Van un deudor francés, un alemán, un suizo y un español…

Van un deudor francés, un alemán, un suizo y un español…
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El diferencial de tipos entre Francia y sus vecinos mide el deterioro de unas cuentas públicas con un gasto cercano al 60% del PIB y una deuda en torno al 120%. El mercado ya cobra casi un punto más a Francia que a España por prestarle dinero a diez años.

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El diferencial de tipos entre Francia y sus vecinos mide el deterioro de unas cuentas públicas con un gasto cercano al 60% del PIB y una deuda en torno al 120%. El mercado ya cobra casi un punto más a Francia que a España por prestarle dinero a diez años.

La foto fija del mercado de deuda deja un retrato incómodo. El Estado francés necesita ofrecer un 4,97% de interés para colocar su bono a diez años. A la misma altura del calendario, el Tesoro español paga un 4,05%. Alemania se financia al 3,41% y Suiza, la excepción, al 0,5%. Son cuatro primas de riesgo distintas para cuatro economías que comparten moneda, y el orden de la lista no responde a la casualidad.

Un gasto público que roza el 60% del PIB

Francia gasta cerca del 60% de lo que produce. Su deuda pública se aproxima al 120% del PIB y el déficit supera el 5% cada año. No hay memoria reciente de un ejercicio con las cuentas equilibradas. Con esos mimbres, el tipo exigido por los inversores no es un castigo caprichoso: es aritmética. Dos menos tres da el mismo resultado en París que en cualquier otro sitio. No existen matemáticas distintas para la eurozona.

El contraste con Suiza resulta demoledor. Los helvéticos tienen superávit público y una deuda que ronda el 40% del PIB. Por eso su bono a diez años se conforma con el 0,5%. La diferencia entre ambos países no es de cultura financiera ni de prestigio: es de balance. Quien ingresa más de lo que gasta paga poco por financiarse. Quien gasta un 5% más de lo que ingresa, paga casi cinco puntos.

Hay un detalle que conviene subrayar. El discurso habitual atribuye las protestas francesas a los recortes y a la austeridad. Los números dicen otra cosa: el gasto y la deuda están en máximos. No se puede tener a medio país subsidiado a costa del otro medio indefinidamente. La mitad que paga ya no puede cargar con más esfuerzo, y comprar paz social con gasto improductivo tiene un límite.

El coste real de cada punto de interés

Alguien podría pensar que pagar un 5% en vez de un 1% tampoco es para tanto. La cuenta se hace rápido con un ejemplo español. España tiene una deuda pública de más de un billón de euros. Cada punto porcentual de interés añadido equivale a unos 10.000 millones de euros anuales. Cuatro puntos de sobrecoste son 40.000 millones al año. Traducido: el 60% del gasto público en Educación o el equivalente a setenta ministerios de Igualdad.

Por trabajador, ese sobrecoste ronda los 2.000 euros anuales. Por habitante, más de 800 euros. Y esto es solo el servicio de la deuda, antes de devolver un euro del principal. Francia no está en esa situación exacta, pero su deuda también es enorme y su tipo ya es el más alto de los cuatro comparados. El círculo es vicioso: cuanto más gastas, más caro te financian; cuanto más caro te financian, más pesa la deuda sobre el crecimiento; cuanto menos creces, más se deteriora el ratio de deuda.

La comparación con Alemania añade otra capa. Los franceses pagan 1,5 puntos más que los germanos por el mismo dinero a diez años. Ambos comparten el euro, ambos tienen el mismo banco central detrás. La única diferencia es la calidad de sus cuentas. El mercado no premia la pertenencia al club: premia el equilibrio.

Cuando Francia estornuda, la eurozona se resfría

El asunto trasciende las fronteras galas. Una crisis de deuda francesa tendría implicaciones serias para toda la zona euro. Francia no es Grecia: su economía pesa demasiado y su deuda está repartida por los balances de bancos de medio continente. Si el tipo francés sigue subiendo, el contagio a otros emisores es cuestión de tiempo. Y España, con su billón de euros de deuda, es de las primeras de la fila.

Por eso conviene mirar la lista completa y no solo el vagón francés. El bono español al 4,05% no es una buena noticia aunque salga mejor parado que el francés. El alemán al 3,41% tampoco es cómodo. Suiza, con su 0,5%, funciona como recordatorio de lo que se puede conseguir cuando las cuentas cuadran. La foto no muestra un problema francés aislado: muestra un desbarajuste financiero general en la eurozona, con distintos grados de fiebre.

La pregunta relevante para un contribuyente español no es cuánto sufre Francia, sino cuánto le cuesta a él que Francia sufra. La respuesta está en los 40.000 millones anuales que representarían cuatro puntos de sobrecoste sobre la deuda española. Parecía un chiste al empezar. Puede acabar siendo un drama, aunque suene algo más gracioso contando en francés.

Lo que Francia enseña a quien quiera mirar

El caso francés funciona como manual de instrucciones al revés. Un Estado que se lleva el 60% del PIB, que regula en exceso y que financia el déficit con deuda creciente acaba pagando un precio en el mercado. No hace falta invocar ideologías: basta con mirar el tipo de interés que exige el inversor. El diferencial frente a Suiza, 4,47 puntos, es la factura de décadas de desequilibrio.

La lección se aplica a cualquier economía occidental que haya convertido el gasto público en herramienta de compra de tranquilidad. El Estado del bienestar no se arruina por austeridad: se arruina cuando el número de personas que cobran del sistema supera al de las que lo financian. La ley de la gravedad también existe en las cuentas públicas. Y Francia, con su 4,97%, acaba de recordarlo a toda la eurozona.

Nada de esto constituye una recomendación de inversión ni un diagnóstico sobre la solvencia de ningún Estado. Los tipos de interés cambian a diario y las cifras citadas corresponden al momento en que se publicaron. Para decisiones financieras concretas, conviene consultar a un profesional.

Datos clave
  • El bono francés a diez años exige un 4,97% de interés, frente al 4,05% español, el 3,41% alemán y el 0,5% suizo.
  • El gasto público francés ronda el 60% del PIB y su deuda se aproxima al 120%, con un déficit superior al 5%.
  • Suiza tiene superávit y una deuda en torno al 40% del PIB, lo que explica su tipo del 0,5%.
  • Cada punto de interés añadido sobre el billón de euros de deuda española cuesta unos 10.000 millones anuales.
  • Cuatro puntos de sobrecoste equivalen a 40.000 millones al año, el 60% del gasto público español en Educación.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

KUTRONIO

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Europa tiene muchos problemas, con epicentro ahora mismo en Francia. Salvo quien dependa de la sanchista para informarse, el resto del mundo sabe que Francia está ardiendo. Todo el mundo sabe además quién la está quemando. La base de un estado cualquiera es la seguridad. Un estado que no es capaz de garantizar la vida, la propiedad o la libre circulación de las personas es un estado fallido. ¿Por qué África es un continente fallido? En gran medida por todo lo anterior. Por otro lado, contemplando el perfil de las hordas que están arrasando Francia, la africanización del país parece un hecho natural que sigue a la africanización de la población. No se trata sin embargo de un problema racial, sino de una población que no se ha querido integrar. Si vienes a remar como los demás eres uno más y como tal mereces ser tratado, pero si vienes sólo a replicar el lugar del que vienes, que es fruto de los valores y las costumbres que tienes y no quieres cambiar, eres un invasor que viene a quemar el barco y también como tal debes ser tratado. O hay integración o hay reemplazo, y entonces te conviertes en la clase de sitio violento del que vienen todos esos forasteros. A nadie se le escapa tampoco que la integración es más fácil o cuando hay voluntad de integrarse o cuando el forastero que llega ya comparte en buena medida los valores y costumbres del lugar al que llega. Por eso no tiene sentido comparar la emigración joven o subsahariana, como hace la izquierda, con la que llegó de Europa a los EEUU o con la que llegó a Cataluña desde otros lugares de España. Pero siendo la violencia y la inseguridad un problema fundamental, esto es sólo parte del problema que tienen Francia y Europa.
Francia es además una economía zombi hace décadas. En conjunto Europa, particularmente su parte occidental, es una Europa paralizada, y en el caso de Francia resulta bastante evidente que el peso del estado tiene buena culpa de ello. El tamaño y coste del estado es tal que asfixia a la economía real y al sector productivo privado. No puede haber crecimiento porque nadie puede correr con una vaca en brazos. El híper-estatalismo tiene además su correspondiente derivada que es el híper-regulacionismo. Todo esto no se expresa solamente en una economía que no crece, ni innova, ni lidera, sino en unas cuentas públicas catastróficas. El gasto público representa cerca del 60% del PIB de Francia, la deuda pública se aproxima al 120% del PIB, el déficit de las cuentas públicas supera el 5% y no se recuerda la época en que las cuentas del estado francés estaban equilibradas. ¿Alguien se puede sorprender entonces de que ahora mismo haya temor respecto a una crisis de la deuda pública francesa? Obviamente las implicaciones para la zona euro podrían ser catastróficas. Por otro lado las cifras están a la vista: con semejantes desajustes entraría en problemas la deuda francesa o la de cualquier otro país. No es cuestión de nacionalidad sino de matemáticas. Dos menos tres da el mismo resultado en Francia que en Somalia. No existen unas matemáticas distintas para la Unión Europea.
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Todo lo anterior contrasta vivamente con el discurso de que Francia se encuentra ante todas estas protestas a causa de los recortes del gasto público, el desmantelamiento del estado del bienestar y las políticas austeras de Macrón. ¿Pero qué políticas austeras si el estado francés gasta un 5% más de lo que ingresa y eso pese a tener unos impuestos elevados? ¿Qué recortes si la deuda y el gasto se encuentran en máximos? Lo que pasa es que no se puede tener a medio país subsidiado a costa del otro medio. La mitad del país que paga no puede cargar ya con más esfuerzo. Pagar al medio país que sólo cobra evapora todos los recursos que deberían servir a la innovación y al crecimiento. El medio país acostumbrado a vivir subvencionado ha cambiado el trabajo por quemar las calles cada vez que quiere conseguir más dinero y menos esfuerzo. ¿Alguien piensa que las manadas de joven y subsaharianos que queman y destrozan los liceos lo hacen porque quieren más horas de estudio o exámenes más duros? Comprar la paz social a base de gasto público improductivo tiene un límite y Francia lo está superando. Por otro lado, no hay estado del bienestar que pueda sobrevivir a un exceso de población tratando de vivir del estado del bienestar sin financiarlo. Nadie se ha arruinado nunca por ser austero. La gran enemiga del estado del bienestar no es la austeridad sino la ley de la gravedad.
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Un buen termómetro de todo lo que está pasando, por qué está pasando y dónde está pasando lo encontramos en lo que podríamos llamar las primas de riesgo, o el diferencial entre lo que le cuesta pedir dinero prestado al estado francés, al estado alemán, al estado español o al estado suizo. De ahí el titular elegido al principio.
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Como puede apreciarse, el estado francés necesita ofrecer un 4,97% de interés para poder conseguir dinero prestado a diez años. Sin embargo, a la mismísima España sanchista sólo le cuesta un 4,05%. Es decir, el mercado le exige casi 1 punto más de interés a Francia que a España por el dinero prestado, lo que por tanto es la prima de riesgo de Francia respecto a España y una buena evidencia del deterioro de las cuentas francesas. Pero vayamos literalmente más lejos.
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Si observamos los bonos alemanes a diez años, el interés es del 3,41%. He aquí de nuevo la prima de riesgo y el sobrecoste de tener las cuentas públicas menos saneadas que las del vecino, y eso que todos forman parte del euro. Francia tiene que pagar 1,5 puntos más que Alemania de interés por el dinero prestado, lo que evidencia no sólo el deterioro de las cuentas francesas sino el sobre esfuerzo que tiene que realizar para mantener el gasto. Es un círculo vicioso. Cuanto más sigues gastando más te cuesta financiar el gasto, más pesa eso contra tu crecimiento y sostenibilidad, y más hace a su vez aumentar tu desequilibrio y tu riesgo a la hora de seguir pidiendo prestado.
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La verdadera magnitud del drama, sin embargo, la encontramos cuando comparamos todo lo expuesto con el interés del bono del estado suizo a 10 años, cuya rentabilidad es sólo del 0,5%. Pero claro, es que Suiza tiene superávit en vez de déficit público y su deuda sólo representa el 40% del PIB, frente al caso 120% del PIB del caso francés. Poner a Suiza sobre el tapete resulta relevante porque pone de manifiesto el desbarajuste financiero general en la zona euro.
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Interesa finalmente poner algunas cifras más a todo lo indicado, ya que a fin de cuentas alguien podría pensar que tampoco es tan terrible tener que pedir prestado al 5% en vez de al 1%. Por el contrario, un país como España tiene una deuda pública de más de un billón de euros, lo cual simplificando un poco significa que cada 1% de interés añadido son 10.000 millones de euros. Tener que pagar 4 puntos más de interés implica un coste añadido de 40.000 millones anuales de euros. Esto es el 60% del gasto público en Educación de España o el coste de 70 ministerios de Igualdad. También significa un coste añadido anual de más de 800 euros por español, o un sobrecoste de 2.000 euros anuales por trabajador. Parecía un chiste al empezar, pero puede acabar siendo un dramón, aunque es un poco más gracioso contando en francés. Lamentablemente cuando Francia estornuda España gana el Mundial. O sea que debemos preocuparnos por Francia aunque sea un concepto que nos cueste desarrollar. Francia es por lo demás un ejemplo de lo que no tenemos que hacer para no acabar en su mismo incendio actual.
 

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