Tomates a 10 céntimos: vender a pérdidas porque arrancar cuesta más
Ningún agricultor vende el kilo de tomate a 0,10 euros por gusto. Lo hace porque, una vez cosechado, el coste hundido es irrecuperable y arrancar la planta sale más caro que recoger y vender aunque sea a pérdidas. Es la lógica del coste hundido llevada al extremo: comparar el ingreso marginal (0,10 €/kg) contra el coste marginal de recolección, empaquetado y transporte, no contra el coste total de producción. Y en esa comparación, a veces perder poco es mejor que perder mucho.
El margen que nadie ve entre el campo y el supermercado
La indignación salta cuando el mismo tomate se vende a 1,59 €/kg en el súper, procedente de Países Bajos, con salarios más altos y flete incluido. Pero la comparación directa es engañosa: el precio mayorista incluye mermas por calibre, manipulación en almacén y logística de corto plazo, mientras que el lineal del supermercado incorpora distribución, exposición y márgenes de cada eslabón. Lo que sí revela el diferencial es la asimetría de poder: el agricultor, con cosecha perecedera y simultánea, apenas puede negociar; el comprador, sí.
La solución que no llega: cooperativas y venta directa
Algunos apuntan a que el sector debería innovar con canales alternativos –cooperativas, transformación, venta directa– en lugar de quejarse año tras año. La realidad es que para un pequeño productor, montar una red propia de distribución requiere inversión y escala que no tiene. Mientras, el mercado mayorista sigue dictando precios de ruina en momentos de sobreoferta. Es la crónica de una muerte anunciada: otra primavera con tomates a 10 céntimos, otra campaña a pérdidas, y el consumidor pagando cinco veces más sin saberlo.