Tres turistas españoles y un afgano mueren tiroteados en Bamiyán
¿Qué lleva a alguien a hacer
turismo en un país sobre el que el Ministerio de Asuntos Exteriores escribe en mayúsculas que no se debe viajar «bajo ninguna circunstancia»? Tres turistas españoles y un ciudadano afgano murieron este viernes por heridas de bala en la ciudad afgana de
Bamiyán, según las autoridades locales. El tiroteo dejó además cuatro heridos de nacionalidad extranjera aún por concretar y tres afganos heridos. Cuatro personas han sido arrestadas en relación con el caso.
El portavoz del Ministerio del Interior local condenó el suceso, lo calificó de
«accidente» y aseguró que «todos los criminales serán encontrados y castigados». La reivindicación del ataque por parte del
Estado Islámico llegó después. Para entonces, la recomendación oficial española ya llevaba tiempo escrita y no admitía matices.
Qué dice Exteriores sobre viajar a Afganistán
La web del Ministerio de Asuntos Exteriores no deja resquicio: «SE RECOMIENDA NO VIAJAR BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA A AFGANISTÁN», y añade que «existe riesgo de secuestro o atentado en todo el país». La Embajada de España en Afganistán ha cerrado temporalmente la atención al público y ha trasladado sus actividades a
Doha (Qatar), de manera que no puede ofrecerse protección ni asistencia consular sobre el terreno a los españoles que se encuentren allí. Solo queda un correo y un teléfono de la unidad de crisis para emergencias.
Esa advertencia llevaba tiempo publicada, lo que no ha impedido que el contraste entre el aviso institucional y el destino elegido se convierta en el eje de la conversación posterior.
¿Fueron simples turistas o había algo más?
Una parte de quienes siguieron la noticia rechaza que se tratara de turismo convencional. Circulan hipótesis que apuntan a viajes de negocios, a profesionales con contratos en la zona o, en la versión más extrema y sin prueba alguna, a
agentes de inteligencia camuflados tras la etiqueta de turista. También se ha especulado con que se apuntaran a un grupo organizado porque era la única forma de entrar en el país, y con que la reacción temprana del Gobierno español encajaría con intereses de Estado, aunque el escaso peso de España en la zona juega en contra de esa lectura. Nada de eso está confirmado y las autoridades no han facilitado los nombres de los fallecidos.
Lo que sí está documentado es que existen agencias que venden viajes organizados a Afganistán: basta teclear la búsqueda en Google para dar con varias. El turismo de destino extremo es un nicho real, se promociona abiertamente y se cobra caro.
El negocio del viaje de experiencia y el «volunturismo»
Hay un perfil que se repite: el del viajero que colecciona países y busca lo que el paquete estándar no ofrece. Una de las personas heridas en el atentado, según se ha divulgado, se dedicaba precisamente a acumular destinos visitados y no había estado en Andorra, pero sí en Afganistán.
Ese afán de experiencias únicas se cruza con un negocio en auge, el llamado
«volunturismo», en el que el viajero paga una suma elevada por participar en proyectos de ayuda en países con problemas y regresa con la conciencia —y el currículum— relucientes. El patrón, hay quien sostiene, tiene más de exhibición que de solidaridad: quien lo practica suele tener recursos, no le falta de nada y convierte la precariedad ajena en escenario.
El cálculo de riesgo que dejó de hacerse
La discusión derivó pronto hacia el instinto de conservación. Fuera de Europa, Japón, Canadá, Nueva Zelanda o algunas zonas de Estados Unidos, la cautela es obligada. El planeta no es la plaza mayor de una capital de provincia, y quien se mueve por según qué regiones debería ponderar el riesgo antes de subirse al avión, sobre todo si tiene familia esperando en casa.
A muchos les resultó difícil entender que alguien con medios y formación para informarse eligiera un destino así. La explicación que más se repitió no aludía a la ignorancia, sino a una mezcla de curiosidad, afán de distinción y una confianza excesiva en la propia suerte. Hay quien añade que, entre determinados perfiles acomodados, la elección de un destino peligroso funciona como una forma de estatus.
Qué se sabe del ataque y de los responsables
Afganistán lleva décadas de conflicto y quedó bajo régimen talibán en 2021, con las restricciones que ello implica tanto para la población local como para cualquier visitante. El ataque se produjo en Bamiyán, una zona conocida por sus restos arqueológicos y por ser uno de los puntos que alguna agencia incluye en sus itinerarios. Las fuerzas de seguridad locales buscan a los autores, cuatro de los cuales ya estarían detenidos, según el portavoz del Interior.
El balance provisional es de cuatro muertos —tres españoles y un afgano— y varios heridos graves entre los extranjeros. La identidad de los fallecidos no ha trascendido.
Con estas credenciales, la pregunta que queda en el aire no es quién disparó —eso lo dirá la investigación—, sino por qué el aviso oficial en mayúsculas sigue siendo, para algunos, un folleto que se lee y se ignora.