El PSOE y los 600 años: Clara Campoamor se licenció en 1924
En 1929, una mujer obtuvo el título de
ingeniería industrial en la Escuela Especial de Ingenieros Industriales de Madrid. Se llamaba
Pilar Careaga y también fue la primera española en conducir un ferrocarril. Cuarenta años después, en 1969, ocupó la alcaldía de Bilbao. No gobernaba el PSOE. La historia, sin embargo, se ha convertido en un campo de batalla donde cada partido quiere colocarse la medalla del progreso, y en ese pulso el relato ha empezado a hacer aguas por todas partes.
La polémica estalló con un mensaje del PSOE en redes sociales: «Tuvieron que pasar 600 años en este país, desde que los hombres estaban en la Universidad, para que las mujeres pudieran acceder a la Educación. En 40 años hemos rectificado la historia». El texto iba acompañado de una intervención de
José Luis Rodríguez Zapatero. La afirmación, lanzada como eslogan, se topa de bruces con los registros.
¿Cuándo entraron realmente las mujeres en la universidad?
Clara Campoamor se licenció en Derecho en 1924. Un siglo entero antes de que Zapatero pronunciara su frase. Es cierto que entonces las mujeres universitarias eran una minoría muy reducida, pero el acceso no estaba prohibido. La propia Campoamor lo demostró. Y no fue un caso aislado: Pilar Careaga se tituló en 1929, y
Luisa Frías llegó a ser catedrática de la Universidad de Valencia, donde ejercía cuando fue asesinada en 1936.
En el tardofranquismo, las mujeres ya representaban una parte significativa de las aulas. Un dato que circula con frecuencia —y que conviene manejar con cautela— señala que fue en
1975 cuando por primera vez hubo más mujeres que hombres en la universidad española. Sin campañas de discriminación positiva, sin ministerios de igualdad, sin cuotas. Aquel dato no está verificado con la contundencia que exigiría un titular, pero encaja con la evolución del sistema.
La evolución del alumnado universitario desmiente el relato
Las cifras de matrícula que se manejan en el debate dibujan una expansión sostenida que arranca antes de 1982. En el curso
1970/71 había unos
200.000 estudiantes universitarios en España. En
1974/75, la cifra había escalado hasta
500.000. En
1980/81, ya eran
650.000. Y en
1992/93, el sistema superaba los
1,3 millones. El salto cuantitativo se produjo, en buena parte, durante los últimos años del franquismo y la Transición, no a partir del primer gobierno socialista.
- 1970/71 — 200.000 universitarios
- 1974/75 — 500.000
- 1980/81 — 650.000
- 1992/93 — 1,3 millones
El debate sobre si aquella incorporación fue masiva o incipiente es legítimo; el de si estaba prohibida, no. Las orlas de la época, que algunos rescatan para desmentir el relato oficial, muestran una presencia femenina que crecía año a año. Quienes participan en el debate subrayan que la universidad actual —masificada, con titulaciones de dudosa empleabilidad y un título que ya no garantiza nada— poco tiene que ver con aquella.
El divorcio y otras apropiaciones históricas
La afirmación de Zapatero no es un episodio aislado. Hay quien sostiene en el foro que alguna ministra socialista atribuyó al PSOE la implantación del divorcio en España, cuando fue la UCD de Adolfo Suárez la que aprobó la ley en 1981, según ese mismo relato. La confusión —o la apropiación— no parece un lapsus: responde a una tendencia a reescribir el pasado reciente para que encaje con el relato del presente.
Esa tendencia tiene un nombre coloquial en los mentideros digitales: la
memoria histérica, una parodia de la memoria histórica oficial que consiste en recordar solo lo que conviene y olvidar lo que estorba. El PSOE no inventó la universidad femenina, igual que no inventó la Seguridad Social. Pero ha encontrado en la desmemoria de las generaciones más jóvenes un terreno fértil para instalarse como fundador de todo lo bueno.
Las mujeres que estudiaron antes que Zapatero
La lista es larga y en el debate se citan, entre otros nombres, los de Margarita Salas, Ana María Matute o Cristina Almeida, junto a María Teresa Fernández de la Vega, Rosa Díez, Margarita Robles, Julia Otero, Ana Blanco, Rosa María Calaf o Nieves Herrero, como ejemplos de mujeres formadas antes de la llegada del PSOE al gobierno. Muchas tuvieron maestras formadas en tiempos de Franco y conocieron farmacéuticas y enfermeras que se formaron antes de la llegada del PSOE al gobierno.
Conviene recordar que el acceso a la universidad no era universal para nadie, hombres incluidos. La tasa de escolarización superior era baja en términos absolutos, pero las mujeres que querían y podían estudiar lo hacían. La barrera era económica y social, no legal. Y ese matiz demuele el eslogan de los 600 años.
¿Por qué cala el relato de los 600 años?
La clave está en la desmemoria. Para un votante joven, sin antecedentes familiares universitarios, la España anterior a 1982 es un país remoto y difuso. El eslogan funciona porque no hay contraste. La universidad actual —masificada, con titulaciones de dudosa empleabilidad y un título que ya no garantiza nada— poco tiene que ver con aquella.
Hay quien señala que no se trata de un error, sino de una estrategia deliberada. La repetición de que el PSOE trajo la educación, el divorcio y los derechos de las mujeres busca capitalizar un progreso que fue colectivo. La democracia no equivale al PSOE, y la incorporación femenina a la universidad no empezó en 1982. Empezó antes, con nombres y apellidos que la propaganda prefiere borrar.
Queda el dato: en 1924, cuando Clara Campoamor se licenció en Derecho, la historia de las mujeres en la universidad no empezó con un decreto socialista. Empezó con ellas.