Moncloa vigila a Zapatero: depresión o prevención de 'tonterías'
El entorno del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero atraviesa horas delicadas. Según han trascendido desde fuentes cercanas a La Moncloa, Pedro Sánchez ha ordenado un seguimiento estrecho del exjefe del Ejecutivo, descrito como en una “profunda depresión”. El objetivo declarado: “evitar tonterías”. Pero la versión oficial choca con un escepticismo generalizado.
La decisión de Sánchez de activar una vigilancia cercana sobre Zapatero ha despertado suspicacias. Que un expresidente necesite supervisión por un cuadro depresivo es inusual; que el aparato de Moncloa se implique directamente, más. Las dudas se centran en si el motivo real no es médico, sino político: evitar que Zapatero, que ha mantenido contactos internacionales y posiciones propias, pueda desmarcarse de la línea oficial o incluso revelar información incómoda.
La sombra de los precedentes
La referencia a los casos Blesa o Rita Barberá, donde la depresión fue esgrimida como explicación oficial antes de fallecimientos que algunos consideran sospechosos, alimenta las teorías de que el relato de la depresión podría ser una cobertura. No hay pruebas de que en este caso existan planes siniestros, pero la historia reciente pesa. La vigilancia ordenada por Sánchez, según se ha filtrado, incluye el control de comunicaciones y movimientos, algo que remite al ‘caso Kitchen’ y al uso de fondos reservados. La pregunta es: ¿qué teme Moncloa que pueda hacer o decir Zapatero?
Un expresidente aislado
Zapatero ha mantenido un perfil bajo en los últimos años, pero sigue siendo una figura con peso diplomático. Su posible depresión es un asunto privado, pero convertido en público por las medidas de vigilancia. La economía no es ajena: Zapatero fue presidente durante la crisis de 2008, y cualquier giro en su estado o sus declaraciones podría reavivar debates sobre su gestión y el legado socialista. Mientras, en Moncloa se asegura que solo se busca protegerlo. Otros ven un intento de silenciarlo.