La crisis habitacional lleva a Juan José e Isabel a vivir en un coche en Arteixo

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RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Tres noches en un coche: la vivienda imposible en el área de A Coruña ¿Qué separa a Arteixo de A Coruña? A veces, una noche en el coche. Juan José Jiménez Montero, 55 años, e Isabel Otero Martínez, 57, pasaron su tercera noche dentro de un turismo tras expirar el contrato de 400 euros que pagaban en Vilarrodís (Arteixo) desde hacía doce años. El aviso del propietario llegó dos años antes.

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Juan José e Isabel, a los que non han renovado su alquiler en Arteixo, han convertido su coche en su hogar ANGEL MANSO

Tras quedarse sin alquiler en Vilarrodís, no logran una nueva vivienda asequible​

01 sep 2026. Actualizado a las 05:00 h.

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Juan José Jiménez Montero e Isabel Otero Martínez pasaron ayer su tercera noche en un coche. Lo hicieron después de no lograr una vivienda tras expirarles el contrato de 400 euros que tenían en Vilarrodís, en donde llevan viviendo 12 años, tras un primer alquiler en la urbanización Sol y Mar de Oseiro. Él, natural de Córdoba y de 55 años, y ella, de Cambre y con 57, unieron sus vidas hace 17 años. Explican que hace 2 años los propietarios del piso donde vivían les anunciaron que tendrían que dejarlo y hace seis meses que no habría renovación. Ella cobra una pensión de viudedad y esta situación lo atrapó a él en el paro, tras trabajar durante años en el sector de las carnicerías y durante un año como carpintero.

«Dejé de trabajar en marzo y cobro el paro, pero se me acaba en diciembre», explica Juan José, que a día de hoy recibe por prestación de desempleo 1.125 euros, pero al estar desempleado asegura que no cumple los requisitos que les piden los arrendatarios. Nadie les ofrece una vivienda cuando la perspectiva es que le queden 500 euros de una ayuda a partir de diciembre.

Ella enviudó cuando tenía 20 años y la prestación que cobra, de 1.220 euros, también se le reducirá a 705 el 6 de noviembre. Cita con claridad las fechas, porque asegura que no pueden hacer planes a largo plazo, cuando los ingresos se les reducirán considerablemente. Ella tiene una hija de 25 años que vivía con ellos, pero que estas noches ha pedido cobijo en casas de amigas y de su padre. A esto se suman sus deudas: él, 200 euros de un préstamo, y ella, 300 de los pagos de telefonía y de la factura odontológica. Los números se reducen.

La pareja se encuentra en una situación de vulnerabilidad pese a sus ingresos, agravada por problemas de salud de ella y la falta de alternativas habitacionales en el mercado privado y público. Denuncian que las exigencias de las inmobiliarias y los propietarios hacen imposible conseguir un techo. «Nos piden contrato de trabajo de un año mínimo y una nómina para el seguro de impago», explica Juan José, que asegura que aunque ahora tengan ingresos que quizás les dieran para abonar un alquiler «normal», solo sería por dos meses y se verían abocados a volver al coche, excepto si él logra trabajo. Sin embargo, reconoce que duda que alguien quiera contratarlo cuando como domicilio tiene su automóvil.

Ayudas puntuales

Ellos se van aseando en casas de amigos, que les ayudan. También aprovechan el lavabo del trastero donde han amontonado sus enseres, pero reconocen que lo peor es no tener dónde estar. Su principal ocupación es buscar vivienda, reclamar ante distintas Administraciones y pasear. Aseguran que sus familias no los pueden ayudar. Están a la espera de ver si en el sorteo de viviendas sociales tienen suerte, pero no tienen muchas esperanzas. «Es como jugar a la lotería», explica Juan José.

Sus ahorros los reservan para los arreglos del coche, que se ha convertido ahora en su hogar. La primera noche la pasaron en el centro de Arteixo, pero había mucho ruido y se han trasladado con su coche cerca del centro social de Vilarrodís para poder dormir con tranquilidad.

«No pedimos un piso gratis, sino un sitio para poder dormir», explica Isabel, que padece de hernias en la espalda y tuvo un cuadro de ansiedad por su situación. No se quieren ver en un albergue, pero aun así aseguran que están llenos y no hay sitio para ellos.

Desde el Concello de Arteixo aseguran que atendieron su situación, e incluso se avinieron a ofrecerles ayudas puntuales, pero el problema principal es el alquiler, que ellos no alcanzan. «El problema de fondo es que no encuentran vivienda», explican desde el Concello, un hecho que les supera administrativamente.

La pareja asegura que no busca subsidios ni vivienda gratuita, sino una alternativa accesible a su capacidad económica. «No pedimos un piso grande ni un palacio. Yo no quiero nada gratis; un bajo, una cama, no pido nada más», concluye Isabel.
 
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Tras quedarse sin alquiler en Vilarrodís, no logran una nueva vivienda asequible​

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Juan José Jiménez Montero e Isabel Otero Martínez pasaron ayer su tercera noche en un coche. Lo hicieron después de no lograr una vivienda tras expirarles el contrato de 400 euros que tenían en Vilarrodís, en donde llevan viviendo 12 años, tras un primer alquiler en la urbanización Sol y Mar de Oseiro. Él, natural de Córdoba y de 55 años, y ella, de Cambre y con 57, unieron sus vidas hace 17 años. Explican que hace 2 años los propietarios del piso donde vivían les anunciaron que tendrían que dejarlo y hace seis meses que no habría renovación. Ella cobra una pensión de viudedad y esta situación lo atrapó a él en el paro, tras trabajar durante años en el sector de las carnicerías y durante un año como carpintero.

«Dejé de trabajar en marzo y cobro el paro, pero se me acaba en diciembre», explica Juan José, que a día de hoy recibe por prestación de desempleo 1.125 euros, pero al estar desempleado asegura que no cumple los requisitos que les piden los arrendatarios. Nadie les ofrece una vivienda cuando la perspectiva es que le queden 500 euros de una ayuda a partir de diciembre.

Ella enviudó cuando tenía 20 años y la prestación que cobra, de 1.220 euros, también se le reducirá a 705 el 6 de noviembre. Cita con claridad las fechas, porque asegura que no pueden hacer planes a largo plazo, cuando los ingresos se les reducirán considerablemente. Ella tiene una hija de 25 años que vivía con ellos, pero que estas noches ha pedido cobijo en casas de amigas y de su padre. A esto se suman sus deudas: él, 200 euros de un préstamo, y ella, 300 de los pagos de telefonía y de la factura odontológica. Los números se reducen.

La pareja se encuentra en una situación de vulnerabilidad pese a sus ingresos, agravada por problemas de salud de ella y la falta de alternativas habitacionales en el mercado privado y público. Denuncian que las exigencias de las inmobiliarias y los propietarios hacen imposible conseguir un techo. «Nos piden contrato de trabajo de un año mínimo y una nómina para el seguro de impago», explica Juan José, que asegura que aunque ahora tengan ingresos que quizás les dieran para abonar un alquiler «normal», solo sería por dos meses y se verían abocados a volver al coche, excepto si él logra trabajo. Sin embargo, reconoce que duda que alguien quiera contratarlo cuando como domicilio tiene su automóvil.

Ayudas puntuales

Ellos se van aseando en casas de amigos, que les ayudan. También aprovechan el lavabo del trastero donde han amontonado sus enseres, pero reconocen que lo peor es no tener dónde estar. Su principal ocupación es buscar vivienda, reclamar ante distintas Administraciones y pasear. Aseguran que sus familias no los pueden ayudar. Están a la espera de ver si en el sorteo de viviendas sociales tienen suerte, pero no tienen muchas esperanzas. «Es como jugar a la lotería», explica Juan José.

Sus ahorros los reservan para los arreglos del coche, que se ha convertido ahora en su hogar. La primera noche la pasaron en el centro de Arteixo, pero había mucho ruido y se han trasladado con su coche cerca del centro social de Vilarrodís para poder dormir con tranquilidad.

«No pedimos un piso gratis, sino un sitio para poder dormir», explica Isabel, que padece de hernias en la espalda y tuvo un cuadro de ansiedad por su situación. No se quieren ver en un albergue, pero aun así aseguran que están llenos y no hay sitio para ellos.

Desde el Concello de Arteixo aseguran que atendieron su situación, e incluso se avinieron a ofrecerles ayudas puntuales, pero el problema principal es el alquiler, que ellos no alcanzan. «El problema de fondo es que no encuentran vivienda», explican desde el Concello, un hecho que les supera administrativamente.

La pareja asegura que no busca subsidios ni vivienda gratuita, sino una alternativa accesible a su capacidad económica. «No pedimos un piso grande ni un palacio. Yo no quiero nada gratis; un bajo, una cama, no pido nada más», concluye Isabel.

Hay un detalle en este caso que explica bastante y que la noticia no cuenta: Arteixo no es zona tensionada, y A Coruña sí.

Galicia solo ha declarado dos municipios como zona de mercado residencial tensionado. A Coruña, desde el 30 de junio de 2025 hasta 2028, y Santiago de Compostela, desde el 30 de julio de este año. Arteixo, que está pegado a A Coruña, se queda fuera.

Eso importa porque el tope de renta y el índice de referencia solo se aplican dentro de la zona declarada. Fuera de ella el propietario pone el precio que quiera y no hay más que hablar. Es decir, la medida desplaza parte de la presión al anillo metropolitano, que es justo donde vive esta pareja y donde pagaban 400 euros después de doce años.

Y luego está el filtro que de verdad les cierra la puerta, y que no lo toca ninguna norma: el seguro de impago. Le piden contrato de un año y nómina. Entre los 1.125 euros de paro de él y los 1.220 de viudedad de ella tienen ingresos de sobra para un alquiler normal en Arteixo, pero no tienen el papel que la aseguradora quiere ver. Ese requisito deja fuera a autónomos, a pensionistas y a cualquiera sin contrato indefinido, tenga el dinero o no lo tenga.
 
Y digo yo... Antes de dormir en un coche y dado que ninguno de los dos trabaja, no podrían irse a vivir a algún pueblo más alejado que seguro que lo hay y donde no sean tan exigentes con el alquiler? Tienen dinero incluso para pagar varios meses de golpe, no para un alquiler de 1000 pavos, pero seguro que sí para uno de 300. Aunque sea en la España vaciada.
 
Y digo yo... Antes de dormir en un coche y dado que ninguno de los dos trabaja, no podrían irse a vivir a algún pueblo más alejado que seguro que lo hay y donde no sean tan exigentes con el alquiler? Tienen dinero incluso para pagar varios meses de golpe, no para un alquiler de 1000 pavos, pero seguro que sí para uno de 300. Aunque sea en la España vaciada.
Y vas al trabajo todos los días con el precio de la gasolina por los aires.
 
Y digo yo... Antes de dormir en un coche y dado que ninguno de los dos trabaja, no podrían irse a vivir a algún pueblo más alejado que seguro que lo hay y donde no sean tan exigentes con el alquiler? Tienen dinero incluso para pagar varios meses de golpe, no para un alquiler de 1000 pavos, pero seguro que sí para uno de 300. Aunque sea en la España vaciada.
y los forasteros ilegales en hoteles de 4 estrellas gratis
 
Hay un detalle en este caso que explica bastante y que la noticia no cuenta: Arteixo no es zona tensionada, y A Coruña sí.

Galicia solo ha declarado dos municipios como zona de mercado residencial tensionado. A Coruña, desde el 30 de junio de 2025 hasta 2028, y Santiago de Compostela, desde el 30 de julio de este año. Arteixo, que está pegado a A Coruña, se queda fuera.

Eso importa porque el tope de renta y el índice de referencia solo se aplican dentro de la zona declarada. Fuera de ella el propietario pone el precio que quiera y no hay más que hablar. Es decir, la medida desplaza parte de la presión al anillo metropolitano, que es justo donde vive esta pareja y donde pagaban 400 euros después de doce años.

Y luego está el filtro que de verdad les cierra la puerta, y que no lo toca ninguna norma: el seguro de impago. Le piden contrato de un año y nómina. Entre los 1.125 euros de paro de él y los 1.220 de viudedad de ella tienen ingresos de sobra para un alquiler normal en Arteixo, pero no tienen el papel que la aseguradora quiere ver. Ese requisito deja fuera a autónomos, a pensionistas y a cualquiera sin contrato indefinido, tenga el dinero o no lo tenga.
El detalle es que ella pasa a cobrar 700 y él se queda en 500, o sea 1200 entre los dos que igualmente deberían dar para al menos una habitación compartida en la zona pero que no lo da ... En toda la provincia de A Coruña no encuentran alquiler en una casa de pueblo de esos medio perdidos ocupable a un precio razonable al menos mientras alguna encuentra trabajo o su hija lo hace?? En esta historia falta algo y seguramente falta que ellos no quieren irse de Arteixo que es justamente donde los pisos son más caros ... Un poco más lejos los alquileres bajan bastante.
 
 
Una desgracia, pero salvo que no tengan capacidad de pagar 2-3 meses de fianza, hay alquileres de estudios pequeños en las afueras de la ciudad por 500€/mes que deberían poder pagar. Si es por las fianzas, igual podrían intentar un crédito personal o buscar otras opciones.
 

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Juan José Jiménez Montero e Isabel Otero Martínez pasaron ayer su tercera noche en un coche. Lo hicieron después de no lograr una vivienda tras expirarles el contrato de 400 euros que tenían en Vilarrodís, en donde llevan viviendo 12 años, tras un primer alquiler en la urbanización Sol y Mar de Oseiro. Él, natural de Córdoba y de 55 años, y ella, de Cambre y con 57, unieron sus vidas hace 17 años. Explican que hace 2 años los propietarios del piso donde vivían les anunciaron que tendrían que dejarlo y hace seis meses que no habría renovación. Ella cobra una pensión de viudedad y esta situación lo atrapó a él en el paro, tras trabajar durante años en el sector de las carnicerías y durante un año como carpintero.

«Dejé de trabajar en marzo y cobro el paro, pero se me acaba en diciembre», explica Juan José, que a día de hoy recibe por prestación de desempleo 1.125 euros, pero al estar desempleado asegura que no cumple los requisitos que les piden los arrendatarios. Nadie les ofrece una vivienda cuando la perspectiva es que le queden 500 euros de una ayuda a partir de diciembre.

Ella enviudó cuando tenía 20 años y la prestación que cobra, de 1.220 euros, también se le reducirá a 705 el 6 de noviembre. Cita con claridad las fechas, porque asegura que no pueden hacer planes a largo plazo, cuando los ingresos se les reducirán considerablemente. Ella tiene una hija de 25 años que vivía con ellos, pero que estas noches ha pedido cobijo en casas de amigas y de su padre. A esto se suman sus deudas: él, 200 euros de un préstamo, y ella, 300 de los pagos de telefonía y de la factura odontológica. Los números se reducen.

La pareja se encuentra en una situación de vulnerabilidad pese a sus ingresos, agravada por problemas de salud de ella y la falta de alternativas habitacionales en el mercado privado y público. Denuncian que las exigencias de las inmobiliarias y los propietarios hacen imposible conseguir un techo. «Nos piden contrato de trabajo de un año mínimo y una nómina para el seguro de impago», explica Juan José, que asegura que aunque ahora tengan ingresos que quizás les dieran para abonar un alquiler «normal», solo sería por dos meses y se verían abocados a volver al coche, excepto si él logra trabajo. Sin embargo, reconoce que duda que alguien quiera contratarlo cuando como domicilio tiene su automóvil.

Ayudas puntuales

Ellos se van aseando en casas de amigos, que les ayudan. También aprovechan el lavabo del trastero donde han amontonado sus enseres, pero reconocen que lo peor es no tener dónde estar. Su principal ocupación es buscar vivienda, reclamar ante distintas Administraciones y pasear. Aseguran que sus familias no los pueden ayudar. Están a la espera de ver si en el sorteo de viviendas sociales tienen suerte, pero no tienen muchas esperanzas. «Es como jugar a la lotería», explica Juan José.

Sus ahorros los reservan para los arreglos del coche, que se ha convertido ahora en su hogar. La primera noche la pasaron en el centro de Arteixo, pero había mucho ruido y se han trasladado con su coche cerca del centro social de Vilarrodís para poder dormir con tranquilidad.

«No pedimos un piso gratis, sino un sitio para poder dormir», explica Isabel, que padece de hernias en la espalda y tuvo un cuadro de ansiedad por su situación. No se quieren ver en un albergue, pero aun así aseguran que están llenos y no hay sitio para ellos.

Desde el Concello de Arteixo aseguran que atendieron su situación, e incluso se avinieron a ofrecerles ayudas puntuales, pero el problema principal es el alquiler, que ellos no alcanzan. «El problema de fondo es que no encuentran vivienda», explican desde el Concello, un hecho que les supera administrativamente.

La pareja asegura que no busca subsidios ni vivienda gratuita, sino una alternativa accesible a su capacidad económica. «No pedimos un piso grande ni un palacio. Yo no quiero nada gratis; un bajo, una cama, no pido nada más», concluye Isabel.
Los que traen los partidos que votaron PRIMERO
 
El detalle es que ella pasa a cobrar 700 y él se queda en 500, o sea 1200 entre los dos que igualmente deberían dar para al menos una habitación compartida en la zona pero que no lo da ... En toda la provincia de A Coruña no encuentran alquiler en una casa de pueblo de esos medio perdidos ocupable a un precio razonable al menos mientras alguna encuentra trabajo o su hija lo hace?? En esta historia falta algo y seguramente falta que ellos no quieren irse de Arteixo que es justamente donde los pisos son más caros ... Un poco más lejos los alquileres bajan bastante.


Lo de la casa de pueblo suena razonable hasta que uno mira el stock, y ahí está lo que falta en la historia.

Galicia tiene más de 506.000 viviendas vacías, cerca del 29% del parque, el doble de la media española, que anda por el 14,4%. En Lugo la tasa llega al 37% y en Ourense al 43%. Sobre el papel es exactamente lo que usted dice: casas de sobra.

El problema es que la patronal inmobiliaria gallega calcula que más del 90% de esas viviendas no reúne condiciones para vivir en ellas, por obra sin terminar o por falta de habitabilidad. Y las que sí valen casi nunca salen al mercado, porque son casas heredadas entre varios hermanos que nadie quiere poner en alquiler.

O sea que hay medio millón de casas vacías y a la vez no hay oferta. Las dos cosas son ciertas a la vez, y por eso el catálogo de un pueblo perdido de A Coruña está casi siempre en cero.

En Arteixo el alquiler medio anda hoy por los 800 euros y ellos venían de 400 congelados durante doce años. Ahí sí le doy la razón: más lejos pagarían menos. Pero con ella con hernias, la hija aquí y el coche como única casa, mudarse a Ourense no es una salida.
 

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