El silencio que la progresía guarda ante Antonio Paracetamol
Antonio Paracetamol, un youtuber con miles de seguidores, se dedica a cantar canciones satíricas que ridiculizan a la progresía, al ministerio de Igualdad y a lo que él llama «la sincronizada». Lleva semanas haciéndolo. Y nada. Ni una campaña de cancelación, ni un comunicado condenatorio, ni una campaña coordinada en redes exigiendo explicaciones. En un panorama donde cualquier comentario fuera de guion es castigado con celeridad, su caso resulta anómalo.
El coste de atacar a un crítico racializado
La explicación que circula con más fuerza es la identidad. Paracetamol es una persona racializada. Atacarle abriría la puerta a la acusación de racismo, un riesgo reputacional que ninguna organización querría asumir. El activismo institucional sabe que señalar a un crítico con origen migrante o racializado puede volverse en su contra, y el silencio es la opción más barata.
El silencio también tiene precio
Pero hay otra lectura: la económica. Antonio Paracetamol no depende de subvenciones, ni de la pauta publicitaria institucional, ni de un contrato con una multinacional que exija «valores» alineados. Es un creador independiente. La cancelación solo funciona cuando existe una dependencia económica. Quien no come del sistema, difícilmente puede ser castigado por él. De ahí que la progresía, que sí vive del mismo sistema, elija no entrar al trapo: no tiene instrumentos para hacerle daño sin exponerse.
El caso queda abierto. ¿Es el origen racializado lo que protege a Paracetamol, o es su independencia económica? Lo más probable es que ambas cosas se refuercen. Y la progresía, que presume de interseccionalidad, se encuentra en la incómoda posición de tener que elegir entre defender a un crítico por su identidad o atacarle por sus ideas. Hasta ahora, opta por la que exige menos coste: no hacer nada.