Ex-dueños de salones recreativos de los 80 y 90 cuentan lo "lucrativo" que era el negocio

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

El oro de los recreativos: cuando los palilleros se hicieron millonarios Un BMW 520 costaba siete millones de pesetas a finales de los ochenta, el equivalente a dos pisos de la época. Y hubo dueños de salones recreativos que se lo compraron.

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CRÓNICA DEL DEBATE POR TRAMOS
  1. El hilo de los recreativos se parte en dos: nostalgia contra realidad (10 May 2019 – 13 May 2019)
  2. Del recreativo al casino: el hilo se va por las ramas (13 May 2019 – 3 Oct 2023)

Vlad_Empalador

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Las primeras palabras de un descendiente, los besos de los quince años, las tardes de los años ochenta y noventa en los salones arcade gastando compulsivamente monedas de cinco duros y urdiendo una ruta de salida que nos permitiese evitar el encontronazo con los quinquis de turno.

Momentos maravillosos que no duran más de lo que tienen que durar. Su belleza frágil y pasajera es lo que los hace inmortales, y a ese plano tenemos vetado un segundo acceso de por vida. En el caso que nos ocupa, las tardes en Billares Jesús o Recreativas Peñismar que no volverán nunca. Duraron lo que tuvieron que durar para empadronarse en nuestra memoria. Hoy quedan sus fundadores.

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Eugenio Utiel sosteniendo un cuadro con fotografías de su etapa en Recreativas Denver. El cuadro de Julio Iglesias era parte de la decoración del local y del 'todo vale' ochentero.
Eugenio Utiel nació en Madrigueras (Albacete) hace ochenta y tres años. Siendo un niño su familia se trasladó a Torrent (Valencia), y en 1968, con treinta y tres, decidió abrir su propio salón de juegos en esta localidad: Recreativas Denver. Empezó, como es fácil intuir por la época, con juegos meramente analógicos. Un ping-pong, unos billares, un futbolín...

(mensaje citado en revisión)
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En Torrent, la ciudad de Recreativas Denver, llegaron a coexistir siete salones de recreativas. Eugenio, a quien todavía hoy muchos vecinos llaman Denvercoloquialmente, se ufana de que el suyo fue el único en mantener a dosis de poleo a cierto tipo de personas muy habituales en salones como el suyo.

(mensaje citado en revisión)
Los ochenta equivalen a nostalgia a raudales, pero también fueron duros.

"El Tetris y el Michael Jackson eran lo que mejor funcionaba. Primero teníamos las españolas, no funcionaban mal. El Pong también triunfó. Pero las americanas... esas sí enganchaban a la gente, sobre todo esas dos que te digo. Me costaban un dineral, pero en seis, siete, ocho meses más o menos, ya las amortizabas. Al principio las partidas eran a una peseta, luego a dos, a cinco... y así hasta a veinticinco. El auge rellenito fue entre 1985 y 1996 más o menos".

Más allá de Tetris y moonwalks, preguntamos a Denver por otras arcades exitosas. Aunque no recuerda bien los nombres, por sus descripciones podemos intuir que habla de dos: Street Fighter 2 y 1941: Counter Attack. "La de las peleas -la primera- era para chicos, sobre todo adolescentes. A la de guerra -la segunda- le tiraba gente algo más mayor. Esas dos también funcionaban muy muy bien, de hecho creo que fueron las que puse porque un amigo de Catarroja [ciudad vecina] me las recomendó pedir. "Siempre he tenido suerte y buen ojo, porque en ese momento no es que las arcade fuesen mal, pero las reemplacé casi todas por máquinas de premio".

Sobre ese buen ojo, da otra anécdota: "Algo después de que se estrenase Jurassic Park en el cine, un proveedor me ofreció la recreativa de Jurassic Park. Estuve a punto de comprarla, pero era carísima y enorme. No te sé decir el precio, pero mucho. Como era tan grande, para ponerla hubiese tenido que quitar dos. Pero como ya era el año 96 o así, al final no la compré. Si me la llegan a ofrecer cinco años antes, seguro que sí. Menos mal que no, no creo que la hubiese amortizado".

Tampoco sabe precisarnos cuál, pero cuenta que los muebles con asiento, volante y pedales arrasaban y nunca estaban vacíos. Posiblemente esté hablando del OutRun, icono de SEGA, o del Daytona USA y su impresionante cambio de transmisión manual. "Lo malo de esos, que eran de mueble grande, es que jugaba uno y seis se apoyaban para mirar sin hacer gasto [ríe]". La clásica figura del mirón que intentaba formar parte de la partida sin molestar demasiado al jugador.

Antes de que el lenguaje de barrio se desbravara por aquello del qué dirán, a esas máquinas de premio de las que habla Denver se les llamaba tragaperras. "Yo hacía lo que era bueno para el negocio. Puse un quiosco de prensa y revistas, siempre mantuve los billares de primer nivel... Y cuando llegaron, puse las máquinas de premio, muchísimo más caras y aún así muchísimo más rentables. Cada máquina me costaba medio millón de pesetas, y aparte otro medio millón de pesetas anual por la licencia de juego, que se pagaba trimestralmente. Tenía que irme a Madrid para el papeleo y todo. Y aún así... Lo más rentable".

Cuando las consolas y ordenadores hicieron que muchos dejasen de ir a los salones arcade, algunos dueños encontraron una rentabilísima alternativa en las tragaperras
La de las tragaperras fue la última etapa de Recreativas Denver, que supo pivotar rápido. Para aquella segunda mitad de los noventa, la llegada de videoconsolas a las casas y su velocidad de innovación técnica mucho mayor se cargaron por completo a los salones arcade. En el caso de Denver, se las quitó de encima antes de que llegaran realmente a devaluarse. Recuerda esos ochenta y noventa como "la mejor época de mi vida".

"Gracias al salón pude comprarme un apartamento en la playa, un BMW 520, pagar carreras a mis dos hijas... Quién me lo iba a decir a mí, un pobre diablo de un pueblo de Albacete". Hoy, Recreativas Denver es una papelería, y el Bar Siglo XX, una óptica. Ni rastro de la época de gángsters amenazando con descuartizar a los chivatos de las arcade.

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A la izquierda, Eugenio Utiel en la puerta de Recreativas Denver a finales de los noventa. A la derecha, vista del local a día de hoy, convertido en una papelería.
Sobre los motivos del ocaso de las arcade, también preguntamos a Denver por esa subida tan marcada de precios que ha comentado y si quizás tuvo que ver en que dejase de ser un ocio tan atractivo para un público mayoritariamente adolescente. "Puede ser, pero es que el que no quería subir precios cuando todos lo hacíamos no era un empresario, hacía aquello por el amor al arte. Igual que el que siguió con las recreativas cuando llegaron en serio las máquinas de premio, la gente se dejaba muchísimo más dinero, eran personas más adultas que ya trabajaban... yo siempre miré por mi negocio".

En un pequeño pueblo de Zamora
El de Herminio Jesús Quina es un caso un poco más peculiar: centró su salón exclusivamente en máquinas arcade durante los once años que duró abierto, entre 1988 y 1999. La localización también fue peculiar: Villaralbo, un pueblo de menos de dos mil habitantes a cinco kilómetros de Zamora, a menos de una hora de Portugal.

Era relativamente habitual que en sus primeros días las máquinas se llenaran de monedas para la sorpresa de sus propietarios, que no planeaban un nivel de ingresos así
"Era el único salón de la zona. Antes era un bar que llevaban mis suegros, se llamaba Mixto y dejé el mismo nombre para el salón. Salón Arcade Mixto".


No fue de los primeros, para cuando el Mixto fue la Meca de la chavalería villaralbina ya había muchas salas abiertas en el país. Pero a él le salió algo más barato, ya que las compraba estropeadas y él mismo las arreglaba.

"Era técnico y me traían muchas arcades para reparar. Cuando vi su popularidad, decidí abrir el salón. Era una forma fácil y rápida de ganar dinero". Sin entrar en detalles, apunta que fue una muy buena época económica para él por la rápida y buena aceptación que tuvo en el pueblo. Incluso pudo comprarse un coche "sin complicaciones". Una anécdota que resume aquella bonanza:

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(mensaje citado en revisión)
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En el Mixto triunfaban, sobre todo, tres arcades: Tetris, Golden Axe, y 1942. No era muy distinto al top de Denver en Torrent. "Era gracioso porque veías a los niños haciendo cola, y a lo mejor al final de la fila estaban sus padres esperando también, sobre todo para el Golden Axe". Eso, los éxitos. ¿Y los fracasos? "La que menos éxito tenía era Squash".

Al tratarse de un pueblo pequeño, cuenta, nunca tuvo problemas de conducta entre la clientela. "Tenía mi salón bien controlado, la gente me respetaba. Si alguno se pasaba con otro, le llamaba la atención y ahí se quedaba. Únicamente podía tener algún problema con el padre de algún niño problemático, pero nada más". Llegados aquí, Herminio se emociona recordando: "Era fácil hacer amistad con ellos, eran chavales que venían muchas horas, muchos días, llegué a sentir cariño por muchos. Ahora son adultos y se acuerdan de mí, alguno hasta cuenta conmigo para algunas reparaciones".

(imagen visible para usuarios registrados)Herminio Jesús Quina.
Cuando el salón terminó de despuntar, contrató a una persona para que se encargara de él mientras seguía con las reparaciones. Años de prosperidad a los que se puso fin justo antes de que terminara el siglo. "Ya estaba cansado, y con la llegada de ordenadores y consolas, la gente dejó de venir. Hasta entonces, la forma más fácil y […] de ganar dinero era montar un salón arcade".

Al igual que Denver, Herminio cuenta con cierto pesar cuál era el destino de las arcades: destruirlas en un basurero
El destino de todas sus máquinas arcade fue el que en aquella época se veía como lógico aunque hoy nos parezca una aberración sacramental: el vertedero. "No lo pensé en el momento, pero ahí fueron todas a parar, al vertedero. Las que no, las regalé. Luego vi que podía haberlas vendido y la verdad es que me arrepiento un poco".

Las arcade que se desenchufaban tenían un protocolo concreto de actuación: en primer lugar, dar de baja su licencia, algo que costaba dinero en trámites. Después, almacenarlas, algo que también costaba dinero en cuanto a espacio ocupado en un almacén. En cuanto el espacio escaseaba, esos muebles enfilaban el camino del basurero. Mantenerlas sin más era otra vía de escapa del dinero, y el nuevo milenio supuso el principio de su hundimiento.

¿Qué queda hoy del Salón Arcade Mixto? En Herminio Jesús, un recuerdo. En el local, una licorería.

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Los salones arcade que llegaron a España en los ochenta y los noventa solían compartir patrón. No había guía oficial alguna, sino unas meras líneas maestras que se dibujaban espontáneamente en la cabeza de sus fundadores y solían coincidir en las de todos, como las sensaciones inducidas de los magos. Especialmente si acotamos el término "salones arcade" a los que llevaban en el letrero el nombre de pila de su propietario o intentos de amalgama del nombre de la ciudad -o pueblo- con algún anglicismo, tan exótico en aquella época. "Recreativas Cabo de Palos Park". Los de barrio siempre fueron más auténticos que los del centro de grandes ciudades o centros comerciales, más burgueses, menos decadentes.

(imagen visible para usuarios registrados)Imagen: Arcade Vintage.
(imagen visible para usuarios registrados)Imagen: Arcade Vintage.
El esquema habitual era más o menos así:

  • Nula decoración por las paredes. Si el propietario tenía cierta devoción por los videojuegos (algo que nunca fue un requisito), quizás podíamos encontrar algunos pósters en las paredes. Poco más.
  • Iluminación artificial perenne y nula o casi nula iluminación natural. Una forma tan añeja como efectiva de optimizar el espacio (paredes completamente tapadas por objetos parte del negocio, no ventanales) y a la vez de retener más tiempo a la clientela, incapaz de detectar por la iluminación qué hora es.
  • Futbolín a la vista desde la caja, una medida destinada a evitar los clásicos papeles de periódico taponando los agujeros de las porterías para hacer interminables las partidas, cuando no se volcaba directamente el futbolín completo para sacar las bolas y tocar las ídems al encargado de turno que se las veía para darle la vuelta de nuevo. Además, el futbolín podía ser un punto de conflicto más habitual que las máquinas.
  • Como fondo del escenario, una neblina permanente de humo de tabaco(cuando no de algo más), venta de chucherías y bebidas sobre todo desde que el negocio empezó a ir a la baja, y algunas pintadas sobre las máquinas. Lo habitual era aprovechar para dejar mensajes desagradables dirigidos a alguna moza del pueblo o al encargado de la sala y otras lindeces muy dadas en aquel entonces a acabar estampadas en el mobiliario.
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Nostalgia a raudales. Qué tiempos aquellos, el primer párrafo lo describe perfectamente. Había que tener cuidado al salir de los recreativos, porque había gente pululando por allí que iba a por tus monedas de cien pesetas.
 
Última edición:
Nostalgia a raudales. Qué tiempos aquellos, el primer párrafo lo describe perfectamente. Había que tener cuidado al salir de los recreativos, porque había gente pululando por allí que iba a por tus monedas de cien pesetas.

Efectivamente, qué nostalgia. Yo creo que no he tenido ni tendré mayor adicción en mi vida que esa, la paga semanal ahí no duraba ni medio asalto.

Recuerdo momentos épicos, cuando el típico súper fenómeno se ponía a jugar y acababa el juego, o simplemente llegaba a pantallas a las que no había llegado ni Dios, que todo el mundo iba corriendo a verlo, se arremolinaba la gente en torno a la máquina y había empujones por los sitios.

Enorme. De todas formas los que se hicieron ricos fueron los de las tragaperras, no los de los Salones tipo Arcade.
 
Dentro ni canutos, ni cervezas, pero fuera podías pillar todas las drojas del mercado, y estoy hablando de barrio pijo de Madrid. Aparte, podías echar la tarde viendo las más variopintas movidas, buenas peleas me he visto yo apoyado en un coche en la puerta.
 
La Jurassic Park esa que mencionan en el articulo eran 5 milloncejos, lo digo porque "trabajo" en ese ambito y creo que ese era su precio cuando la adquirio mi empresa, mueble inmenso, para mover ese, el F355, uno de Sky y uno de Ala Delta para meterlo en algunos sitios si no recuerdo mal eramos 4 personas ( cuando no eran 6 si habia escaleras de por medio).
 
Efectivamente, qué nostalgia. Yo creo que no he tenido ni tendré mayor adicción en mi vida que esa, la paga semanal ahí no duraba ni medio asalto.

Recuerdo momentos épicos, cuando el típico súper fenómeno se ponía a jugar y acababa el juego, o simplemente llegaba a pantallas a las que no había llegado ni Dios, que todo el mundo iba corriendo a verlo, se arremolinaba la gente en torno a la máquina y había empujones por los sitios.

Enorme. De todas formas los que se hicieron ricos fueron los de las tragaperras, no los de los Salones tipo Arcade.

Eran otros tiempos; esos dueños de salones actuaban como una especie de padre, o de 'rectificador' digamos. Te ponían a dosis de poleo si te pasabas o hacías alguna tontería o si tenías movidas con algún otro de ahí. Cuando aún no había esta corrección política tan desmesurada.

Cuando el tú a tú era lo normal, lo cotidiano. Las redes sociales lo han cambiado todo. En fin.
 
Yo recuerdo de los 90 que eran sitios bastante chungos y uno de los mejores argumentos que podía esgrimir un chaval para que le consiguieran un ordenador o una consola era para no ir a esa clase de sitios. Décadas después lo que eran dos mataos (friki es una palabra de los 2000) se ha convertido en la norma.
Irse a un barrio que no era el tuyo, meterte en los recreativos y en una máquina que conocieras hacer high score podía ser una provocación y un marrón.
 

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