Tras estos días de incertidumbre, me quedo por ahora con la hipótesis de Juan Antonio Aguilar en el canal de Bistoleti o de Rubén Gisbert, que comparten el punto de vista. Una provocación para que España cargue, haya sangre, y medio mundo se ponga de parte de Jovenlandia, como se intentó en el 1 de octubre con los separatistas. Para empezar a poner en duda internacionalmente la soberanía española sobre las ciudades norteafricanas. De fondo, por supuesto, cuestiones geopolíticas sobre el Estrecho en relación con la reordenación de rutas hacia Oriente a través de Israel, etc. Cuadra con lo visto previamente (informe de Rubio de mayo, amenazas de Trump de principios de mes) y es muy parecido a lo denunciado hace años como Plan Jovenlandia 2030. Si es así, el cacho perro habría hecho bien, seguramente por negligencia y de casualidad, pero parece que tiene suerte el muy listo. No entrando al trapo, quiero decir.