El negocio del fuego: ¿quién gana con los incendios forestales?
Cada verano, España arde. Pero las llamas no solo arrasan bosques; también reabren viejas sospechas sobre los intereses que se mueven tras el humo. En las discusiones sobre la temporada de incendios, un dato se repite: julio fue el mes más virulento del pasado año. Y mientras las autoridades apelan al cambio climático, una corriente de análisis señala hacia causas más terrenales.
Por un lado, están las condiciones laborales de los brigadistas. Se ha señalado que la profesionalización y los convenios colectivos habrían creado un incentivo perverso: si los incendios consiguen mejoras salariales, el fuego se convierte en herramienta de presión. De hecho, se menciona que los operarios ya han sido «casi funcionarizados» y que una vez cierren un periodo de trabajo estable de 9 a 12 meses, los incendios desaparecerían. La sospecha es que la conflictividad laboral se traslada al monte.
El negocio de las renovables tras las cenizas
Otra línea apunta a los beneficios económicos posteriores. Zonas quemadas que luego se cubren de placas solares o molinos eólicos. La coincidencia temporal invita a preguntarse si el fuego allana el camino para proyectos energéticos. Ya hay quien ironiza con que este «negocio» debería sumarse al PIB. La pregunta no es baladí: en un país donde el despliegue renovable avanza rápido, el suelo quemado es más barato y con menos trabas burocráticas.
El clima como cortina de humo
Frente a estas explicaciones, el relato oficial insiste en la sequía y el calor extremo. Sin embargo, el escepticismo crece cuando se observa que la mayoría de los incendios tienen origen humano. La etiqueta de «timo climático» aparece cada vez que se cuestiona la narrativa única. Lo cierto es que los datos de intencionalidad no cuadran del todo con una simple consecuencia del calentamiento global.
¿Conclusión? No hay una sola respuesta. Pero el hecho de que el año pasado la temporada se desbocara en julio, y que este año las previsiones sean similares, no apunta a que el problema vaya a solucionarse solo con más medios aéreos. Mientras el debate sobre quién prende la mecha siga abierto, el humo no se disipará.