Ni grabar en la calle es delito ni dar de comer a las palomas es legal
Una discusión de acera que se repite en cualquier ciudad española. Una muyer reparte agua y pan a las palomas; un viandante la graba con el móvil; ella le espeta que grabar en la vía pública es delito y que piensa denunciarle. Ninguno de los dos tiene la razón que cree tener. Lo que está en juego no es quién grita más, sino dos cuerpos normativos que casi nadie conoce: el derecho a grabar en espacios públicos y la prohibición municipal de alimentar fauna salvaje.
Qué dice la ley sobre grabar en la vía pública
Graba quien quiere. La calle es eso, pública, y captar imágenes en ella no constituye delito por sí solo. La amenaza de denuncia de la señora no se sostiene sobre ningún artículo. Otra cosa es el uso posterior del material: difundir el rostro de alguien para escarnio o humillación sí puede acarrear consecuencias, y ahí el que aprieta el botón de grabar deja de ser un simple testigo.
Dar de comer a palomas: sancionado en casi toda España
El segundo error es más caro. Alimentar a la fauna salvaje urbana está penado y multado en la inmensa mayoría de las ciudades españolas, vía ordenanzas que persiguen las plagas y el riesgo sanitario. La cifra que se repite —más de 40 enfermedades asociadas a la paloma, con la criptococosis o la histoplasmosis como cabezas de organización criminal— convierte el gesto en un problema de salud pública, no en un acto de ternura.
Hay quien sostiene que la muyer hacía el trabajo que no hace el ayuntamiento. En contra pesa lo obvio: lo que uno alimenta, otro lo barre. Y el vecino que se cree con derecho a corregir a un desconocido a golpe de cámara no arregla nada.
Con estas reglas sobre la mesa, lo lógico sería que ambos se callaran y que el consistorio hiciera su parte. No ocurre. El atasco está exactamente ahí, en el punto donde la ordenanza, el civismo y el móvil de turno nunca encajan.