Abrir una tienda de CBD: incienso en la etiqueta, ley en el aire
Un local pequeño en Santander. Flores, incienso —así se rebautiza el hachís en la estantería—, cremas, aceite y líquido para vaporizador, más el catálogo clásico de un grow: semillas, abonos, iluminación, sustratos. El plan se apoya en una tienda que cede su nombre a cambio del suministro, proveedor fijo en Torrelavega, contrato de exclusividad y
dos abogados especializados en cannabis en la trastienda. Detrás de la barra, un licenciado en biología molecular que se define como muy friki del tema.
La logística es de autónomo con los números hechos: lo ligero llega por mensajería; los lunes, con la persiana bajada, toca viaje a Torrelavega a por sacos y abono según demanda. Nada de grandes almacenes. Un negocio que, sobre el papel, ya está en marcha y lleva meses abierto.
¿Es legal vender CBD en España?
Todo depende de una cifra:
el 0,2% de THC. Ese es el umbral que marca la frontera entre la aromaterapia y el negocio perseguido. El CBD, se insiste, es un cannabinoide no psicoactivo con propiedades terapéuticas, pero quien vende flores por encima de ese porcentaje se mueve en terreno que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) no considera comercializable.
El sector lo sabe. Hay quien recuerda que las flores superan ese 0,2% con facilidad y que la agencia no avala su venta; otros apuntan que el cultivo necesita permiso de la AEMPS, y que si el producto se orienta al consumo entra en el terreno de los denominados
novel food, con sus propios permisos.
La respuesta del negocio es el etiquetado quirúrgico y el análisis de laboratorio que certifica el porcentaje. Flores «aromáticas», incienso, y un aceite marcado como «uso tópico» que la clientela, todo el mundo lo sabe, se toma bajo la lengua. «La gente lo consume de forma oral», se admite sin rodeos.
El caso suizo y el 2% que recomienda la OMS
La cuestión de fondo es si la norma se moverá.
En Suiza el límite es del 1,2%, seis veces el español, y desde la OMS se recomienda no fiscalizar el cannabis con menos del 2%. Un análisis extendido sostiene que lo lógico sería unificar el criterio europeo en torno al 1,5%. La comparación que circula: es como permitir la cerveza sin dejar que el alcohol se venda libre.
Otros lo ven al revés. El THC seguirá siendo ilegal, dicen, y lo más que puede pasar es que se ensanche el margen permitido. Con el marco actual, cualquier día cambia la interpretación y toca cerrar. En España, avisan, no hay la seguridad jurídica de otros países: da igual tener en nómina al abogado más caro.
Precios, competencia y el pescado vendido
El margen vive en el frasco pequeño. Un aceite de CBD de
30 ml al 2,57% de concentración es el tipo de producto que sostiene la caja, y aquí el detalle manda: la etiqueta «mejor relación calidad-precio» que repiten todos los folletos. El problema es el rival digital. Quien compra online se topa con precios que un local con alquiler y empleados difícilmente iguala.
Lo dicen con crudeza desde dentro del negocio: el pescado está vendido; llegan tarde. Hay quien conoce a alguien que abrió su tienda online hace poco y se está comiendo los mocos. La tesis del proveedor exclusivo —más demanda que oferta, rotura de stock de los suministradores— choca con ese muro. Y sobrevuela el aviso clásico: cuando un negocio funciona, pasan de diez a cien cultivadores, revientan el precio y la rentabilidad se va a tomar viento.
La factura de seguridad que no sale en el escaparate
Hay un coste que no aparece en ningún plan de negocio. Gente que gana mucho dinero con el CBD, se cuenta, invierte también en seguridad, «no está la cosa para tonterías». En las plantaciones —no tanto en las tiendas— el miedo es real. Circulan relatos de asaltos a cultivos y, en un caso mencionado, la muerte de un vigilante durante un robo.
Es el reverso del negocio amable. La tienda de barrio con aromaterapia y abogados detrás convive con una cadena que empieza en un invernadero y termina en manos que no siempre juegan limpio.
Dónde se atasca la cuenta
El negocio lleva meses abierto y, según su promotor, no va mal: cero problemas con la policía en el último tramo, márgenes positivos, clientela que va conociendo el local. Pero también reconoce que necesita incrementar beneficios para considerar la aventura un éxito. Y ahí se queda todo. No hay una cifra de facturación, no hay punto de equilibrio, no hay fecha en la que esto sea rentable o se cierre. La única cifra que no se mueve es el 0,2%.