¿Cuántas probabilidades hay de que un hombre de sesenta y pico, recién casado con una veinteañera dominicana y con un bebé recién nacido, muera poco después de forma repentina?
En un bloque de viviendas de España, un vecino al que solo se conocía de cruzarse en el ascensor ha fallecido. Su pareja: una mujer dominicana de veintitantos, con un bebé de días. Él, un hombre mayor, con el pelo teñido, que "nada hacía presagiar que se iba a morir", según quienes lo veían. La viuda cobrará pensión de viudedad y orfandad, más herencias y seguros. Demasiado pronto para ser solo mala suerte, piensan algunos.
El negocio de la muerte: pensiones y herencias
El caso reabre el debate sobre las uniones con gran diferencia de edad y origen, donde la parte más joven —a menudo migrante de países con menos recursos— acaba siendo la única beneficiaria de un patrimonio acumulado durante décadas. Según la normativa, la viuda tiene derecho a pensión de viudedad y el bebé a orfandad; si el matrimonio fue breve, no hay derecho a viudedad, pero sí a las herencias si no hay testamento en contra. El sistema legal, en opinión de ciertos analistas, facilita el expolio una vez el anciano "cae en las redes" de una supuesta cazafortunas.
Patrones que se repiten: de Di Stefano al vecino anónimo
No es un caso aislado. Se citan ejemplos famosos como el de Alfredo Di Stefano, cuya pareja mucho más joven fue criticada por los hijos. También casos anónimos: un español con cáncer que se casó con su cuidadora dominicana; ella lo atendió hasta el final, vendió el piso y regresó a República Dominicana como nueva rica. "Es la ilusión de todas las mujeres: encontrar un partido y que se muera pronto", se ironiza en ciertos círculos.
La vulnerabilidad de los hombres mayores solitarios
Detrás de las cifras de suicidios masculinos en España —se mencionan 3.000 al año— algunos ven no solo desesperación, sino también asesinatos encubiertos. Se habla de métodos difíciles de detectar, como el envenenamiento con escopolamina, que se metaboliza rápido y simula muerte natural. La soledad, la baja autoestima y la necesidad de compañía hacen presa fácil a estos hombres, que "se aferran a un clavo ardiendo". Las leyes, mientras, miran hacia otro lado.
El refranero lo sabía
"Quien con pájaras se acuesta, desplumado se levanta", sentencia el refrán. Quizá la próxima vez que un vecino mayor anuncie boda con una joven recién llegada, los herederos harían bien en revisar las pólizas de seguro. Por si acaso.