Como una plaga llegarán los falsos profetas del guano e infectarán los medios, extendiendo el temor entre los inversores que acudirán asustados a los brazos de Tonuel. Entonces los cielos se apagarán cuando una legión de nubes oscuras los invadan a las órdenes de un mal dato y llegará la tormenta y la tierra temblará, y será en estas circunstancias cuando las gacelas embarquen en masa en los barcos de ventas abandonando el soporte, todavía firme, esperando escapar de la terrible profecía que sacudiría los cimientos de la renta variable. Miles y miles de gacelas retirarán los estandartes de Pepon y posicionarán velas con la intención de que el viento del los Cortos les aleje de la destrucción. Espantasos truenos acompañarán entonces la descarga de rayos que probarán hasta tres veces el inquebrantable soporte mientras la flota se aleja, por lo que no podrán escuchar la palabra de Pepon que pedía su regreso, y Él, enfurecido, les infringirá un terrible castigo por su falta de fe, haciendo soplar un poderoso viento del Rebote que arrastrará a la gacélica flota contra la escarpada costa del soporte, hundiendo en el profundo mar de los Mandriles sus cuerpos y cuentas que quedarán a merced de los tiburones. Y los fieles se regozijarán al alejarse las nubes dejando paso a un cálido viento de los Largos que anunciará la continuación del rally hacia Máximos [...]
[...] y pronto verán las gacelas un gran hombro cabeza hombros invertido cuya proyección ocultará el sol y forzará la hibernación de los osos. Tal será su magnitud, que los inversores olvidarán la palabra más elemental del mercado y ciegos quedarán comprados ante la resistencia. Y entonces, como la pesada descarga del mitológico elefante volador de cien mil toneladas, caerá el guano y empezará el reinado de Tonuel.