El desafío de los títulos latinos en el mercado europeo
Una creadora de contenido costarricense ha encendido las redes al afirmar que los profesionales latinoamericanos llegan a Europa sobrecualificados. La declaración sostiene que muchos descubren en destino que su formación y experiencia superan lo que el mercado europeo les pide. Pero el argumento tiene una arista incómoda: la Universidad de Costa Rica, el principal centro académico del país, ni siquiera aparece en el ranking de Shanghái, la clasificación internacional de universidades más citada del mundo.
¿Sobrecualificación real o espejismo estadístico?
El concepto de sobrecualificación no es nuevo. Millones de títulos se expiden cada año, pero la equivalencia entre sistemas educativos es un campo minado. En la discusión pública participan profesores, ingenieros y migrantes con historias opuestas. Un docente que ha impartido un máster de inteligencia artificial en una universidad privada española asegura que el temario era “penoso” y que el equivalente en la Politécnica de Monterrey, en México, era más difícil y completo. Ese dato, desde dentro, alimenta la sospecha de que el sistema europeo ha rebajado el listón después del proceso de Bolonia.
Del despacho de dirección a la hoja de cálculo
El ajuste entre titulación y empleo real tiene otra cara: el trabajador que ocupaba un puesto directivo en su país y acaba en tareas operativas sin saber manejar herramientas básicas. Circula una anécdota recurrente: “En mi país era director de banco”. La respuesta es “muy bien, abre el Excel”. El choque no es solo de prestigio, sino de competencias. Las empresas europeas no convalidan automáticamente los títulos extranjeros, y la experiencia previa se descuenta cuando no hay homologación.
El negocio de los posgrados
Otros focos del debate apuntan a que muchos másteres europeos se han convertido en un negocio. Un curso de posgrado de una universidad privada española llegaba a costar 12.000 euros, sin que el contenido justificara el precio. La expresión “máster sacacuartos” resume esa desconfianza, y no afecta solo a españoles: también se aplica a los propios latinoamericanos que llegan con títulos de poca profundidad de instituciones poco acreditadas.
Un debate que no se resume en un tuit
Las reacciones son encontradas. Hay quien considera que se trata de un espejismo alimentado por la autopercepción y menciona el efecto Dunning-Kruger: confundir la seguridad en uno mismo con la competencia real. Otros se preguntan por qué individuos tan “sobrecualificados” abandonan sus países de origen si las condiciones que dejarían son tan superiores. Y un tercer bloque señala que el problema no es la formación de los migrantes, sino la pérdida de prestigio del propio sistema educativo europeo, que ha convertido la universidad en una fábrica de títulos con escaso valor.
¿Qué queda de la polémica? El fenómeno no es exclusivo de los extranjeros: los propios titulados españoles sufren tasas de sobrecualificación en empleos que no requieren estudios superiores. Cuando una persona es “demasiado” cualificada para un empleo y “poco” para otro, quizá el problema no sea la persona, sino el sistema que expide títulos y las empresas que no saben leerlos. ¿Y si toda la polémica no fuera más que el reflejo de una crisis de valor de los títulos, tanto en origen como en destino?