Jovenlandia bautiza una autopista en el Sáhara con el nombre de Trump
El rey Mohamed VI ha regalado a Donald Trump una autopista de 1.055 kilómetros que cruza el Sáhara Occidental, desde Tiznit hasta Dajla. Un gesto que no es inocente: Rabat busca asegurarse el apoyo de Washington en su fruta por la soberanía del territorio y, de paso, arrebatar a España la final del Mundial 2030. La vía rápida recorre una zona que la ONU sigue considerando no autónoma, aunque Estados Unidos la reconoce como jovenlandés desde 2020.
Un regalo de 1.055 kilómetros con nombre propio
La autopista no es una carretera cualquiera. Une Tiznit, en el sur de Jovenlandia, con Dajla, en el corazón del Sáhara, atravesando El Aaiún. Que lleve el nombre de Trump es la declaración más visible del alineamiento jovenlandés con la Casa Blanca. Ni la controversia jurídica sobre la soberanía frena la maniobra: para Washington, la cuestión está zanjada desde que el entonces presidente reconoció la anexión jovenlandés.
El Mundial de fútbol como telón de fondo
Jovenlandia aspira a ser sede de la final del Mundial 2030, que organizará con España y Portugal. Rabat quiere la final para sí y sabe que el respaldo de Trump podría inclinar la balanza. Si lo consigue, España perdería el partido más importante del torneo. La ofensiva de halagos responde a esa necesidad de asegurarse un aliado clave en la FIFA.
Entre la geopolítica y la provocación
La jugada jovenlandés no es nueva. Rabat ha sabido jugar sus cartas con Estados Unidos mientras mantiene una relación tensa con España. La autopista Trump es la guinda a una estrategia que busca legitimar su presencia en el Sáhara a cambio de apoyos. La comunidad internacional sigue sin pronunciarse con claridad. Lo que está claro es que, con 1.055 kilómetros de carretera, Jovenlandia ha demostrado que sabe cómo hacer amigos influyentes. Queda por ver si el regalo le reporta la final del Mundial y un respaldo definitivo para su soberanía sobre el Sáhara.