Del recreativo al casino: el hilo se va por las ramas
El hilo de los recreativos ya no va de recreativos. En este tramo, los foreros saltan de los pinballs a las tragaperras, de las tragaperras a las casas de apuestas y de ahí a Star Wars, Disney y la política. La nostalgia se mezcla con el cabreo y el hilo se convierte en una conversación de barra de bar.
Qué se ha sabido
Los datos concretos que aparecen en este tramo son variados. Un forero cuenta que en Japón ha visto salas de recreativos de hasta
5 plantas con escaleras mecánicas, una dedicada a juegos de los 80 y 90. Otro recuerda que en los 60 ya había un gran salón en Oviedo con Scalextric, futbolines y billares. Sobre pinballs, un participante dice que compró cuatro máquinas americanas (Williams/Bally) de los 90 hace 10 años por entre
700 y 1200 euros cada una, y que hoy valdrían unos
10.000 euros en buen estado. Otro asegura que un pinball de Star Wars nuevo sale por casi
6.500 euros. Se habla de la Sega R360, una máquina que se vendió en España hace tres años por
10.000 euros. Un forero cuenta que un conocido compró un pinball de Corvette C4 por
5.000 euros en Reino Unido. Sobre tragaperras, un participante dice que a un amigo suyo le ofrecen pagarle la reforma del bar por instalar sus máquinas. Otro recuerda que su familiar, con dos tragaperras en su bar, pagó la reforma del local y se compró un par de pisos en dos años. Se menciona que las máquinas recreativas costaban alrededor de
un millón de pesetas por la licencia de explotación. También se habla de que los pinballs están cotizadísimos, y que un World Cup Soccer se podía encontrar por
1.700 euros hace años. Un forero dice que las máquinas recreativas originales hoy se encuentran por unos
500 pavos funcionando. Se recomienda la web
Zona Arcade para restaurar máquinas. Y se enlaza un anuncio de Milanuncios de una recreativa Videosonic por
291909927.
Dónde está la bronca
La bronca se traslada a la política. Un forero sostiene que hoy sería imposible abrir un recreativo por la ley antitabaco y los menores, y culpa a lo que llama «feminazis» y «progres». Otro responde que las casas de apuestas son el nuevo vicio y que los recreativos eran otra cosa. La discusión se encona cuando se cruzan acusaciones de facha y de podemita, con insultos que no reproducimos. También hay bronca sobre si las consolas mataron a los recreativos. Unos dicen que fue la avaricia del sector al subir el precio de las partidas a 100 pesetas. Otros responden que las consolas siempre existieron y que lo que cambió fue el tipo de ocio. Un tercero apunta al euro como puntilla. Sobre los pinballs, hay quien dice que son carísimos porque tienen parte eléctrica y mecánica, y quien responde que antes se encontraban gangas y ahora es mal momento para comprar. También se discute si el negocio de los recreativos tiene futuro. Unos dicen que no, que es cosa de cuarentones nostálgicos. Otros creen que puede funcionar como complemento de un bar-restaurante. Y hay quien recuerda que los dueños no tenían ni idea de videojuegos, solo les importaba la recaudación.
Qué cambia respecto a antes
En este tramo se supera la discusión sobre si el negocio era lucrativo. Ahora el debate es si aquellos locales eran un paraíso o un infierno, y se mezcla con la política actual. Entra con fuerza el tema de los pinballs como objeto de coleccionista y de las tragaperras como negocio paralelo. También aparece la nostalgia de los videoclubs y los bares Paco. Y se cuela una discusión sobre Star Wars, Disney y el feminismo que no tiene nada que ver con los recreativos. El hilo se ha convertido en una charla de barra de bar donde cabe todo.
Un momento para la nostalgia
Un forero recuerda que en los 80 y 90, al llegar el verano, rezaba para que hubiera recreativas cerca del camping o el apartamento. Otro evoca las partidas míticas al Daley Thompson Decathlon, Pacman, 1942, Out Run, Green Beret y Dragon Ninja. Y un tercero cuenta que se enteró de la muerte de Lola Flores en los recreativos del pueblo, en 1995 o 96. También se habla de los trucos para llamar gratis desde las cabinas, como meter una anilla de lata de Coca-Cola en el tarjetero. Y de los chorizos que se ponían al lado de la máquina a darte consejos. La nostalgia se mezcla con la constatación de que aquello no volverá.