adefesiojo es el merz español
un rajoy 2.0
deberian prohibir a los gallegos ser presidentes.
alli solo hay jubilados y funcionarios.
La verdad que, ahora que lo dices, realmente, en España, solo hemos tenido jefes de gobierno o de estado que no eran de Madrid, hasta Sánchez... lo que tira por tierra mi sensación de que los madrileños éramos los más abiertos, leales y sinceros (desde el colegio, desde párvulos, allá por los años sesenta, recuerdo que la mayoría de compañeros tenían pueblo y yo era de los pocos que, cuando preguntaba la profesora, decía que mi pueblo era Madrid —porque era mi pueblo en el que nací y crecí como mis padres—. Eso me daba mucha envidia sana y siempre consideré, en contra de lo que dijeron después, que los que venían de otros sitios tenían más cosas que contar que yo, que, al final y al cabo, solo podía contar de mi pueblo, en las redacciones que nos ponía la profesora los primeros días al volver de vacaciones de verano: "haz una redacción sobre lo que has hecho estas vacaciones y en dónde has estado".
La mayoría hablaba de su pueblo, de la fuente de no sé qué, de los frutales del tío Antón, de la chimenea a la que no les dejaban acercarse sus padres... Yo solo podía redactar sobre que jugaba en las calles de Madrid al escondite hasta casi la madrugada, después de mil voces de nuestras madres llamándonos por nuestros nombres y a cuyas voces nunca acudíamos hasta que nuestra progenitora bajaba del cuarto piso en el que vivíamos y nos veía, por mucho que nos quisiéramos ocultar.
"Venga "pa alante", que llevo una hora llamándote. Como se lo diga a vuestro padre, os vais a enterar" (aunque nos daba más miedo la progenitora, por los castigos, que podían ir desde obligarte a comer un plato de espinacas rehogadas por la noche hasta a castigarte en tu cuarto, aunque, en mi caso, tal cosa no era efectiva, pues, en mi cuarto, al fin, podía dedicarme, sin distracciones de juegos infantiles, a dibujar, pintar y escribir.
Cuando se dieron cuenta de que tal castigo casi era un premio, me castigaban con cosas más crueles (de pequeño, era un "bicho", siempre estaba pensado en alguna trastada (trastadas infantiles, pero llenas de mayor profundidad que tirar piedras a una ventana), por lo que lo de los castigos era algo que tenía que pensar muy bien para "sobrevivir" en el día a día de un niño).
Así, me castigaban sin ver televisión (en blanco y [tonalidad] en aquel entonces y que yo me quedaba fascinado, con unos ocho o nueve años, viendo en Estudio Abierto, creo que se llamaba así, "Doce hombres sin piedad", con Fernando Delgado (se me quedaron aquellos nombres y la interpretación de todos ellos, aunque recuerde solo algunos de sus nombres —quizá Maite Blasco, entre ellos... pero lo digo ahora que escribo esto y lo recuerdo sin saber si es un recuerdo falso, por lo que es posible que no exista tal actriz—)
Es posible que parezca que una interpretación teatral no pueda llamar la atención de un niño, y con un tema tan supuestamente alejado de los intereses de un niño, pero así pasó... así lo recuerdo y así doy nombres de lo que recuerdo... no tanto para que me digas que no es verdad o sí, como para saber que lo fue... y no para mí, que yo lo sé, sino por lo que les pueda ocurrir a otros igual.
Por ejemplo, aunque en teoría no debería recordar estas cosas por la edad que tenía... Recuerdo, y pondría la mano sobre la Biblia o sobre cualquier otra cosa en la que creyera o me importara, que, el día que murió Franco, o al día siguiente, en la televisión de entonces, que sé técnicamente lo que podría hacer, me llamó la atención una imagen, tomada desde una azotea (hoy sería con un dron), pero entonces solo pudo ser tomada desde una azotea enfrente del Palacio Real, en la que se veía un coche de los de autoridades, en el que decían que iba el Príncipe heredero, Juan Carlos, y de fondo, se escuchaban gritos de la multitud, que eran gritos de mujer que decían, literalmente, "¡¡guapo, guapo, guapo!!...
Yo, entonces, no sabía ni quién era el rey ni lo que era la monarquía ni nada parecido, pero me sorprendió mucho que le dijeran guapo a alguien que iba tras cristales tintados en un vehículo, con lo que costaba que me aceptara unas galletas una compañera de tercero de EGB que también quería me llamara guapo, aunque entonces ni siquiera sabía para qué, pero el instinto, eso que no sabemos definir, me impelía a actuar así, aunque, al final, siempre terminaba diciendo a los amigos... ¡Venga, vámonos a jugar al escondite! (si fuera de día les hubiera dicho a jugar al fútbol, pero normalmente estas cosas sucedían al atardecer... y ya no se veía dónde botaba el balón para dar alguno de esos maravillosos pases al hueco que siempre intentaba).