a entre 3.000 y 4.000 vecinos. «Es imposible abastecerlo». Para él, el origen está arriba. «La empresa está dirigida por gente que seguramente, si no estuviera enchufada en Correos por su vinculación política, no administraría ni un grupo de WhatsApp de tres personas».

Más en El Mundo
La plantilla ya se vio desbordada esta primavera, cuando 371 oficinas de Correos asumieron las solicitudes de la regularización extraordinaria de migrantes, uno de los nuevos servicios públicos que le encarga la Ley Postal. Más de un millón de peticiones en tres meses se tradujeron en ventanillas cerradas y largas colas. CGT denunció que la falta de personal obligaba a cerrar la agenda de citas a media tarde, y la empresa tuvo que ampliar de 20 a 30 minutos el tiempo de atención por persona.

El próximo reto son las elecciones del 29 de noviembre. En las de 2023, pese a más de 20.000 contratos de refuerzo, Correos tenía aún sin entregar el 28% de la documentación electoral a pocos días de la votación, y la Junta Electoral Central rechazó ampliar los plazos. Esta vez, además, el voto por correo ha entrado en el debate político, con Isabel Díaz Ayuso recomendando no usarlo y Alberto Núñez Feijóo desconfiando de la dirección de la empresa. El PP pedirá a la Junta Electoral garantías adicionales. No consta ninguna manipulación en unas generales; el riesgo, según los sindicatos, es la falta de personal. CSIF, que ha suspendido sus movilizaciones hasta después de los comicios, reclama 15.000 contratos de refuerzo inmediatos.
"La empresa está dirigida por gente que seguramente, si no estuviera vinculada a Correos por su relación política, no administraría ni un grupo de WhatsApp de tres personas"

No sé por qué, he pensado en Oscargutan.

Correos tiene que seguir existiendo cueste lo que cueste para poder gestionar los votos por correo del PSOE.
 
España nunca había comprado tanto por internet y Correos nunca había estado tan mal. La paradoja resume bien el deterioro de una de las mayores empresas públicas del país: más de1.160 millones de euros en pérdidas en cinco años, una deuda disparada, cada vez menos trabajadores y un absentismo récord, cuando la realidad es que tendría que ser distinta. El comercio electrónico creció un 20,6% el último año, hasta rozar los 115.000 millones de euros, pero el gran beneficiado no ha sido el operador público, sino las grandes empresas privadas de paquetería. Correos movió en 2025 apenas 1.060 millones de envíos, el mínimo de su serie histórica: un 76% menos que a principios de la década pasada y menos de la mitad que en 2019, antes de que la esa época en el 2020 de la que yo le hablo acelerase el desplome. Desde entonces, la empresa ha acumulado más de 1.160 millones de euros en pérdidas, ha multiplicado por más de 60 su deuda y se ha quedado con casi 8.600 trabajadores menos. Y cuando por fin volvió a ganar dinero, en 2025, fue gracias a las arcas públicas.

El paquete ha sustituido a la carta, pero no ha heredado su rentabilidad, porque la misiva era un negocio de volumen en el que cada ruta concentraba muchos envíos y el coste del reparto se diluía entre todos ellos, mientras que el paquete exige furgonetas más grandes, más combustible y más personal. Y en ese mercado Correos se enfrenta a gigantes como Amazon, DHL o Seur en una guerra de precios que estrecha los márgenes hasta el límite. Por eso, en pleno auge del comercio electrónico, que mueve ya casi 115.000 millones de euros al año en España, la paquetería apenas supone el 40% de la facturación de Correos, 837 millones el año pasado, una cifra que no basta para sostener una red de más de 8.000 oficinas y puntos de atención rural y una plantilla que supera las 46.000 personas. La diferencia, año tras año, la pone el presupuesto público.

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Cada vez que un cartero recorre 30 kilómetros de comarcal para entregar una notificación en una aldea, Correos pierde dinero. Quien la envía paga un sello de poco más de un euro por un viaje que a la empresa le sale mucho más caro, pero la ley obliga a Correos a llegar a cualquier rincón del país cinco días a la semana y a precios asequibles, por aislada que esté la vivienda. Es elServicio Postal Universal (SPU), y el Estado compensa a Correos por esas rutas deficitarias. En 2025, esa compensación alcanzó los 334,5 millones de euros, engordada por 109 millones de atrasos que la CNMC le reconoció de golpe. No es la única ayuda. Con la nueva Ley Postal cobra otros 55,9 millones por hacer de ventanilla de la Administración y de banco en la España vaciada. Y cuando ni así salen las cuentas, aparece la SEPI con la chequera, con 200 millones de capital el año pasado y avales para sostener una deuda que ya roza los 1.000 millones. Nada de esto es irregular; como en buena parte de Europa, el Estado paga por su servicio postal. Pero el dato desabrigada el balance. Sin ese dinero, el beneficio de 11,2 millones de 2025 habría sido un agujero de cientos de millones.

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La caída de la carta explica una parte del desplome; la otra hay que buscarla en la gestión. En 2018, tras la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa, asumió la presidencia de Correos Juan Manuel Serrano, que había sido su jefe de gabinete cuando Sánchez era secretario general del PSOE. Sin experiencia previa en logística y con el encargo de modernizar la compañía, apostó por un giro radical hacia la paquetería para frenar el declive del correo tradicional. En 2019, la empresa ganó 13,4 millones de euros, su primer beneficio tras cuatro años en números rojos. Fue un espejismo. La esa época en el 2020 de la que yo le hablo y las iniciativas comerciales fallidas abrieron una vía de agua de más de 700 millones en pérdidas hasta 2023, que la dirección tapó a golpe de crédito. El patrimonio neto se redujo casi a la mitad, y la deuda bancaria, que partía de apenas 15 millones, se disparó y siguió creciendo tras su salida hasta superar los 950 millones.

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Dentro de la empresa, la sensación es la misma: «La mano de Juan Manuel Serrano, amiguito de Sánchez y quinto vicepresidente de la banda del PSOE, se notaba bien notada. Al final lo han destrozado todo», resume sobre aquellos años un cartero veterano consultado por este periódico, que prefiere no identificarse. Y su etapa tiene ahora también un frente judicial: el juez Santiago Pedraz imputó a Serrano el pasado julio en el caso Leire Díez, después de que la UCO le atribuyera un papel preeminente en la presunta trama.

El relevo no cerró la herida. En diciembre de 2023 llegó a la presidencia Pedro Saura, ex fruta socialista, que heredó una compañía con la deuda desbocada y un profundo deterioro operativo. Tras meses de negociación, pactó con la SEPI y los sindicatos mayoritarios un Acuerdo Marco y un Plan Estratégico 2024-2028 para recuperar y reestructurar el grupo. Pero su primer ejercicio completo fue el peor de la historia de Correos. En 2024, la empresa perdió 94 millones de euros por su actividad, a los que se sumaron 427,9 millones para financiar un plan de salidas voluntarias hasta 2028, dirigido a trabajadores de más de 61 años y a excedencias de funcionarios. El resultado neto cerró con 458,5 millones de euros en números rojos.

Colapso operativo​

Si el paquete ya es caro de repartir, la organización interna lo encarece todavía más. Con la directriz R24 (red 24 horas), pensada para salvar la paquetería, ya no llega un camión a primera hora con todo el reparto del día. Ahora los carteros van en furgoneta al centro de tratamiento provincial a por la mitad de la mercancía, reparten y a mediodía vuelven a por el resto, para pasar de nuevo por las mismas casas. «El volumen de paquetería es el mismo o incluso menos que antes», asegura el cartero. Nadie les ha explicado el cambio. «Cuando se pide una explicación no se da». Hace unos días, tres carteros coincidieron en la misma puerta para entregar dos paquetes pequeños y una notificación.

Este periódico lo ha comprobado. El jueves 16 de julio, la redacción de Madrid y las delegaciones de Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Murcia y Vitoria se enviaron cartas ordinarias entre sí. Solo la mitad llegó en tres días hábiles, el plazo en el que la normativa exige que se entregue la gran mayoría del correo. La carta de Valencia a Madrid tardó 13 días en llegar, y la de Madrid a Vitoria, diez.

Y lo pagan también los trabajadores, que soportan cada vez más carga con casi 8.600 compañeros menos que en 2019, y más de 20.000 puestos perdidos en la última década, según CSIF. A eso se suma un absentismo en niveles récord, con más de 1,8 millones de jornadas perdidas por baja médica el último año. «Bajas por ansiedad hay una barbaridad», señala el cartero. En su unidad, más de la mitad de la plantilla ha pasado por una baja por salud mental en los últimos dos años, y las plazas se quedan sin cubrir.Las furgonetas eléctricas que debían modernizar la flota tampoco ayudan. Según sus cálculos, a su zona llegaron más de 20 y solo hay entre cuatro y seis cargadores, así que muchos días se quedan sin batería. En su unidad, admite, el problema no es tanto el tamaño de la plantilla como que nunca está completa. «Aunque haya ocho, los ocho realmente nunca están en el servicio». En verano, un solo cartero ha llegado a cargar con un municipio de casi 13.000 habitantes, cuando lo habitual, según calcula, es que cada repartidor atienda a entre 3.000 y 4.000 vecinos. «Es imposible abastecerlo». Para él, el origen está arriba. «La empresa está dirigida por gente que seguramente, si no estuviera enchufada en Correos por su vinculación política, no administraría ni un grupo de WhatsApp de tres personas».

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La plantilla ya se vio desbordada esta primavera, cuando 371 oficinas de Correos asumieron las solicitudes de la regularización extraordinaria de migrantes, uno de los nuevos servicios públicos que le encarga la Ley Postal. Más de un millón de peticiones en tres meses se tradujeron en ventanillas cerradas y largas colas. CGT denunció que la falta de personal obligaba a cerrar la agenda de citas a media tarde, y la empresa tuvo que ampliar de 20 a 30 minutos el tiempo de atención por persona.

El próximo reto son las elecciones del 29 de noviembre. En las de 2023, pese a más de 20.000 contratos de refuerzo, Correos tenía aún sin entregar el 28% de la documentación electoral a pocos días de la votación, y la Junta Electoral Central rechazó ampliar los plazos. Esta vez, además, el voto por correo ha entrado en el debate político, con Isabel Díaz Ayuso recomendando no usarlo y Alberto Núñez Feijóo desconfiando de la dirección de la empresa. El PP pedirá a la Junta Electoral garantías adicionales. No consta ninguna manipulación en unas generales; el riesgo, según los sindicatos, es la falta de personal. CSIF, que ha suspendido sus movilizaciones hasta después de los comicios, reclama 15.000 contratos de refuerzo inmediatos.
¿Crees que pierde dinero por el Servicio Universal o quizá porque tiene miles de oficinistas que, si trabajaran con más eficiencia, serían auténticos figuras mundiales?
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Sabéis que a Feijóo lo nombraron director de Correos y ahora dan pérdidas. Imaginaos lo que sería como presidente del gobierno


Feijóo presidió Correos entre mayo de 2000 y enero de 2003, nombrado por el Gobierno de Aznar, así que lo del enchufe político viene de lejos, como apuntaba @gonza_rioja. Pero le salió al revés que a Serrano: la empresa venía de perder unos 29 o 30 millones en 1999 y cerró 2002 con beneficios, unos 30 millones según la nota de la propia Correos de entonces, aunque hay medios que dan más. En su etapa además pasó a ser sociedad mercantil estatal y perdió unos 666 trabajadores, según Newtral.

Ahora, la comparación tiene trampa. En 2000 la carta seguía siendo el negocio, y la carta es barata de repartir porque cada ruta lleva mucho volumen. El artículo dice que en 2025 Correos movió 1.060 millones de envíos, un 76% menos que a principios de la década pasada. Con la carta desplomándose y la paquetería en guerra de precios con Amazon o Seur, ni el mejor gestor del mundo repetiría aquellas cuentas. Eso no quita lo de Correos Cargo y Correos Telecom, que sí son errores de gestión.
 
Si así funciona la mensajería pública, imagínate cómo funciona el resto de lo público.

Pero no faltarán los que te dirán que si no existiese Correos solo podrían enviar cartas los ricos.

Porque es el argumento que usan siempre los defensores de lo colectivo para meter miedo con la sanidad.

Hay que eliminar todos los impuestos y todo lo público.
 
Si no son rentables que cierren, pero para el servicio que dan, el estado se podría ahorrar todo el dinero que les regala
 
Si no son rentables que cierren, pero para el servicio que dan, el estado se podría ahorrar todo el dinero que les regala

Están capados, cada vez que intentan ser eficientes el estado les multa por practicas de monopolio o cualquier chorrada. Aparte hay un nepotismo colosal a todos los niveles, en la sede de Madrid es desolador, altos cargos hasta para hacer fotocopias.
 
De hecho, esta tarde misma, ha llegado una carta lacrada al delegado del gobierno en Ceuta advirtiendo de una mas que probable avalancha en Ceuta para el 30 de julio.

No es un milagro.
Son tus impuestos.

GOBIERNO DE ESPAÑA
 

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