⚡ Guerra en Siria XLVII - Epílogo/2

Galizu_Ulf

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Sirios, en la cuerda floja en Dinamarca: "Quieren que nos volvamos. Nos tratan como a criminales"
Los refugiados del país aún en conflicto critican la nueva política de deportación de su hasta ahora refugio nórdico y cómo les puede afectar



Se jugó la vida en el mar sin jamás haberlo visto antes; de la mano de sus hijos, atravesó Europa en un viaje agónico de dos semanas, muchas veces a pie: Grecia, Macedonia del Norte, Serbia, Austria, Alemania...hasta Dinamarca. Seis años después, con la vida asentada, un difícil divorcio resuelto y dos hijos a punto de ir a la universidad, una carta inesperada llegó a casa de Suzan Jelalatti: el Gobierno danés ha decidido poner sus vidas en manos de un juez para deportarlos de vuelta a la casilla de salida.

Junto con Jelalatti al menos 380 sirios damascenos solicitantes de asilo en suelo danés, entre ellos muchas mujeres y menores a quienes la Administración había reconocido un estatus de protección, han recibido la fatídica carta recientemente. Según explica Suzan, se les emplaza a presentarse en un juzgado que deberá decidir sobre su repatriación. "Nos tratan como si fuésemos criminales", se queja esta ama de casa. "Nos investigan como si hubiésemos cometido un crimen. Y yo tengo derechos".

Se cree que varias decenas de estas personas están al borde de la deportación. Y de los nervios. Activistas cuentan que Muammad Samir, de 66 años, uno de esos refugiados que hallaron cobijo en Dinamarca tras huir de un país cuyo Gobierno torturó y mató a su hijo y a un sobrino, sufrió un infarto cerebral poco después de que la Policía le informase de que iba a ser trasladado a un campo, paso previo a su deportación. Los dramas comienzan a proliferar, lo mismo que las protestas contra la medida.

Las críticas de los activistas se entremezclan con los elogios de los nacionalistas a la Administración socialdemócrata de Mette Frederiksen. En los últimos tiempos, con el argumento de que las acogedoras políticas de inmigración de las últimas décadas fueron "un error", apuntando a la creación de guetos y la falta de integración de las comunidades musulmanas, Frederiksen ha acabado apostando por lo que denomina una política migratoria "justa y realista". Un giro de casi 180 grados respecto al pasado.


Esto se ha traducido en una batería de leyes. A principios de este junio entró en funcionamiento una que fomenta la repatriación de inmigrantes, en particular la de aquellos quienes ven su demanda de asilo rechazada. "Tenemos demasiados extranjeros sin residencia legal en Dinamarca que no regresan a casa, es insostenible", se quejó el mes pasado el ministro danés para Inmigración e Integración, Mattias Tesfaye, él mismo hijo de un inmigrante etíope.

Entre las directrices más polémicas está el proyecto de ley que permitirá enviar a los inmigrantes a un país fuera de Europa, que actuará como una especie de subcontratista, acogiendo a la persona incluso después de que esta reciba respuesta positiva a su solicitud de asilo. Igual de controvertido está resultando el hecho de que, pese a no tener relaciones con Bashar Asad, al que sigue criticando duramente, Copenhague considere que la capital siria y sus alrededores son seguros para el retorno.

"No lo es", protesta Suzan por teléfono, "hay una dictadura autocrática, hay gente todavía en la cárcel. Han llegado a secuestrar a mujeres y niños". Suhail AlGhazi es un investigador sirio al que funcionarios daneses de Inmigración consultaron sobre la situación en el país antes de tomar tal decisión. "Mi sensación fue que habían decidido de antemano que Damasco es un sitio seguro, sólo querían un informe que apoyara su tesis", opina.

"Cuando me entrevistaron", prosigue, "les conté que es un hecho que ya no hay bombardeos aéreos ni combates, pero eso no quiere decir que ya es seguro. Sigue habiendo arrestos, la inteligencia del régimen tratando de extorsionar a civiles o cosas peores. Y esto es a lo que se enfrenta cualquier sirio que se haya quedado o regrese", añade. AlGhazi recuerda que incluso hay opositores que accedieron a firmar acuerdos de reconciliación con el Gobierno, fomentados por Rusia, y acabaron entre rejas.

Desde que vio reforzada su posición victoriosa en la sangrienta guerra siria, uno de los objetivos de Asad, que acaba de ser reelegido Presidente en unas elecciones marcadas por las irregularidades y las corruptelas, ha sido normalizar un país parcialmente en ruinas. Damasco ha emprendido una ofensiva diplomática para volver a ser aceptado en los foros regionales e internacionales, una de cuyas patas es llamar al retorno de los más de seis millones de exiliados por el conflicto.

En paralelo, su Ejecutivo ha aprobado leyes para reconstruir Siria que, según los críticos, socavan los derechos de los propietarios de terrenos afectados que se encuentran fuera del país. Este es sólo uno de los obstáculos para quienes en algún momento se han planteado regresar; otros, como Suzan, se niegan en redondo a volver a poner un pie en su país de origen: "En Inmigración me dicen que vuelva y reconstruya mi vida. ¿Y pretenden que regrese al sitio del que huí sin que nada haya cambiado?".
 

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Sirios, en la cuerda floja en Dinamarca: "Quieren que nos volvamos. Nos tratan como a criminales"
Los refugiados del país aún en conflicto critican la nueva política de deportación de su hasta ahora refugio nórdico y cómo les puede afectar



Se jugó la vida en el mar sin jamás haberlo visto antes; de la mano de sus hijos, atravesó Europa en un viaje agónico de dos semanas, muchas veces a pie: Grecia, Macedonia del Norte, Serbia, Austria, Alemania...hasta Dinamarca. Seis años después, con la vida asentada, un difícil divorcio resuelto y dos hijos a punto de ir a la universidad, una carta inesperada llegó a casa de Suzan Jelalatti: el Gobierno danés ha decidido poner sus vidas en manos de un juez para deportarlos de vuelta a la casilla de salida.

Junto con Jelalatti al menos 380 sirios damascenos solicitantes de asilo en suelo danés, entre ellos muchas mujeres y menores a quienes la Administración había reconocido un estatus de protección, han recibido la fatídica carta recientemente. Según explica Suzan, se les emplaza a presentarse en un juzgado que deberá decidir sobre su repatriación. "Nos tratan como si fuésemos criminales", se queja esta ama de casa. "Nos investigan como si hubiésemos cometido un crimen. Y yo tengo derechos".

Se cree que varias decenas de estas personas están al borde de la deportación. Y de los nervios. Activistas cuentan que Muammad Samir, de 66 años, uno de esos refugiados que hallaron cobijo en Dinamarca tras huir de un país cuyo Gobierno torturó y mató a su hijo y a un sobrino, sufrió un infarto cerebral poco después de que la Policía le informase de que iba a ser trasladado a un campo, paso previo a su deportación. Los dramas comienzan a proliferar, lo mismo que las protestas contra la medida.

Las críticas de los activistas se entremezclan con los elogios de los nacionalistas a la Administración socialdemócrata de Mette Frederiksen. En los últimos tiempos, con el argumento de que las acogedoras políticas de inmigración de las últimas décadas fueron "un error", apuntando a la creación de guetos y la falta de integración de las comunidades musulmanas, Frederiksen ha acabado apostando por lo que denomina una política migratoria "justa y realista". Un giro de casi 180 grados respecto al pasado.


Esto se ha traducido en una batería de leyes. A principios de este junio entró en funcionamiento una que fomenta la repatriación de inmigrantes, en particular la de aquellos quienes ven su demanda de asilo rechazada. "Tenemos demasiados extranjeros sin residencia legal en Dinamarca que no regresan a casa, es insostenible", se quejó el mes pasado el ministro danés para Inmigración e Integración, Mattias Tesfaye, él mismo hijo de un inmigrante etíope.

Entre las directrices más polémicas está el proyecto de ley que permitirá enviar a los inmigrantes a un país fuera de Europa, que actuará como una especie de subcontratista, acogiendo a la persona incluso después de que esta reciba respuesta positiva a su solicitud de asilo. Igual de controvertido está resultando el hecho de que, pese a no tener relaciones con Bashar Asad, al que sigue criticando duramente, Copenhague considere que la capital siria y sus alrededores son seguros para el retorno.

"No lo es", protesta Suzan por teléfono, "hay una dictadura autocrática, hay gente todavía en la cárcel. Han llegado a secuestrar a mujeres y niños". Suhail AlGhazi es un investigador sirio al que funcionarios daneses de Inmigración consultaron sobre la situación en el país antes de tomar tal decisión. "Mi sensación fue que habían decidido de antemano que Damasco es un sitio seguro, sólo querían un informe que apoyara su tesis", opina.

"Cuando me entrevistaron", prosigue, "les conté que es un hecho que ya no hay bombardeos aéreos ni combates, pero eso no quiere decir que ya es seguro. Sigue habiendo arrestos, la inteligencia del régimen tratando de extorsionar a civiles o cosas peores. Y esto es a lo que se enfrenta cualquier sirio que se haya quedado o regrese", añade. AlGhazi recuerda que incluso hay opositores que accedieron a firmar acuerdos de reconciliación con el Gobierno, fomentados por Rusia, y acabaron entre rejas.

Desde que vio reforzada su posición victoriosa en la sangrienta guerra siria, uno de los objetivos de Asad, que acaba de ser reelegido Presidente en unas elecciones marcadas por las irregularidades y las corruptelas, ha sido normalizar un país parcialmente en ruinas. Damasco ha emprendido una ofensiva diplomática para volver a ser aceptado en los foros regionales e internacionales, una de cuyas patas es llamar al retorno de los más de seis millones de exiliados por el conflicto.

En paralelo, su Ejecutivo ha aprobado leyes para reconstruir Siria que, según los críticos, socavan los derechos de los propietarios de terrenos afectados que se encuentran fuera del país. Este es sólo uno de los obstáculos para quienes en algún momento se han planteado regresar; otros, como Suzan, se niegan en redondo a volver a poner un pie en su país de origen: "En Inmigración me dicen que vuelva y reconstruya mi vida. ¿Y pretenden que regrese al sitio del que huí sin que nada haya cambiado?".
Aún me acuerdo ese 2015 cuando de un día para otro todo el eje al-qaedano se volvió piadoso y solidario con los sirios, todo el mundo estaba ilusionado con la llegada de esta gente a Europa.

Realidad: Alemania quería mano de obra barata y EEUU quería un pretexto para invadir Siria. Alemania no consiguió su mano de obra porque a esta gente hay que formarla para adaptarla al mercado laboral alemán y tienen que aprender la lengua, y EEUU no pudo invadir Siria porque Rusia intervino y les jodió los planes al eje al-qaedano.

Al final todo estos refugiados han sido usados como carnaza por todo el mundo y ahora que no valen los están desechando, de hecho es una auténtica vergüenza que países como Dinamarca hagan esto mientras están repatriando y aceptando en la sociedad a yihadistas que llegaron con la oleada de 2015, la misma Dinamarca que ha apoyado a los yihadistas y la guerra contra Siria desde el minuto uno.

Al final Bashar tenía razón, solo Siria cuidará de los sirios, todos los que fueron a Europa tragándose los cantos de sirena de la UE y Obama no han sido mas que carnaza en pro de intereses oscuros. Lo ideal sería que estos sirios volvieran a su país y participaran en la reconstrucción, pero eso es imposible por dos motivos:

-Las sanciones hacen prácticamente imposible que entidades extranjeras y otros países inviertan en la reconstrucción, se calcula que harán falta 400.000 millones de dólares para reconstruir el país y los únicos capaces de invertir en Siria son China, Rusia e Irán (Venezuela, cuba, corea del norte no creo que puedan invertir mucho). Irán ya está ahogado en sanciones, Rusia es un poder militar que económicamente no puede encargarse de semejante esfuerzo y los chinos solos lo tienen complicado para inyectar de golpe tantísima pasta.

-La ONU, la UE, proxies de EEUU en Líbano, Jordania, Turquía, etc. Todos están impidiendo a los sirios regresar a su país, da igual que quieran volver, no les dejan ir porque cada refugiado que vuelva a Siria es un trabajador mas que contribuirá a la reconstrucción. De hecho es gracioso que Dinamarca los expulse del país a los sirios pero probablemente no los van a enviar a Siria, los enviaran a algún gueto en otro lugar para que no molesten. Esto es tan grave que a los sirios incluso les han prohibido votar en las embajadas de Siria ¿porque? pues porque la gran mayoría votaría por Bashar y eso destrozaría el chiringuito de mucho chupoptero que vive del cuento de ser opositores a la dictadura.

¿cosas positivas de todo esto? pues que Roma no paga a traidores y todos esos mierdecillas que se vendieron a occidente y traicionaron a su país van a sentir los mieles de ser unos mercenarios de mierda. De hecho me agrada ver en esa noticia a moderados escandalizados con que les van a detener en caso de ir a Damasco (cosa que no es cierto para nada), se creían que iban a tener un retiro dorado en algún país europeo y al final han acabado como acaban todos los traidores cuando han cumplido su cometido.