PVC o aluminio con RPT: la batalla que decide tu factura
El PVC conduce el calor 1.200 veces peor que el aluminio. Ese dato, que aparece en cualquier manual de materiales, explica por qué una parte creciente del mercado ha dejado de mirar el aluminio con rotura de puente térmico como la solución definitiva. La conclusión que se cita del IDAE es tajante: las carpinterías de PVC de tres cámaras con vidrios de baja emisividad constituyen los cerramientos con mejor comportamiento térmico, sin descartar series de otros materiales que presenten igual transmitancia.
La comparación arranca con un cuadro de ahorro energético que enfrenta PVC, aluminio con RPT y aluminio sin RPT. Sobre esa base, el consenso técnico se impone rápido: el aluminio sin rotura de puente térmico es un radiador con bisagras. Quien lo tiene lo nota en la mano al tocar el marco en enero. La rotura, un pequeño trozo de plástico entre la parte exterior e interior del perfil, evita el contacto directo del metal, pero no elimina el puente de aire interior. El PVC, en cambio, es plástico en toda su extensión.
Qué cuesta y cuánto se amortiza
Una ventana con rotura de puente térmico cuesta entre un 30% y un 60% más que una sin ella. La horquilla la lanza un participante con criterio de amortización: cinco años. En un par de ventanas, el sobrecoste se recupera; en un piso entero, la cuenta se estira. El PVC sale ligeramente más económico que el aluminio de gama alta, y bastante más que el aluminio bicolor, donde el acabado exterior obliga a pagar la estética de la fachada.
Hay quien sostiene que el mejor aluminio con RPT aísla tanto como un PVC normal. El argumento tiene un problema de base: compara el techo de un material con la media del otro. Un perfil de PVC malo sigue siendo mejor aislante que un aluminio corriente, porque la conductividad del plástico no depende de la cámara de aire.
El color, la dilatación y el mito del plástico derretido
El PVC bicolor encarece el presupuesto, pero no es el único problema. La dilatación con el sol directo es el reproche clásico: ventanas que no cierran hasta que se enfrían. Frente a ese relato, la experiencia acumulada apunta a lo contrario. Perfiles de gama alta con más de quince años a la intemperie, orientados al norte y con heladas, siguen cerrando sin holguras. Un caso llamativo: PVC gris oscuro en un pueblo del interior de Málaga, a cinco kilómetros de la costa, con veranos de horno y sin síntomas de desgaste.
El amarilleamiento del blanco no aparece en instalaciones de quince años. El color oscuro es otra cosa, y ahí la prudencia es razonable. La alternativa del aluminio anodizado también pierde brillo con los años, aunque el mercado lo vende como eterno.
El vidrio, el cajón de persiana y el sellado pesan más que el perfil
El perfil es una parte pequeña de la superficie de la ventana. El vidrio, el cajón de persiana, los herrajes y la colocación deciden el resultado final. Un doble acristalamiento 4-16-4 con baja emisividad es el estándar razonable; ampliar la cámara más allá no compensa. El gas interior se pierde con los años, en torno a una década, y el control solar tipo Guardian Sun protege del calor estival a costa de renunciar a la ganancia solar invernal.
La orientación manda. En una fachada sur con muchas horas de sol, un cristal de control solar puede ser un error de cálculo: en invierno el sol calienta gratis y el vidrio lo bloquea. La decisión depende de si la calefacción es barata o cara. Con aerotermia o geotermia, proteger del calor de julio pesa más que captar el de enero.
La instalación decide más que la etiqueta
El mejor perfil del mercado se queda en nada con un montaje malo. El sellado con poliuretano, el relleno del cajón de persiana y el enrasado con la pared condicionan el aislamiento tanto como la transmitancia del marco. Hay quien apunta al taller como variable decisiva: la misma perfilería montada por profesionales distintos da resultados distintos.
La cámara de aire de la fachada completa el cuadro. De poco sirve una ventana de PVC de 70 milímetros si la pared que la rodea es un colador. El trasdosado interior con aislante resta centímetros y puede crear condensaciones; aislar por fuera es lo correcto, pero la comunidad de vecinos rara vez lo autoriza.
El ruido, el argumento que nadie discute
En una avenida ruidosa, el PVC gana por goleada. La combinación de cierre batiente, doble junta de EPDM y vidrios de espesores distintos amortigua frecuencias que el aluminio deja pasar. Un 4+6 rinde más que un 6+6 para el ruido, y un butiral especial en el laminado remata el trabajo. Las correderas, en cualquier material, son una vía de agua y de sonido.
Con la bajada del petróleo, el PVC es hoy más económico que hace unos años. La única desventaja reconocida frente al aluminio de gama alta es el ancho del perfil, que resta algo de luz. En viviendas con huecos pequeños, ese centímetro cuenta.
La predicción razonable es que el PVC siga ganando cuota en obra nueva y rehabilitación, salvo donde la normativa de fachada imponga bicolor o el arquitecto exija perfiles estrechos. El aluminio con RPT mantendrá su nicho en proyectos de diseño y en comunidades con estética protegida. La batalla no se decide en el catálogo, sino en la partida de sellado.