Irene Montero pidió un rap y lo obtuvo: la polémica no se hizo esperar
¿Qué pasaría si una ministra de Igualdad pidiera que le hicieran un rap de homenaje? Pues que, como se ha visto, se cumple el deseo y se monta el circo político. Irene Montero, exministra de Igualdad de Podemos, expresó en algún momento su deseo de que le dedicaran un rap. Y así ha sido. El resultado, un tema que ha corrido como la pólvora por redes sociales y ha reabierto la brecha entre sus defensores y sus críticos.
Un rap que divide opiniones
El rap, del que no se han difundido todos los detalles, ha sido recibido con entusiasmo por unos y con mofa por otros. En los corrillos digitales se ha desatado un intercambio de acusaciones: unos lo ven como un gesto simpático y otros como un ejemplo más del culto a la personalidad. Los términos gruesos han volado: desde acusaciones de hipocresía hasta insultos directos. Lo que queda claro es que la figura de Montero sigue siendo un frontispicio que genera reacciones viscerales, sin término medio.
El ruido de fondo: la batalla ideológica
Lo interesante no es el rap en sí —que tampoco parece tener mayor relevancia artística— sino cómo cada bando lo usa como munición. Mientras unos aclaman la iniciativa como un acierto de comunicación política, otros la tildan de august. La discusión se ha enredado rápidamente en viejas rencillas: corrupción, reaccionarios, hipocresía. El rap no era más que la excusa para un combate ya viejo.
Que una ministra pida un rap y lo reciba no debería ser noticia, pero en el clima actual cualquier movimiento se convierte en bandera. Al final, el rap se oye, pero el ruido de fondo lo ahoga. Ironías del deseo cumplido.