Vox no rompe con PP pese al voto a favor del chat control
La votación sobre el chat control ha dejado al descubierto la esquizofrenia política de la derecha española. El PP votó a favor de la medida –un sistema de escrutinio masivo de comunicaciones–, mientras Vox se opuso. Pero lejos de consumar una ruptura, los de Abascal siguen gobernando con los populares en varias comunidades. Ni un ultimátum, ni un portazo: la coalición sigue en pie.
El PSOE, por su parte, también apoyó la medida. El relato oficial lo vendió como un triunfo de la seguridad. Quienes siguieron el debate señalan la hipocresía de la izquierda, que durante años denunció el espionaje indiscriminado y ahora avala herramientas similares. La ausencia de Irene Montero en la votación –¿vacaciones?– añadió un toque de sainete.
¿Coherencia o intereses de partido?
Lo que llama la atención no es que PP y PSOE coincidan, sino que Vox no haya hecho de esta discrepancia una línea roja. El partido ha amenazado con romper gobiernos por motivos menores, pero aquí prefiere el silencio. La interpretación más cínica es que el poder autonómico pesa más que los principios. La menos cínica, que el chat control no es el espantajo que venden. En cualquier caso, el electorado de Vox –el que exige pureza– probablemente no lo pase por alto.
El cálculo de costes y beneficios lo deja en una situación incómoda: o traga y se desdibuja, o se planta y pierde cuota de poder real. Hasta ahora, la balanza se inclina hacia la primera opción. Pero la legislatura es larga y los próximos plenos dejarán más ocasiones para medir la distancia entre el discurso y los hechos.