Un coche eléctrico en carga incendia un garaje en Sevilla
La madrugada del 17 de octubre, un vehículo que cargaba su batería en un garaje subterráneo de la calle Parque de Doñana, en el barrio sevillano de Pino Montano, comenzó a arder. Las llamas se propagaron a otros seis coches y a zonas comunes, dejando tres bloques de viviendas sin luz ni agua y dos heridos. El suceso reaviva el debate sobre la seguridad de los coches eléctricos, en particular cuando se cargan en espacios cerrados.
El fuego que no se apaga fácilmente
Los bomberos necesitaron 14 dotaciones para controlar el incendio, que generó temperaturas capaces de dañar el hormigón armado. Un análisis técnico señala que el hormigón sometido a más de 1.100 °C durante 30 minutos pierde su capacidad portante, y el acero a 770 °C reduce su resistencia un 30 % de forma permanente. La normativa actual de puertas cortafuegos (90 minutos) y protecciones de vermiculita (60 minutos) podría no ser suficiente para contener un incendio de batería de litio, que puede autoabastecerse de oxígeno y es difícil de extinguir. Mientras un coche de combustión se apaga con relativa facilidad, uno eléctrico arde hasta consumir la batería, lo que alarga el siniestro y aumenta el riesgo estructural.
Las aseguradoras, en el punto de mira
El coste total del siniestro no se ha calculado, pero abarca los siete vehículos calcinados, los daños estructurales en el garaje, las zonas comunes y los cortes de suministro. Algunas voces advierten de que las primas de seguros para coches eléctricos podrían dispararse si estos incendios se generalizan. De hecho, las navieras y aseguradoras ya se resisten a cubrir el transporte de vehículos eléctricos chinos, que han tenido que asegurar sus propios barcos. La pregunta sobre quién responde cuando un coche eléctrico quema un garaje comunitario sigue sin respuesta clara.
La polémica sobre la huella de carbono
El incidente también ha reabierto el debate ecológico. Un coche eléctrico, que en teoría no emite durante su uso, al arder libera gases tóxicos y requiere enormes cantidades de agua para su extinción. Si además calcina otros vehículos y obliga a demoler o reparar estructuras, la huella de carbono total puede superar la de un coche de combustión durante toda su vida útil. Ironías del discurso ambiental: lo que venden como «cero emisiones» puede terminar generando más contaminación que un diésel en un solo incendio.
El episodio de Pino Montano no es aislado. En los últimos meses se han registrado incendios similares en garajes de Madrid y Bilbao. Mientras no se desarrollen baterías intrínsecamente seguras –como las de litio ferrofosfato–, la movilidad eléctrica en espacios cerrados seguirá siendo un riesgo que ni la normativa ni los seguros parecen haber asumido del todo. El dato que descoloca: el hormigón y el acero de un garaje no olvidan un incendio de estas características; la reparación estructural puede costar más que el propio edificio.