Irán confirma la muerte de Raisi tras estrellarse su helicóptero
Tres helicópteros despegaron juntos en la misma franja montañosa de Azerbaiyán Oriental, con la misma niebla y el mismo frío. Dos llegaron a su destino. El tercero, el que transportaba al presidente de Irán, Ebrahim Raisi, y a su ministro de Asuntos Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, no. Esa asimetría —mismo aparato, misma ruta, mismo día— convirtió un siniestro aéreo en un enigma que se cerró con una confirmación oficial y dejó abiertas todas las preguntas.
Las primeras informaciones hablaban de un «aterrizaje forzoso» en la ciudad de Jolfa, en el noroeste del país. La televisión estatal hablaba de un «incidente» mientras el mandatario viajaba con su comitiva. Horas más tarde llegó la confirmación de la muerte. Si la caja negra aparece y dice algo claro, decidirá si esto fue un accidente, un sabotaje o algo que nadie ha puesto por escrito.
¿Qué le ocurrió al helicóptero del presidente de Irán?
Los reportes llegaron desordenados y contradictorios. Los medios oficiales iraníes hablaban a la vez de accidente y de aterrizaje de emergencia, sin ponerse de acuerdo entre sí. Una cadena estatal situaba el aparato en las montañas de la provincia de Azerbaiyán Oriental, en una zona fronteriza donde la cobertura desaparece y el terreno no perdona. Las autoridades intentaban alcanzar el lugar del siniestro en tiempo real, mientras las agencias internacionales replicaban el aviso y las versiones se pisaban unas a otras.
El operativo de rescate no encontró nada durante horas. Los equipos tuvieron que subir a pie, de noche y con niebla, a un paraje sin visibilidad. Cuando por fin se confirmó el peor desenlace, lo hizo por una vía indirecta: un responsable de comunicación de la presidencia de Ahmadinejad certificó la muerte del presidente y de su ministro de Exteriores. El Estado iraní, mientras tanto, repetía que seguiría funcionando con normalidad.
Seis horas sin localizar el aparato y tres socorristas desaparecidos
El dato que más desconcierta es el tiempo. Pasaron seis horas sin que nadie localizara el helicóptero, pese a que había dos aparatos más volando en formación que podrían haber dado su posición por radio. Un teléfono móvil, por sí solo, basta para enviar una ubicación. No ocurrió. La explicación que se apunta es simple: si el aparato quedó calcinado, no hay señal que rastrear.
Antes de perderse el rastro, hubo contacto. El imán de Tabriz habló dos veces por teléfono con los equipos: decía que oía ambulancias y que se encontraba mal. Después, silencio. A la búsqueda del aparato se sumó un elemento más, desconcertante: tres socorristas de la Media Luna Roja que participaban en el operativo desaparecieron también. Entre unas versiones que situaban el hallazgo y otras que lo desmentían, la información se convirtió en un laberinto.
¿Accidente por niebla o sabotaje? Las dos hipótesis que se pelean
La explicación más sencilla apunta al clima. Volar en helicóptero entre montañas, con nubes bajas y aire frío, genera corrientes que pueden hacer que el aparato pierda sustentación en segundos. Es la tesis que defienden quienes recuerdan que los otros dos helicópteros llegaron sin problema. Sin indicios de manipulación y con una caja negra muda, demostrar lo contrario sería casi imposible.
Frente a eso, la sombra del sabotaje. Un aparato que se cae solo, en el momento exacto en que transporta al presidente de un país en conflicto abierto con Israel y Estados Unidos, invita a las teorías. Se ha llegado a mencionar
Stuxnet, el gusano informático que en su día saboteó centrifugadoras nucleares, como prueba de que una infiltración en el software aeronáutico es concebible. Concebible no es lo mismo que demostrado. También se apunta, sin pruebas, al sabotaje mecánico por parte de un técnico infiltrado, una hipótesis que muchos descartan como casi imposible.
Irán pide ayuda a Washington y a los satélites europeos
En una de las paradojas del episodio, Irán solicitó asistencia a Estados Unidos para investigar el siniestro, según las informaciones que circulaban en francés y que se hicieron virales. También reclamó apoyo al sistema Copernicus de satélites de la Unión Europea y a Turquía.
Que Teherán pida ayuda al país al que lleva años señalando como enemigo deja un reguero de preguntas sobre qué había realmente en ese vuelo y quién controla la información. La broma del supuesto agente del Mossad llamado «Eli Copter» que pilotaba el aparato circuló más rápido que cualquier comunicado oficial. Y sobre el terreno, la niebla seguía ocultando lo que los satélites no alcanzaban a ver.
El factor interno: la sucesión de Jamenei
No todo apunta fuera. En el propio Irán se apunta a una competencia soterrada por la sucesión del liderazgo. Raisi aparecía como uno de los candidatos a sustituir al ayatolá, en pugna con Mujtaba Jamenei. La frialdad con que la cúpula reaccionó al incidente —una esperanza de que el presidente regresara, junto al recordatorio de que el Estado seguirá comportándose como siempre— alimentó la lectura de que alguien dentro del sistema tenía poco que perder.
Es una hipótesis, no un hecho. Pero quien ocupe el hueco de Raisi puede inclinar el país hacia una ofensiva directa contra Israel o hacia un perfil más contenido. El reemplazo importa tanto como la muerte.
Teorías sin pruebas: del 5G a la desaparición de las nubes
Como en cada catástrofe, el ruido conspiranoico llenó los huecos. Circuló una imagen que supuestamente probaba que se habían borrado sistemas meteorológicos de las imágenes por satélite justo antes del siniestro. Otra corriente vinculó una muerte ajena, la de una presidenta autonómica hospitalizada, con vacunas, 5G y una supuesta ejecución de líderes por ondas. Nada de eso cuenta con respaldo alguno y, a diferencia del clima o de la hipótesis del sabotaje, no se sostiene ni con datos ni con física.
El resultado es el de siempre: cuanto menos se sabe, más espacio ocupa la certeza inventada. Y el petróleo, que nunca se cae en helicóptero, siguió donde estaba.
Raisi está muerto y su ministro de Exteriores no volverá. Lo que siga —un funeral multitudinario, un nuevo presidente, un Irán más agresivo o más cauto— dependerá de lo que digan la caja negra y los que nunca hablarán. Y si el helicóptero que no llegó nunca hubiera despegado, ¿quién habría ocupado su asiento?