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El socialismo es un problema para este país, siempre lo ha sido y siempre lo será.
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(mensaje citado en revisión)
(mensaje citado en revisión)
JOSÉ BECERRIL MADUEÑO, REPUBLICANO Y SOCIALISTA, excelente químico y profesor de Ciencias de Instituto, CANCELADO por los franquistas en Baza en 1939
(imagen visible para usuarios registrados)José Becerril Madueño nació en 1889 en Alcalá de Guadaira, Sevilla. De extracción humilde, se costeó la carrera de Ciencias Químicas obteniendo 15 matrículas de honor mientras trabajaba de mancebo en una farmacia alcareña. En 1914 era profesor de Agricultura y Técnica Agrícola e Industrial en el Instituto de Sevilla así como de Ciencias Naturales en colegios asociados, ayudantías gratuitas por lo que en 1920 trabajó como químico en empresas de abonos, y fue profesor del laboratorio municipal de Higiene del Ayuntamiento de Sevilla en1922. En 1929 fue nombrado profesor numerario de Ciencias Exactas y Físico-Química del Instituto local de Arrecife, y posteriormente director.
Se casó con Trinidad Gómez Ordóñez, también de Alcalá, donde nació su único descendiente en 1926. José Becerril empezó su compromiso político en enero de 1922 en la agrupación socialista alcareña. En 1927, se afilió a la logia Filipinas adoptando el nombre masónico de Germinal. Con el advenimiento de la República, José Becerril se adhirió al nuevo régimen como concejal del cabildo insular de Arrecife, y luego Cabildo al servicio de la República. En 1932 consiguió plaza de profesor de Matemáticas del Instituto de Baza, donde fue nombrado director.
Becerril promovió la primera emisora de radio de Baza y su comarca: «para divulgar la cultura por medio de conferencias, cursos de idiomas, lectura de clásicos, audiciones musicales, etc.». Organizó la biblioteca del Centro que también fue la pública o popular de la ciudad. El compromiso Republicano y socialista de Becerril, y su defensa de la escuela laica, generó tensiones con la Iglesia y con grupos sociales e ideológicos reaccionarios bastetanos, granjeándose la enemistad de las clases dominantes tradicionales. Becerril era muy cumplidor con sus compañeros, pero surgieron problemas cuando las cuestiones profesionales se mezclaron con las diferencias políticas. En 1934, la mayor amenaza del centro era su supresión, pero un amplio movimiento social y político consiguió su consolidación alcanzando la categoría de Instituto Nacional.
Con la victoria del Frente Popular, la reanudación de las clases fue irregular, los profesores derechistas se negaron a incorporarse: Con la Guerra Civil las clases conservadoras y sus descendientes se retiraron de la escena y del Instituto. Cuando Granada cayó en manos rebeldes, Baza se convirtió en la capital Republicana de la provincia, consiguiendo una situación de gran estabilidad gobernando el bloque marxista del PSOE y el PCE, y desde finales de agosto un comité revolucionario socialista, comunista, Republicano y anarquista. Becerril se unió a la causa Republicana, aunque no colaboró en los comités, ni fue concejal, ni fue dirigente “del Frente Popular». Como socialista José Becerril se alineó con el bando de Juan zainín, partidario de la unión con los comunistas para ganar la guerra. Puso su pequeña emisora al servicio de la causa antifascista, emitiendo desde su casa, funcionando hasta el final de la guerra con ayuda popular. La actividad docente fue intermitente y con retrat a causa de la guerra. Se siguió potenciando la Biblioteca del Instituto, la única de la ciudad. Cuando entraron los «nancy», a partir del 30 de marzo de 1939, el Instituto de la República fue clausurado, varios alumnos lloraron porque este cierre.
El 30 de marzo de 1939 los franquistas detuvieron a Becerril y a su mujer, Trinidad Gómez, dejando a su único descendiente, José, completamente solo y desamparado. Junto al instituto de 2ª Enseñanza, José Becerril Madueño, catedrático de Matemáticas, de complexión fuerte, 50 años, recibió el bofetón de un mozo falangista, que había sido alumno suyo, rompiéndole las gafas. A Trinidad la condenaron a 20 años y 1 día por adhesión a la rebelión, estando presa 6 años. José Becerril fue prisionero en la cárcel en condiciones lamentables, siendo duramente maltratado. En su juicio Becerril fue acusado de dirigente del Partido Socialista, masón, emitir conferencias marxistas desde una emisora, político de extrema izquierda, ateo, asesorar comités revolucionarios. Su ideología, la pertenencia a la guasonería y al Socialismo, y el papel de su emisora son verdades evidentes, y para los franquistas el máximo enemigo que había que aniquilar. Sin embargo, no se le pudo probar ningún asesinato ni ser inductor de ningún crimen. Condenado a gloria, la sentencia fue ejecutada el 4 de septiembre de 1939 por un pelotón militar junto a Manuel Bou Pardo, agente comercial, concejal y afiliado a Izquierda Republicana.
Por su afán en desarrollar el Instituto Nacional de Enseñanza Secundaria de Baza, la enseñanza, la cultura, Becerril merece un reconocimiento. El Instituto fue un éxito, para la época tenía mejores instalaciones, nuevos medios de enseñanza, más alumnos, más medios como biblioteca, emisora, estación meteorológica, residencia de estudiantes, amplia oferta de sus servicios además de la docente, cursos nocturnos para obreros y obreras, cine didáctico, emisiones con fines culturales. Es una injusticia, por quienes se levantaron contra el régimen Republicano, clausuraron el instituto, asesinaron a su director, que le acusaran de su decadencia.
Su lucha por la educación y la cultura públicas le costó la vida, y en Baza le ha sido reconocida al ponerle su nombre a la biblioteca municipal, convertida desde su construcción (en 2014) en la principal instalación de promoción a la lectura y cultural de Baza, como símbolo ejemplar de la recuperación de la Memoria Histórica.
| Miguel Gila Cuesta (Madrid, 12 de marzo de 1919 - Barcelona, 13 de julio de 2001) |
Miguel Gila y el 5º Regimiento
"Con la mano izquierda se sujeta el fusil a la altura de la cintura, se tira del cerrojo hacia arriba, después se corre hacia atrás, se coloca el cargador, se empuja el cerrojo hacia adelante, se gira hacia abajo y ya tenemos una bala en la recámara. Después se apoya la culata contra el hombro, aseguraos de que la culata esté bien apoyada en el hombro, porque si no lo hacéis así, el retroceso del fusil puede romperos la clavícula. Se apunta con un solo ojo, observando que esta ranura de arriba coincida con el punto de mira, se aprieta el gatillo y de esta forma se dispara. El gatillo tiene dos tiempos, uno que prepara el percutor y otro que golpea en el casquillo de la bala. Cada vez que se termina el cargador, se vuelve a hacer la misma operación. Es muy conveniente durante el combate tener la bayoneta calada por si tenéis que entrar en el cuerpo a cuerpo. ¿Enterados? Bien. ¡Rodilla en tierra! ¡Carguen! ¡Apunten! ¡Fuego!"
Miguel Gila Cuesta
(Madrid, 12 de marzo de 1919 - Barcelona, 13 de julio de 2001)
"Para lanzar las granadas de mano se aprieta esta palanca, se saca el seguro tirando de la anilla y una vez quitado el seguro, siempre con la palanca apretada, se espera el momento de lanzarla; cuando llega ese momento, antes de arrojarla se suelta la palanca abriendo la mano, contáis diez segundos y la lanzáis. No lo hagáis antes de contar diez segundos porque os la pueden devolver".
Estas fueron todas las instrucciones que recibimos durante cinco días; después, con tres cartucheras llenas de balas, un fusil Mauser con su machete y dos granadas de mano, nos subieron a los camiones. Yo buscaba a Pedro Tabares. No lo veía por ninguna parte.
Adelante milicianos
a luchar con el valor
que nos da nuestro coraje
empujando el corazón.
A aplastar a los facinerosos,
[…]
que por no ceder sus fueros
quiere ahogar la libertad.
Camaradas, camaradas,
todos juntos a luchar
en la vanguardia.
Venceremos, venceremos,
que es de acero el Regimiento Pasionaria.
venceremos, venceremos,
nuestra consigna es aplastar,
a traidores y a facinerosos,
que jamás han de pasar.
Y me preguntaba yo: si me he alistado en el 5º Regimiento de Líster, ¿qué hago en el Regimiento Pasionaria? ¡Qué más da! Lo importante es luchar contra los facinerosos. Hacía mucho calor por aquella carretera en la que apenas había árboles, pero en el camión, con el aire, ni se notaba. Y seguí cantando como todos los demás:
¡Ay, ay, ay tirano burgués!
¡Ay, ay, ay, qué mal te vas a ver!
¡Ay, ay, ay, que viva nuestra unión
que somos comunistas
hasta el corazón!
O sea, que por lo que cantábamos, yo no era socialista, era comunista. Pero, pensaba yo, si pertenezco a las Juventudes Socialistas, ¿quién me ha hecho comunista? En fin, tampoco era momento de cuestionarme si era comunista o era socialista. Ni siquiera sabía cuál era la diferencia entre una cosa y otra.
Y así, subidos a los camiones, íbamos hacia el frente. Ese frente que iba a ser nuestro bautismo de fuego.
Yo seguía tratando de encontrarme con Pedro Tabares, pero alguien me dijo que lo habían destinado al Batallón Alpino. Lo mismo que me pasaba con lo del comunismo y el socialismo, no tenía ni idea de qué quería decir lo de "batallón alpino", si le habían destinado a un pinar o a los Alpes.
Cuando llegamos a Sigüenza, nos dividieron en pelotones y cada pelotón en escuadras de cinco individuos. Vimos gente corriendo de un lado a otro alocadamente. Algunos hombres llevaban escopetas de caza y otros esgrimían armas rudimentarias, sables, hoces, horquillas de hierro de las usadas para recoger las parvas, hachas, azadones, piquetas. Nos dijeron que estaban buscando facinerosos. Aquello parecía la escenificación de algún cuadro de El Bosco. Mi escuadra la componíamos Fernando, Fraguas, Medrano, Cabral y yo. Llegamos hasta una casa en la que había un gran revuelo, se oían gritos de mujeres. Entramos, cruzamos el comedor y fuimos hasta la cocina. En la cocina había una puerta trasera que daba a un pequeño campo mezcla de huerta y corral. En el suelo, en un gran charco de sangre, dos cuerpos tendidos, uno de ellos llevaba puesto el uniforme de la Guardia Civil, el otro una camisa y un pantalón, habían sido abatidos a tiros de escopeta; la cara del guardia civil era un amasijo irreconocible, la del otro, la del que vestía camisa y pantalón, tenía el espanto en sus ojos desmesuradamente abiertos, había recibido los disparos en el vientre y sobre la camisa se podían ver sus intestinos. Los hombres que los habían apiolado estaban con sus escopetas bajo el brazo y una sonrisa en el rostro. Nos recibieron en actitud de héroes, con su cara, su boina o su gorra quemadas de sol. Nos miraban a nosotros y a los dos hombres que yacían en aquel charco de sangre, y sujetaban sus escopetas bajo el brazo sin dejar de sonreír, solamente les faltaba poner un pie sobre cada uno de los perecid para hacerse una fotografía, como si hubieran ido a un safari y hubiesen capturado dos leones. Unas mujeres, con los ojos cegados por el llanto, contemplaban a aquellos dos hombres caídos, mientras daban gritos desgarradores. Unos niños se abrazaban a las piernas de las mujeres, en sus caras se reflejaban el terror y la incomprensión.
Uno, nos dijeron los de las escopetas, era el boticario y se llamaba Betegón, el otro era un teniente de la Guardia Civil, los habían cazado, ésa fue la palabra que utilizaron, cuando trataban de huir por la parte trasera de la casa. Eran, nos dijeron, dos facinerosos.
La visión de los intestinos del hombre con camisa y pantalón y la cara del guardia civil completamente destrozada me provocaron un vómito que no pude evitar. Comencé a sospechar que la guerra iba a ser dura y sangrienta. Cuando tomé la determinación de alistarme como voluntario no supuse que esa guerra civil iba a ser aprovechada por muchos para realizar una serie de venganzas llevadas a cabo con la disculpa de estar del lado de la derecha o del lado de la izquierda.
Si dijera que al enrolarme lo hice apoyado en un profundo conocimiento de la política o de la ideología, estaría faltando a la verdad. A pesar de mi escuchar, de mi leer y de mi preguntar, tanto mis conocimientos ideológicos como políticos eran muy limitados, tan limitados que no sabía distinguir entre el comunismo y el socialismo, lo único que tenía claro, porque así me lo habían explicado en mi casa, era que los trabajadores corrían el riesgo de perder los derechos conseguidos gracias a la República, y que por eso había que defender la República, aunque para ello fuese necesario jugarse la vida.
Mi ideología se iría formando más adelante, durante los primeros meses de vivir la guerra con todos sus pavor, después de que me llegara la noticia de los fusilamientos de Badajoz, después del bombardeo de Guernica por la aviación alemana, después de los continuos bombardeos de Madrid, donde las mujeres aterrorizadas corrían con sus descendientes en los brazos a buscar refugio en las estaciones del metro, y se afirmaría algunos meses antes de terminar la guerra, después de ser testigo directo del cruel comportamiento de los mercenarios traídos por Franco de África, después de las humillaciones que padecí y vi padecer a otros hombres jóvenes como yo en los campos de prisioneros y en las improvisadas cárceles de la dictadura. Porque aunque algunos traten de negarlo, la posguerra fue muchísimo más cruel que la guerra misma. Si durante la guerra hubo muchas venganzas personales, la posguerra la superó con creces en ese tipo de ajuste de cuentas.
Yo, a mis diecisiete años, pensaba que la guerra, aun tratándose de una guerra civil, iba a ser una lucha limpia entre dos bandos con distinta ideología o con distinta forma de pensar. Y de lo que estaba plenamente convencido era de que el levantamiento de Franco contra la República iba a ser cuestión de días.
Miguel Gila
Entonces nací yo. Memorias para desmemoriados
BLAS INFANTE PÉREZ DE VARGAS, ANDALUCISTA, REPUBLICANO, CANCELADO extrajudicialmente por falangistas el 11 de agosto de 1936 en Sevilla
(imagen visible para usuarios registrados)Blas Infante Pérez de Vargas nació en Casares (Málaga) en 1885. Su padre Luis Miguel era licenciado en Derecho y secretario del Juzgado de Casares, y su progenitora, Ginesa Pérez de Vargas, procedía de una familia de labradores de clase media. La familia padeció la crisis económica derivada del desastre de 1898. Por ello, Blas tuvo que dejar el colegio y el último curso de bachillerato lo hizo por libre. Vivió su infancia en el contexto de una Andalucía campesina en un momento de crisis, fuerte analfabetismo, paro y emigración, que trascienden en su posterior acción política.
Desde 1900 trabajó como escritor en el juzgado de Casares, al tiempo que estudió por libre en la facultad de Derecho de la Universidad de Granada, finalizando la carrera en 1906. En 1909 aprobó una oposición como notario en Cantillana, destino que le permitió entrar en contacto con el ambiente intelectual sevillano y con las ideas regionalistas andaluzas, especialmente con el Ateneo de Sevilla. Reforzó su conocimiento de las gentes de Andalucía ejerciendo como notario en Isla Cristina, donde trabajó durante la década de 1920. Infante se casó el 19 de febrero de 1919 con Angustias García Parias, con quien tuvo 4 descendientes.
Su pensamiento político era heredero de los movimientos Republicanos y federalistas de la España del siglo XIX, defendiendo a Andalucía como región española diferenciada del resto. Su objetivo era la reconstrucción de Andalucía, para conseguir la regeneración de España: “Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano. Creo que, por el nacimiento, la naturaleza señala a los soldados de la Vida el lugar en donde han de luchar por ella. Yo quiero trabajar por la Causa del espíritu en Andalucía porque en ella nací. Si en otra parte me encontrare, me esforzaría por esta Causa con igual fervor”.
En 1915 se publicó su obra más importante: Ideal andaluz, donde explica su visión personal de la historia, la identidad y los problemas de Andalucía, así como propuestas para su fortalecimiento. En 1918 se celebró la Asamblea de Ronda inspirando una constitución regional para Andalucía dentro de una República federal española, según la Constitución de Antequera de 1883 del Partido Republicano Democrático Federal. Se establecieron las bases de la autonomía política de Andalucía, y se aprobó la propuesta de Blas Infante de la bandera verdiblanca y el escudo de Hércules.
Rechazó colaborar con la dictadura de Primo de Rivera, y en represalia fueron clausurados los Centros Andaluces fundados por él en 1916. Trabajó como notario en Isla Cristina (Huelva) desde 1923 hasta 1931. Con la proclamación de la República en 1931 se hizo cargo de la notaría de Coria del Río, donde se construyó una casa que llamó Dar al-Farah (en árabe “Casa de la Alegría”) inspirada en la arquitectura de Al-Ándalus encargándose personalmente de su decoración.
Su proyecto político pretendía el repudio del centralismo frente al federalismo, la solución al caciquismo, la reforma del complicado sistema electoral, de la economía y de la justicia, la libertad de enseñanza, de matrimonio, etc. En 1933 propuso que la melodía del canto religioso Santo Dios, un himno que cantaban segadores de algunos pueblos andaluces a la salida o a la puesta del sol, fuera el himno de Andalucía, cambiándole la letra por un texto suyo. Este himno, la bandera y el escudo elegidos en la Asamblea de Ronda son actualmente los símbolos oficiales de Andalucía.
El 5 de julio de 1936 se aclamó a Blas Infante como presidente de honor de la futura Junta Regional de Andalucía. A los pocos días del golpe militar varios falangistas le detuvieron en su casa de Coria del Río; fue cancelado, sin juicio ni sentencia, junto a otros 2 detenidos el 11 de agosto, en el kilómetro 4 de la carretera de Sevilla a Carmona. Cuatro años más tarde, el Tribunal de Responsabilidades Políticas, creado después de la guerra, le condenó a gloria y a sus herederos a una multa económica: “..porque formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta 1936 se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz..”
Es considerado por el Parlamento de Andalucía como el «Padre de la Patria Andaluza» y homenajeado anualmente cada 28 de febrero con motivo de la celebración del Día de Andalucía.
Hombres "güenos", sin duda alguna ... tanto que después de terminar con los de "derechas" siguieron enfrentándose entre ellos.
"Las comarcas de Guadix y Baza pueden considerarse una de las zonas más conflictivas de la provincia de Granada durante la segunda república ( 1.936 - 1.939 ); esto se debió a la gran fuerza rival entre partidos de izquierda y derecha que existían por aquel entonces."
"En julio de 1.936, con la sublevación de Franco en Jovenlandia, la Guardia Civil de Guadix así como la falange, apoyada por los grupos de derechas de Baza, declaran el estado en guerra a lo que responden los ciudadanos de izquierdas ( socialistas, anarquistas, comunistas y republicanos ) con un comité revolucionario de defensa. Tras los primeros enfrentamientos, el bando de derechas se refugia en el cuartel de Guadix debido a la fuerza de la oposición obrera, a la que se habían unido milicias socialistas y anarquistas y tropas republicanas de Almería y Alicante; como apoyo a la izquierda se unieron también los mineros de Alquife ( Granada ) que traían consigo grandes cantidades de dinamita con el fin de hacer estallar el cuartel de Guadix. En este momento las fuerzas obreras se hacen con el control de toda la ciudad, y de la comarca, formando así el Comité Obrero antifascista."
"La izquierda comienza a trabajar en medidas revolucionarias intentado ofrecer a los trabajadores los derechos que les pertenecían y que durante tantos años les habían robado sus explotadores caciques. Empiezan a incautar y colectivizar las grandes propiedades latifundistas, del comercio y de la industria así como a liquidar la creación de un Comité de Salud Pública cuya función era atentar contra la derecha acabando con la vida de de más de 211 sacerdotes, un elevado número de políticos de derechas y gran cantidad de propietarios de tierras que habían esclavizado durante años a la mayoría de la población."
"A final de Julio de 1.936 en Huétor - Santillán ( Granada ) detienen a las columnas milicianas ( formadas por todos los grupos de izquierdas que habían controlado las comarca de Guadix y Baza ) que tenían el objetivo de ejercer la ofensiva contra la capital granadina, donde había triunfado el Golpe de Estado. Hacia octubre de 1.936 la administración estatal se hace de nuevo con el control en perjuicio de los sindicatos, estableciéndose la Fruta provincial en Baza y siendo sustituidos los comités por ayuntamientos. Al año siguiente se producen fuertes enfrentamientos en este mismo pueblo entre los socialistas - comunistas ( partidarios de mantener la legalidad republicana ) y los anarquistas ( quienes optaban por la revolución )."
(mensaje citado en revisión)
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Como podemos apreciar en el tweet, los comunista están tratando de meter a los suyos en el mismo saco que Campoamor para alardear de ser los precursores del feminismo, cuando la realidad fue bien distinta:
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Por cierto, el abuelo de Pablito estaba tan ligado a Margarita Nelken, que la acompañó en sus 3 campañas electorales. Nelken se oponía fervientemente a que las mujeres pudiesen votar porque temía que votasen a la derecha. Pavlo sabe esto de sobra... e Irene seguro que también.
Con estos “padrinos” no es de extrañar la trayectoria real de Manuel Iglesias Ramírez. Una vez que acabó la carrera de Derecho, «lo colocó Nelken en un bufete de Madrid». Hizo carrera. Varios fueron los cargos que recayeron sobre el abogado: intervino como delegado gubernativo en el desarme y traslado de la Guardia Civil. La guerra civil le cogió en Madrid. “El día 22 de julio de 1936 fui convocado por Margarita Nelken y Jesús de Miguel, ambos fruta por Badajoz, en la Ciudad Universitaria, y allí se me entregaron 75 fusiles del año catapúm para que los llevara al pueblo, y con ellos hacer frente a los segarro y al tercio, que, mandados por el Comandante Castejón, subían de Sevilla a Badajoz”, continúa en el escrito que dejó a sus descendientes. “A las órdenes del Coronel Puigdengolas, hicimos frente a las fuerzas facinerosos en la Sierra de San Jorge, en los Santos de Maimona. Al primer choque, aquellos hombres, entrenados y aguerridos, nos disolvieron y nos hicieron huir a la desbandada. Yo tomé el último tren que salía de Mérida para Madrid, y a eso le debo la vida”.
Respecto a su idolatrada Nelken...
Margarita Nelken fue una política socialista que, una vez empezada la Guerra Civil, se afilió al PCE. Entre sus aportaciones a la “dignidad” y sus muestras de “talento”, según ha declarado Pablo Iglesias, se encuentran algunas actuaciones claramente represivas en la retaguardia del bando republicano. Alentó la revolución de Asturias de 1934 en la que las milicias socialistas, anarquistas y comunistas se levantaron contra la entrada de tres ministros de la derechista CEDA que habían ganado las elecciones un año antes y no se les había permitido entrar en el Gobierno.En los días inmediatos a la Guerra Civil el guardaespaldas de Indalecio Prieto, Luis Cuenca, asesinó al fruta y líder de la derecha José Alopécico Sotelo. Con él estaba Fernando Condés, dirigente de la guardia de seguridad personal de Prieto a la que se conocía como “la motorizada”. Tras cometer el crimen, Condés se escondió en la casa de Nelken donde fue protegido durante varios días.No terminan ahí las “dignidades y los talentos” de Nelken. Tras el comienzo de la Guerra Civil inició la publicación de una serie de artículos en el diario Claridad en los que pedía la pena de gloria para los quintacolumnistas –defensores del bando sublevado en la retaguardia republicana- y colaboró activamente con Santiago Carrillo en las sacas de presos que acabaron siendo asesinados en Paracuellos. Ocultó las sacas cuando las diferentes embajadas con presencia en Madrid pidieron explicaciones y alentó los episodios “espontáneos” de violencia de comunistas contra anarquistas, fruto de los cuales el anarquista Juan García Oliver la responsabilizó de ser la líder del grupo más violento de las Juventudes Socialistas Unificadas en la retaguardia de Madrid. Nelken nunca tuvo problemas en mostrar su verborrea violenta y en aplicarla en cuanto tenía la menor oportunidad.
(mensaje citado en revisión)
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Sicarios falangistas sembraron Pontevedra de TERROR
(imagen visible para usuarios registrados)El capitán Carreró proclamó el Estado de Guerra en la Puerta del Sol de Vigo, disparando con su revolver contra la multitud que vitoreaba a la República. Carreró fusiló a la población Republicana cuando las descargas de los soldados alcanzaron a multitud de hombres, quedaron tendidas más de cien personas. Los guardias civiles hicieron causa común con los sublevados cuando vieron que tenían las de ganar, y se echaron a la calle disparando contra el pueblo por la espalda.
Lo que ocurrió en la provincia de Pontevedra fue lo mismo que ocurrió en toda Galicia. Los franquistas tomaron Vigo por la firme y heroica resolución de los dirigentes Republicanos que se opusieron a dar armas al pueblo para evitar el derramamiento de sangre. Si lo hubieran hecho la rebelión militar hubiese sido totalmente vencida en 24 horas. Sabían que su lealtad Republicana sería castigada por los rebeldes, pero no imaginaban la saña feroz con que iban a ser asesinados.
Cuando los militares se sublevaron, los falangistas no existían, pero se multiplicaron prodigiosamente. Los primeros que hubo en Vigo fueron delincuentes sacados de la cárcel, ociosos y mal intencionados, atraídos por la impunidad con que podían cometer atropellos, vengar sus agravios personales o satisfacer sus odios de clase. Los falangistas señalaban a los militares rebeldes a los enemigos que había que aniquilar. Asaltaban e incendiaban las casas de los izquierdistas confiscando cuanto encontraban, practicaban detenciones, registros, atropellos, se apoderaron de la Casa del Pueblo donde instalaron su cuartel general. Las cárceles se abarrotaron de honrados defensores de la libertad y de la República. El terror falangista extirpaba automática al adversario político sin remordimientos. La falange fue la rebelión de los peores, de los más ineptos, de los fracasados, una explosión incivil de malos instintos y apetitos desenfrenados. Establecieron cuartelillos donde se organizaban horrendas expediciones de madrugada que sacaban a los presos Republicanos para asesinarles y dejarles tirados en las carreteras.
Se tiene constancia de que 2.500 personas fueron exterminadas en Vigo durante y después de la Guerra Civil. El terror blanco era decretado por “orden superior”. Pasan con mucho del millar las víctimas asesinadas por el procedimiento de la detención previa y “el paseo” de madrugada. En la mayoría de los casos, los detenidos eran torturados antes de ser asesinados. Los asesinatos de trabajadores comenzaron a finales de agosto. Los “paseaban” ordenada y sistemáticamente por gremios, matándolos en grupos de 5 de personas de un mismo oficio. Primero los tranviarios, especialmente los significados por Republicanismo. Luego el gremio de metalúrgicos, después los ferroviarios. El mayor número de asesinados fue en la carretera general de Vigo a Orense hacia Confurco y Puxeiros, aparecían grupos de 8 o 10 cadáveres. Hubo noches en la que aparecieron en diversos lugares hasta 40 asesinados. Una madrugada metieron hasta 42 hombres en 2 camiones y desde Vigo hasta Porriño dejaron la carretera regada de cadáveres. Cada kilómetro asesinaban a 2 o 3 y seguían.
En la carretera de Valladares a Corujo, los malos no recogían los cuerpos de sus víctimas, les dejaban ostensiblemente tiradas en las carreteras para aterrorizar a la población. Los familiares de los presos desaparecidos vivían tiempos de angustia yendo sobresaltados a ver los cadáveres que diariamente aparecían, recorriendo desesperados las playas y los caminos hasta que los seres queridos que buscaban aparecían, bien porque los empujasen las olas hacia la orilla, porque los sacasen a flote las redes de los pescadores o porque el hedor de la putrefacción denunciase su presencia entre los maizales que les ocultaban.
El ejecutor principal de los asesinatos fué el fruta monárquico Víctor Lis Guillén y sus cuadrillas falangistas deteniendo y asesinando por pueblos y aldeas a labradores izquierdistas. Sólo en Puenteareas, Redondela, Porriño y Sanjenjo cometieron más de 200 asesinatos. Las playas eran también lugares predilectos para sus crímenes. En la playa de Cesantes, en Redondela fue donde más asesinatos se cometieron, y en las de Samil, Canido, Panjón, Espiñeiro y Moaña, en la de La Concheira y frente al lazareto de San Simón, aparecían los cadáveres a docenas. Era normal ir a bañarse en el mar y tropezar con la escena macabra de los perecid que las olas empujaban a la arena, algunos con una piedra al cuello.
Con miles de mujeres antifascistas o madres, hijas o esposas de hombres izquierdas, se cometieron vejaciones inauditas. Cortaron sus cabellos a trasquilones, las purgaron con ricino, las ridiculizaron. La iglesia atizó el repruebo de clase con saña, incitando a las masas católicas al exterminio de sus adversarios políticos olvidando los fundamentos cristianos. En Redondela, mujeres católicas se manifestaron en la cárcel amenazando e injuriando a los presos políticos. “¡A gloria! ¡A gloria!” gritaban frenéticas en espantoso aquelarre, revelando la crueldad del fanatismo religioso en España. Los franquistas destituyeron al 80% de los maestros nacionales, muchos fueron asesinados. El galleguismo fue perseguido como un crimen abominable. Se practicó a la perfección la extorsión de los ciudadanos mediante multas, incautaciones, confiscaciones.
Mientras el franquismo continúe encastrado en las instituciones del actual régimen “constitucional”, sus crímenes permanecerán impunes y las víctimas tendrán que continuar pidiendo “verdad, justicia y reparación”.
BOE del 1 de abril de 1969, cuya primera disposición general de esa fecha dice:
«Artículo primero.-Se declaran prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al uno de abril de mil novecientos treinta y nueve.
Esta prescripción, por ministerio de la Ley, no requiere ser judicialmente declarada y, en consecuencia, surtirá efecto respecto a toda clase de delitos, cualesquiera que sean sus autores, su gravedad o sus consecuencias, con independencia de su calificación y penas presuntas, y sin tener en cuenta las reglas que los Códigos vigentes establecen sobre cómputo, interrupción y reanudación de los plazos de prescripción del delito...».
Es decir, la amnistía de 1977 pudo librar a Carrillo de toda persecución por sus actividades en la clandestinidad y al frente del ilegal Partido Comunista de España. Pero de los posibles crímenes de sangre cometidos durante la guerra civil, y en concreto de los de Paracuellos del Jarama, no le libró la amnistía del Rey.
Le libró el decreto del nefando dictador.
Fue Franco el que indultó a Carrillo
Bien, ahora lo importante.......Los delitos cometidos por la dictadura por las familias que apoyaron al nefando dictador.
Cuando serán juzgados??