Podrían darse varios escenarios.
-Por un lado tenemos la opción de la prohibición total. Está el precedente de la Orden ejecutiva 6102 de EEUU, que obligaba a todo ciudadano a entregar todo el oro que tenían, bajo pena de 10 años de cárcel o multa de 10.000 dólares (una fortuna en esa época), a cambio de dinero fiat no redimible. Decir que a nivel estatal el sistema funcionaba (hasta que a Francia se le inflaron los mismisimos y destapó lo que en realidad era una reserva fraccionaria) bajo un patrón oro. Esto duró del año 1933 al 1971.
En esos años la moneda estaba hecha de oro y plata. También billetes, que eran redimibles por metal físico. Esto creo que ayudó a la propia confiscación, ya que cuando la parte de la población que no quiere problemas (que es la mayoría) se muestra favorable a entregar su oro, es más probable que se produzca un efecto cascada que arrastre a casi toda la sociedad.
Hacer esto hoy en día creo que sería poco efectivo. Por una parte porque en los países por lo general hay mucho menos oro en manos de particulares del que había en esa época, y además está en manos de gente que si los posee es precisamente porque desconfía del sistema. Antes todos tenían oro y tenían algo que entregar, ahora sería más difícil localizar y demostrar que alguien tiene metales preciosos.
-Otra opción sería mediante el incentivo. Revalúan el oro a pongamos, 10.000$ (recién impresos) la onza. Todo legal. E incluso te podrían hacerte quedar como el salvador del planeta. Todo quisque iría corriendo a venderlo. Sólo los más fieles al metal, una minoría, se cerrarían en banda. Sería poco probable que fueran a por estos últimos ya que la relación esfuerzo/recompensa no les saldría a cuenta.
Después de desplumar pacíficamente a todos, ya podrían prohibirlo sin ningún problema y revaluarlo de nuevo por la cantidad de fiat/cbdc que les de la gana para hacer sus chanchullos.
-Y la tercera opción que veo sería no tocar nada y dejar que la inflación galopante de fiat/cbdc impidiera a los mortales acceder a los MMPPs por su coste desorbitado, que a su vez haría que los que lo poseen lo vendieran aprovechando su alto precio.
Un saludo.
El escenario 2 llevaría a consecuencias no deseadas por los Bancos Centrales.
Para empezar, ¿de que forma podrían las autoridades monetarias "reevaluar" el oro a 10.000 $?
La única forma en que podrían hacerlo es comprando cualquier cantidad de oro puesto en la caja del banco central a 10.000 $/oz.
Las consecuencias a las que llevaría semejante acción son bastante fáciles de evaluar.
Comprar cualquier cantidad de oro a ese precio no significa asumir que el oro ha aumentado su valor de los actuales 1.870 $/oz. a 10.000 $/oz., lo que es un 534%, sino que es de facto una devaluación del dólar. Cada dólar ha pasado de poder comprar 1/1.870 oz., a poder comprar solo 1/10.000 oz, lo que es una devaluación del 81,4% del valor del dólar.
Esta devaluación de la moneda supondría la automática "revaluación" de todos los bienes y servicios medidos en términos del dólar, pero no en términos de oro, cuyo tipo de cambio con respecto a todos los bienes y servicios se mantendría igual que antes de la devaluación.
Así, la gasolina pasaría de los actuales 1,013 $/L a algo como 5,409 $/L.
Y así para todos los bienes y servicios, activos, inmobiliaria, etc., medidos en dólares.
Ahora, ¿que supone esta devaluación desde el punto de vista de la economía? ¿Y que deberían pensar los poseedores de dólares, y de otros activos?
Lo primero es entender que la devaluación de la moneda ROBA a todos los tenedores de esa moneda. Lo que antes valía 1 dólar, y compraba por un dólar, pasaría en segundos a comprar lo que antes compraban 0,187 dólares.
TODOS LOS PROPIETARIOS DE DÓLARES EN EL MUNDO, VERÍAN CONFISCADA EL 81,3% DE SU RIQUEZA MEDIDA EN DÓLARES.
Por supuesto, para el emisor es una jugada maestra, y es por esta misma razón que tras la confiscación del oro por el ladrón Roosevelt, lo primero que hizo fue DEVALUAR el dólar, que pasó de valer 1/20,67 oz. de oro a valer 1/35 oz.
Las consecuencias no deseadas pasarían por el aguillotinamiento de presidentes de BCs en las plazas públicas por parte de una turba de enfurecidos inversores.