Pioletazos en el barco de Greta: del motín vegano al rumbo a Gaza
La Flotilla de la Libertad que partió de Barcelona hacia Gaza acumula ya un rosario de conflictos internos: motines, gobiernos paralelos y deserciones. El último episodio, según los testimonios que circulan, es un cambio de rumbo forzado por la falta de avituallamiento y la presión de los organizadores.
Greta Thunberg habría sido apartada de la dirección tras intentar imponer un ritual chamánico que acabó con la pancarta de «Stop Genocide» chamuscada.
El diario satírico que se ha viralizado en redes describe una tripulación al borde del colapso:
loba cósmica, yihadistas de fiesta, gobiernos paralelos y un delfín nombrado presidente honorario. La realidad, menos literaria, apunta a una crisis logística y a un goteo de bajas voluntarias.
Un motín vegano y tres gobiernos en alta mar
El detonante fue una lata de atún escondida en una mochila. La facción vegana exigió un sacrificio expiatorio y la anarco-fiestera transformó la bodega en discoteca. En medio del caos,
Ada Colau salió de su escondite para autoproclamarse alcaldesa flotante. La parodia, publicada por un columnista de ABC, retrata a una tripulación incapaz de ponerse de acuerdo ni en el menú.
Los mensajes más compartidos hablan de «pioletazos» metafóricos: la izquierda eliminando al elemento molesto, como se hizo con Trotsky. La referencia histórica, traída por un participante, sirve para ilustrar la fractura interna.
¿Por qué se habla de un cambio de rumbo hacia Gaza?
Porque, según los relatos que circulan, alguien habría apretado las clavijas: una morterada de euros y la exigencia de centrarse en Gaza.
Greta se habría impuesto y, acto seguido, habría sido apartada. El barco pondría rumbo a las islas griegas para continuar el crucero de placer, según la versión más cínica.
La travesía, que debía durar días, se eterniza. Un participante calcula que llevan veinte días para ir de Barcelona a Túnez, una distancia que un velero cubre en menos de una semana. La falta de avituallamiento y el desgaste personal explican el goteo de deserciones.
El perfil de la tripulación: de la yihadista fiestera al delfín presidente
La parodia describe a una joven que presume de yihadista y va ebria desde que se levanta hasta que se acuesta, comiendo de la ayuda humanitaria. Otros hablan de «castañas de vodka» y de pastillas para el mareo que resultan ser meta.
Susan Sarandon, anunciada como estrella del viaje, ha desaparecido de todas las crónicas.
El columnista de ABC,
Jorge Bustos, firma el diario satírico que ha dado la vuelta a las redes. En él, Greta escribe en su camarote y llama a Colón «el primer fascista de la historia». La ocurrencia ha generado memes y peticiones de serie de televisión.
La sombra de la deserción y el futuro incierto
A medida que se acercan a la zona de conflicto, aumentan las bajas. La amenaza de ser detenidos o tiroteados por las autoridades israelíes acelera las salidas.
El barco de Chanquete tiene nueva letra: «El barco de la Greta a Gaza no vendrá».
Nadie sabe cuántos siguen a bordo. La única certeza es que el proyecto, presentado como un gesto humanitario, se ha convertido en un laberinto de egos y deserciones. La pregunta ya no es si llegarán, sino quién queda para contarlo.