Llinares acertó el 4,50% de tipos y anuncia hambre en España
Francisco Llinares avisó a principios de año de que los tipos de interés estarían en el
4,50% en septiembre. Y ahí estaban. Ese acierto ha reabierto el pleito que lleva años abierto sobre el analista de Bolsa y metales más escuchado de España: ¿es un genio que ve lo que viene o un vendedor de miedo con el reloj parado en 2007? Las dos cosas pueden ser verdad a la vez, y ahí empieza lo interesante.
Llinares no es un youtuber de garaje. Da clase en la
Bolsa de Valencia, firma uno de los manuales de análisis técnico más citados del país y, según quienes le siguen, ha vivido toda su vida de sus inversiones. También tiene un libro de medicina alternativa. Ese detalle resume mejor que nada la mezcla: precisión quirúrgica en los gráficos, deriva mística cuando sale del gráfico.
¿Quién es Francisco Llinares y por qué se discute si es un magufo?
El retrato que se hace de él tiene dos caras. La del técnico que sabe latín, que enseña análisis y al que se atribuye un conocimiento profundo de bolsa y metales preciosos. Y la del hombre con
tendencias apocalípticas potenciadas por la edad, que lleva media vida anunciando el hundimiento y que, para un sector de su audiencia, ha convertido el aviso en producto.
La defensa es rotunda: saber de economía es como decir que el agua moja, y su diagnóstico no es opinión sino deducción. La crítica es igual de tajante: saber de especulación, de bolsa y de metales no es saber de economía. Dos disciplinas distintas, dicen, y solo una de ellas admite profecías.
Hay una tercera vía, la más incómoda. Llinares predice el qué casi siempre bien y el cuándo casi siempre mal. Lleva desde antes de 2007 avisando del guano, y desde entonces los inmuebles no han bajado de precio en España, la bolsa ha marcado máximos y el sistema, contra todo pronóstico, sigue en pie. El que le hiciera caso en 2012 y se quedara fuera del mercado por miedo lleva una década larga sin recuperar la diferencia.
El -17% que sostiene su tesis del colapso
El argumento duro no es sentimental, es fiscal. Los ingresos fiscales de Estados Unidos han caído un
17%, lo que obliga a emitir un 17% más de deuda solo para mantener el gasto, más lo que añada la inflación. A eso se suma un detalle que se repite: el ritmo actual exige más bonos para pagar los bonos anteriores hasta que la cadena rompa.
El mecanismo que se describe es el de siempre. La estructura de capital y de mano de obra se cae, las pequeñas y medianas empresas quiebran a miles porque no aguantan su estructura de costes, el empleo se destruye, y sin empleo nadie gasta en ocio ni en centros comerciales. La previsión de ventas —lo que las empresas creen que venderán y por lo que invierten— se hunde, y el indicador alemán es el que se pone encima de la mesa.
La lectura más extrema de todo esto es que el mundo conocido desaparece, y que lo hará
gradualmente: un shock, cinco años de falsa recuperación, otro shock, cada año peor. En España, casi todo el mundo lo pasaría mal. Hay quien habla directamente de hambre.
Del Mad Max al caos de baja intensidad
Aquí está el nudo del desacuerdo. El colapso anunciado tras 2008 nunca llegó con el estruendo previsto. Quien sostenía entonces que el sistema iba a reventar de golpe ha tenido que reescribir el guion: el Mad Max no vendrá en una tarde, se dosificará.
La versión más matizada habla de un
Mad Max a cámara lenta: un caos de baja intensidad en el que las pensiones se aligeran porque sus titulares se mueren, las herencias se tasan para recaudar a mansalva y las propiedades cambian de manos por la vía fiscal. Todo más o menos igual, pero un poco peor cada año.
En el otro extremo están los que lo despachan sin matices: no va a pasar nada. Y los que señalan que el problema no es el diagnóstico, sino el reloj: los Octubres nunca llegan.
Preparacionismo, miel y oro papel
La parte práctica del aviso ha derivado en acopio. Comida no perecedera, latas, semillas para germinar y, sobre todo, miel: no caduca y alimenta. Alguien admitió haber comprado dos cajas antes del confinamiento y habérselas comido enteras. La mantequilla de cacahuete entra en la misma categoría y en el mismo problema: es tan adictiva que no llega viva al apocalipsis. El cálculo fino de qué almacenar y qué no circula por los mismos sitios donde se discute la teoría.
Lo más citado del vídeo llega en el
minuto 56:25, al hablar de bitcoines. La tesis: con la llegada de los ETF, los bancos podrían emitir bitcoines igual que existe el oro papel frente al oro físico, mucho más abundante que el metal real. Una forma de decir que el activo escaso no es el activo, sino el que controla el registro.
Qué leer para tener el marco propio
El kit que se recomienda a quien no quiere depender de nadie:
Economía y Estado, de Rothbard;
Teoría del dinero y crédito, de Mises; y
Ciclos bancarios, de Huerta de Soto. Los tres, según quienes los citan, gratis en PDF. Con ellos, dicen, se maneja la economía que viene.
El marco de fondo es una pelea de escuelas. Por un lado, el keynesianismo y el monetarismo que se estudian en la universidad, tratados aquí como economía inventada. Por otro, el patrón oro como economía de toda la vida, la única que, se afirma, anticipa lo que va a pasar. Descartada la vía marxista por considerarla otra invención, la conclusión se presenta con sorna: el analista sabe economía de verdad.
El detalle que nadie subraya: Llinares mencionó esta discusión en su último vídeo y reconoció el vaivén entre genio y magufo. Una reacción, en su medio, que no suele darse cuando el escéptico tiene razón.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar que el diagnóstico siga afinando mientras el calendario sigue fallando. Si los ingresos fiscales no remontan y la deuda necesita más deuda, la presión se notará antes en el bolsillo que en los titulares. Cuándo exactamente, nadie lo sabe. Tampoco quien lo anuncia desde 2007.