Recuperar Marruecos para España: el brindis imperial sin números
La idea de reintegrar Marrakech, Rabat y Casablanca como ciudades españolas suele pertenecer al terreno de la nostalgia histórica, no al análisis económico. Sin embargo, la reclamación de Luis «Alvise» Pérez ha encontrado un hueco en la discusión económica, donde se mezcla con la seguridad fronteriza de Ceuta y la presión migratoria. Lo llamativo del intercambio es la ausencia absoluta de cifras: nadie cuantifica el coste de administrar un territorio como Marruecos, ni el impacto en las relaciones bilaterales.
Hay quien sostiene que lo primero sería asegurar el perímetro de Ceuta, citando la localidad marroquí de Castillejos como objetivo, y plantea acciones militares. Frente a esa corriente, un sector más cauto descarta la aventura y propone gestos simbólicos como una protesta frente a la embajada de Marruecos en Madrid, en el número 179 de la calle Serrano. La geografía se mezcla con la demagogia: la única cifra de todo el intercambio es una estimación demográfica despectiva sobre la población migrante, que no debe reproducirse aquí.
El esperpento alcanza su cota cuando alguien confunde a los partidarios de la iniciativa, los «salfistas», con los salafistas; solo una «a» de diferencia, pero un universo de significado. Esa confusión sintetiza el rigor del conjunto. A la fecha de esta discusión, la reclamación de Alvise sigue siendo una proclama sin presupuesto. La pregunta que queda flotando: ¿es esto una broma de mal gusto, un programa político, o el primer síntoma de que el irredentismo se ha quedado sin argumentos económicos que lo sostengan?