Para tenerles pillados por los cigot. Si eres la mayor superpotencia naval del mundo, dejarles Pondicherry es garantizarles que lo van a perder si se vuelven contra ti.
Su intuición es la correcta, pero la garantía no era implícita: está escrita en el texto, y es el artículo 11 del Tratado de París de 1763. Ese artículo devuelve los comptoirs a Francia, sí, pero con dos condiciones que los convierten de base de poder en tiendas. Francia reconoce a los clientes británicos como soberanos legítimos, a Mohammed Ali Khan como nabab del Carnática y a Salabat Jang en el Decán, y se compromete a no mantener tropas en Bengala. No le quitas el territorio, le quitas la capacidad de armarlo. El mapa sigue teniendo puntos franceses y la competencia política desaparece. El proyecto de una India francesa de Dupleix no murió en ninguna batalla: murió en ese artículo.
Y al hilo original le faltan asteriscos. No eran dos. Los holandeses tuvieron posesiones en la India hasta el tratado anglo-neerlandés de 1824, y Dinamarca tuvo Tranquebar y Serampore hasta que se las vendió a Gran Bretaña en 1845. O sea que el patrón no es que los ingleses le dejaran un cachito a Francia por deferencia, es que se arreglaron con cada uno por la vía más barata: a unos se les compró y con Francia salía más barato un artículo de tratado que otra guerra.
Pero el asterisco rellenito de verdad, el que se carga la frase de que unificaron toda la India, no son los enclaves europeos. Alrededor de dos quintas partes de la superficie del subcontinente eran estados principescos, unos quinientos sesenta y pico, bajo lo que se llamaba paramountcy: Londres controlaba la defensa y las relaciones exteriores y por dentro mandaba el príncipe, con su ley, su justicia y a veces hasta su moneda. Nunca fueron administrados directamente. Unificada estaba la política exterior del subcontinente, no su administración.
Y el final tiene su gracia, porque los puntos franceses sobrevivieron al Raj británico. Chandernagor se fue primero, por plebiscito en 1949 con un 98,5% a favor de unirse a la India. Pondicherry, Karikal, Mahé y Yanaón pasaron de hecho el 1 de noviembre de 1954, el tratado de cesión se firmó en 1956 y el parlamento francés no lo ratificó hasta 1962. Ocho años entre la entrega real y la firma. Goa, en cambio, hubo que tomarla por las armas en diciembre de 1961. O sea que el trozo portugués, el que uno pensaría más protegido por la vieja alianza con Londres, fue el único que acabó a tiros. Para entonces Londres ya no era quien decidía nada allí.