Gijón deroga las etiquetas DGT y libera el centro al tráfico
Para dejar de exigir una etiqueta ambiental no hace falta demostrar que con ella el aire mejoraba. Gijón acaba de comprobarlo: en su primer día de trabajo, la alcaldesa Carmen Moriyón anunció que «ya se han dado los pasos» para derogar la ordenanza de Movilidad, de modo que los vehículos tendrán
absoluta libertad de circulación y aparcamiento por calles y viales, sin distintivo de la DGT de por medio. No es un gesto suelto: es el eje del acuerdo de gobierno que
Foro, PP y Vox han firmado para gobernar en coalición los próximos cuatro años.
El marco legal ayuda. El
Tribunal Superior de Justicia de Asturias anuló el Plan de Movilidad de la anterior corporación por defectos en su memoria económica. El anterior ejecutivo recurrió ante el Supremo, lo que paralizó esa anulación. Los nuevos gestores ya han dado las pautas para
retirar el recurso y dejar el fallo en pie.
¿Qué pasa con las etiquetas DGT en Gijón?
La ordenanza que se deroga tenía, según la descripción que hace un participante en el debate, una arquitectura curiosa: prohibía
estacionar en toda la zona ORA durante su horario a los vehículos sin distintivo, pero no les impedía
circular por esas mismas calles, y después de las ocho de la tarde volvía a permitir el aparcamiento, como si el aire dejara de ensuciarse de noche. Ese diseño acabó en los tribunales.
El anuncio viene con reversión física. Moriyón quiere que el tráfico por el
Muro de San Lorenzo vuelva a ser el de 2019, y su equipo estudia deshacer las obras del trazado en un plazo que ella misma delimita en no más de «un mes y medio». Todo, dice, coordinado con la Policía Local, a la que visitó antes de anunciarlo.
Toros en El Bibio: una feria más corta
La otra pata del acuerdo es taurina. Las corridas vuelven a la plaza de
El Bibio durante la Semana Grande, en una feria «no como era habitual otros años», sino más corta, con una de las corridas fijada para el
15 de agosto, festividad de Begoña. La última feria se celebró en agosto de 2021, y la concesión, que terminaba en 2022, fue rescindida con un año de antelación por la anterior alcaldesa socialista, Ana González, tras una corrida con dos toros bautizados 'Feminista' y 'Nigeriano'. González declaró entonces que «si el mundo de los toros es esto, sinceramente no aporta demasiado a una ciudad como la nuestra».
A la rueda de prensa también llegó el ruido interno: Moriyón respondió por las dimisiones en su partido a raíz del pacto con Vox. Dijo no tener constancia oficial, mostró su apoyo absoluto al secretario general,
Adrián Pumares, y quitó hierro al asunto: «una persona ha dejado el Comité Ejecutivo, pero no la comisión directiva», lo que en su escala «no son tantas dimisiones».
Los números que se cruzan en el aire
Puestos a medir, los datos que circulan no encajan con el relato más simple. Según las cifras que cita un participante en el debate, España registra una exposición media ponderada a partículas
PM2,5 de 9,74 µg/m³, por debajo de los 11,36 de Japón, y aun así ocupa el segundo puesto mundial en esperanza de vida, solo por detrás del país asiático. España es además líder europeo en consumo de carne, con unos
100 kilos por persona y año según la FAO, y arrastra un parque móvil con fuerte peso del diésel.
De ahí sale el argumento que defiende ese participante: si las partículas no explican la longevidad, la etiqueta sirve para otra cosa. En paralelo se sostiene que en una ciudad media como Gijón la contaminación llega sobre todo de las
áreas industriales, no del tráfico rodado, y que no es lo mismo un coche suelto en una aldea que cientos de miles de desplazamientos diarios. La refutación, sostienen otros, es igual de directa: los pulmones de quien vive fuera de la almendra también se contaminan, y la restricción no salva al planeta, solo desplaza el humo unos metros.
El aparcamiento, el bus de 1,05 euros y la furgo de trabajo
Donde el asunto se vuelve tangible es en la logística diaria. Un instalador lo describe sin adornos: con la furgoneta no se puede aparcar en el centro, así que el compañero se queda dando vueltas a la manzana mientras el otro hace un trabajo rápido,
contaminando mucho más que si hubieran aparcado. La restricción, sostiene, golpea a quien no puede teletrabajar ni subirse al metro con una caja de herramientas.
La alternativa también tiene precio. Según cuenta otro participante, en Asturias existe una tarjeta de bus que cubre el trayecto de la capital al aeropuerto por
1,05 euros (tres zonas), frente a los 9 euros que costaba antes. La tesis de fondo es sencilla: si el transporte público compensa de verdad, la gente lo coge sin que nadie se lo prohíba; si no compensa, la etiqueta solo castiga a quien no puede cambiar de coche.
Lo previsible es que la medida se copie. Ya se apunta a otras ciudades como próximas en retirar restricciones, y el pulso entre los fondos europeos de movilidad y las ordenanzas locales no ha hecho más que empezar. Con la ordenanza de movilidad de Gijón camino del cubo de la basura y el Supremo a punto de quedarse sin recurso, la pregunta incómoda ya no es si el aire mejorará. Es si alguien llegará a medirlo.