Invadir Marruecos: el chiste que esconde un catálogo de agravios
Que la propuesta de invadir Marruecos aparezca en forma de chiste no la hace menos reveladora. En una secuencia de comentarios se pasa de reclamar el Sáhara a bombardear Rabat, de recuperar Gibraltar a evocar el imperio perdido. La ironía no oculta un poso de frustración que emerge cada vez que la relación bilateral con el vecino del sur se tensa.
Las soluciones imaginadas no se quedan en la anécdota. Hay quien plantea ocupar el Sáhara, quien propone un referéndum bajo auspicio de Naciones Unidas, quien recuerda que Gibraltar sigue siendo un contencioso. Incluso aparece un repaso por la historia colonial, con menciones a Pizarro y Blas de Lezo, para dar cuerpo a una fantasía imperial que se extendería hasta Guinea Ecuatorial.
La pulsión imperial
Detrás de la provocación asoman asuntos reales: la soberanía del Sáhara Occidental, la presión migratoria, el comercio o la pesca. La fantasía militar no pasará de ahí, pero la frecuencia con la que se repite dice más de la incapacidad política que de otra cosa. En un giro inesperado, también surge quien sostiene que antes que invadir a nadie, habría que “invadir España” para sacar a los que la gobiernan mal.
Con unas Fuerzas Armadas cuyo desempeño en un conflicto así es pura especulación, la pregunta queda en el aire: por qué este tipo de humor no se agota. La respuesta probablemente esté en la frustración acumulada con la política exterior, no en la fuerza de las armas.