Este individuo alcanza cada día nuevas cotas de desfachatez y cinismo. Elon Musk, cuyo imperio empresarial se ha beneficiado durante décadas de subvenciones públicas, contratos gubernamentales, créditos fiscales y normativas diseñadas para favorecer sectores enteros en los que operan sus empresas, se permite ahora llamar "takers" a los demás, como si él fuera la encarnación del empresario heroico que jamás ha recibido nada de nadie.
Hay que tener una capacidad para el cinismo verdaderamente extraordinaria. Pocos empresarios en la historia reciente han sabido absorber tantos recursos públicos, incentivos fiscales y contratos del Estado mientras construían cuidadosamente una imagen de cruzado contra el gasto público y quienes viven de los demás.
Musk no está en contra de los "takers". Está en contra de que otros sean los "takers". Cuando el dinero público termina en sus empresas, entonces ya no es parasitismo: es innovación, inversión estratégica y pogre de la humanidad.