Una estadounidense en Valencia censura la forma de caminar de los españoles: ¿falta de civismo o costumbre arraigada?
Una estadounidense residente en Valencia ha generado un intenso debate al denunciar lo que considera una falta de normas básicas al caminar por las aceras: grupos que ocupan todo el ancho, parejas cogidas de la mano que no ceden el paso y peatones que zigzaguean sin rumbo fijo. Su queja, recogida por un medio nacional, ha dividido a la opinión pública entre quienes reclaman más urbanidad y quienes la acusan de no adaptarse a las costumbres locales.
El problema de las aceras: ¿un síntoma de individualismo?
Quienes dan la razón a la estadounidense señalan que en España se ha perdido la costumbre de caminar por la derecha, algo que se enseñaba antiguamente y que sigue vigente en otros países como el Reino Unido (por la izquierda). Aducen que el comportamiento de grupos que se detienen en medio de la acera, los dueños de perros con correas extensibles o los peatones absortos en el móvil revelan una creciente falta de consideración hacia los demás.
La réplica: «Si no te gusta, vete»
Otro sector, mayoritario en las redes, considera exagerada la crítica. Argumentan que en ciudades como Nueva York o Chicago el comportamiento peatonal es igual o peor, y que la queja es propia de alguien que no sabe integrarse. Algunos recuerdan que en España la Seguridad Social es universal y generosa, y que pequeñas molestias como caminar sorteando gente no deberían empañar la experiencia. También hay quien defiende que la espontaneidad y el carácter gregario forman parte del encanto del país.
La comparación internacional: de Londres a Suiza
Los defensores de la queja contraponen ejemplos como las escaleras del metro de Londres, donde los usuarios se colocan a la izquierda para dejar pasar, o la disciplina en países centroeuropeos. En cambio, se señala que en Suiza o Alemania no existe una norma explícita de caminar por la derecha, lo que demuestra que no es universal. El debate trasciende lo peatonal y refleja diferencias culturales más profundas sobre el espacio público.
El incidente ha servido para poner de manifiesto la tensión entre la libertad individual y el respeto al espacio común. Queda la pregunta: ¿es la acera un lugar de tránsito o de convivencia?
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