¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el negacionismo sanitario?
Un hilo reciente describe el supuesto plan de un individuo que se presenta en tanatorios, pregunta si el fallecido estaba medicado y, al confirmarlo, estalla en gritos: «LO SABÍA… KAKUNADO… GRAFENO… 5G… se lo merecía». La escena, relatada a modo de confesión, ha provocado una mezcla de indignación, burla y un inquietante debate de fondo: ¿qué resortes psicológicos empujan a alguien a convertir el duelo ajeno en un escenario de performance ideológica?
El perfil del «kakunado»: negacionismo como identidad
El término «kakunado» –una corrupción burlesca de «vacunado»– se ha convertido en el emblema de una corriente que considera a los vacunados como víctimas o cómplices de un complot global. En el hilo, un usuario explicita la mecánica: «necesitamos no sentir esta sensación de gilipollas de haber arriesgado nuestra vida al no vacunarnos y necesitamos que muera gente que ha sido vacunada». No importa la causa del fallecimiento: accidente de tráfico, vejez o enfermedad previa; todo se atribuye al pinchazo. La teoría del grafeno y los nanobots activados con 5G, desmentida por la ciencia, sigue siendo el dogma central. La ironía alcanza cotas absurdas: «antes de la vacuna la gente era inmortal… decidían cuándo morir a los 120 años».
Reacciones: de la condena moral al análisis sociológico
La propuesta de irrumpir en velatorios no ha recibido apoyo explícito. Al contrario, las respuestas alternan desde la amenaza («prueba de irrumpir en un velatorio de algún familiar mío, te dejamos hecho un playmobil») hasta la reflexión sobre el caldo de cultivo: «años de propaganda del miedo, censura absoluta al debate, y una narrativa oficial tan frágil que necesita guardias civiles en los hilos para sostenerse». Otro participante señala que «casi medio millón de españoles muere cada año, la inmensa mayoría vacunados varias veces», un dato que, leído sin contexto, alimenta la falacia de que la vacuna mata. La realidad –que la vacunación masiva reduce drásticamente la mortalidad por COVID– queda sepultada bajo el ruido conspirativo.
¿Una amenaza real o paja en el foro?
La mayoría de los comentaristas duda de que el autor del hilo haya llevado a cabo sus planes. «Si fuera real, ya se habría llevado una buena somanta de palos o habría acabado en comisaría», resume uno. El tono general es de sorna y desprecio, pero también de advertencia: la línea entre el troll y el radicalizado es fina. Mientras las vacunas sigan siendo el chivo expiatorio de muertes por causas naturales, habrá quien cruce esa línea y convierta el dolor ajeno en un altavoz para su fe. Y entonces ya no será un meme, sino un problema de convivencia.
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