El policía que se llevó la patrulla ebrio y con cuatro menores en Sanfermines
La tarde del 6 de julio, con Pamplona en plena euforia del Chupinazo, un agente de la Policía Municipal fuera de servicio decidió que el coche patrulla era una extensión de su día libre. Con 0,79 mg/l de alcohol - el triple del límite legal para cualquier conductor - recorrió la ciudad con cuatro menores a bordo, ninguno con el sistema de retención obligatorio. Uno de ellos, según las informaciones, iba encima del conductor.
El desenlace no tiene nada de festivo. El agente ha sido condenado por un delito contra la seguridad vial y otro de hurto de uso de vehículo policial. La conformidad le ha ahorrado el juicio oral y le ha dejado dos multas de 1.440 euros y la retirada del carné durante un año. Ni un día de cárcel.
La justicia con placa: la misma cuenta, distinto resultado
La comparación corre sola. Si esto lo hace un repartidor de Glovo o un conductor cualquiera, la fiscalía pide prisión y el juzgado la concede. Aquí, el uniforme ha funcionado como una tarjeta de salida. El agente, previsiblemente, seguirá cobrando del ayuntamiento y podrá patrullar a pie - como ironizan algunos análisis - mientras espera a que pase el temporal.
La suma es simple: 2.880 euros en multas y un año sin carné por poner en riesgo la vida de cuatro menores y la de media ciudad. La proporción entre el peligro real y la sanción no la cuadra ni el más optimista de los actuarios.
El detalle que descoloca
El dato que más sorprende no es la tasa de alcoholemia, récord para un agente en activo, sino que la condena se haya quedado en lo administrativo. La pregunta incómoda es: ¿qué habría pasado si el protagonista no lleva placa? Con la respuesta, el lector sabrá qué esperar de la próxima vez que un agente se salte la ley con el coche oficial. Porque la próxima vez, seguro que llega.