El Ejército llega a Valencia tras días de espera y reproches
La movilización de las tres ramas del Ejército para labores operativas, logísticas y de apoyo en Valencia llega cuando la catástrofe ya lleva días cobrándose víctimas. El anuncio, celebrado por unos y recibido con escepticismo por otros, no cierra la pregunta que recorre cada mensaje: por qué no se activó antes. La respuesta que se repite es incómoda: nadie pidió el despliegue hasta que fue imposible sostener la escena.
El mensaje que abre la conversación lo dice sin rodeos: «Ya era hora y no añadiré nada más. Nunca es tarde si la dicha es buena». La frase resume el estado de ánimo general, una mezcla de alivio y cabreo. Porque el anuncio de la movilización no llega solo. Llega después de que se haya discutido durante días quién tenía la competencia, quién la culpa y por qué los medios disponibles no estaban donde debían.
Qué ha pasado para que el Ejército llegue ahora
El relato que se impone es el de una cadena de mando atascada. Una parte de los mensajes sostiene que el Ejército no ha actuado con anterioridad porque no lo solicitó quien tenía que solicitarlo. «El ejército no ha actuado con anterioridad porque no lo ha solicitado el cantamañanas este», resume una intervención que recoge el sentir mayoritario. La acusación no se dirige solo al Gobierno central: también apunta a la Generalitat, a la que se reprocha haber tardado en reclamar una ayuda que estaba disponible.
El argumento técnico que aparece una y otra vez es el de la competencia. En el Estado autonómico, la emergencia es una competencia transferida. Eso significa que el Ejército no puede entrar por iniciativa propia: necesita una petición formal. «A ti te parece normal que un presidente de una ccaa tenga que autorizar al ejercito que actúe?», pregunta un mensaje que pone el foco en el diseño institucional. La respuesta que da el propio mensaje es que ese diseño convierte cada catástrofe en un pulso político.
Hay quien va más allá y señala que el problema no es solo la autorización, sino la ausencia de un mando único. «De nada sirve llamar al ejercito por tierra, mar y aire ( ridículo ) si no se establece un mando único que sea capaz de planificar, coordinar y ejecutar las operaciones de manera eficaz», se lee. La crítica no es al Ejército como institución, sino a la arquitectura que lo deja esperando en el cuartel.
El papel del Rey y la UME en el anuncio
El anuncio de la movilización ha puesto el foco en el Rey. Una parte de los mensajes considera que Felipe VI debería haber tomado la iniciativa desde el primer minuto. «Como jefe de todos los ejércitos debía haber tomado el mando en el minuto 2, informar al gobierno de que se movilizan las tropas y medios necesarios para ayudar en la catástrofe», sostiene una intervención que reclama un gesto de autoridad. Otra parte responde con el manual: «El Rey sólo es un cargo honorífico (manda lo mismo al ejército que un fontanero). Es el gobierno el que da órdenes y por tanto el responsable».
La UME aparece en casi todos los mensajes, y no siempre para bien. Hay quien distingue entre poner a disposición y movilizar de verdad. «Dice que pone a disposición la UME para lo que requieran, no que se hallan movilizado las tres ramas del ejército», advierte un mensaje que pide no confundir el anuncio con el despliegue. La desconfianza es explícita: «Otra cosa es que lo hagan...».
El testimonio más incómodo es el de un soldado voluntario que, según se recoge, declaró en directo que él y sus compañeros están preparados y quieren ir, pero no les dejan. La conexión se cortó y se dio paso a otra reportera. Ese detalle, si se confirma, resume mejor que cualquier comunicado la distancia entre el anuncio y la realidad sobre el terreno.
Los militares y el dinero: por qué se prefiere misiones fuera
Un mensaje introduce un factor económico que suele quedar fuera del relato: la retribución. «También es porque se les paga una pasta a los que se piran al extranjero, por eso gustan tanto de hacer misiones en el extranjero, por el dinero que cobran su salario x3», sostiene. La comparación que hace es con cualquier trabajador cualificado que emigra para cobrar más. «Si pasa aquí en españa les dan 2 limosnas», añade.
El argumento no es menor en un contexto donde se discute la capacidad de respuesta. Si las misiones internacionales se compensan con complementos que multiplican el salario, la disponibilidad para operaciones domésticas depende también del incentivo económico. No es una tesis demostrada, pero sí una hipótesis que explica por qué algunos prefieren el exterior.
Otro mensaje aporta la experiencia directa de quien hizo la mili en una unidad de apoyo logístico. «Yo preste el servicio militar en unidad de apoyo logístico, que es algo bastante cercano a lo que se necesita en Valencia, nuestro grupo (Aalog81) tenía eso, médicos, comida, albañiles, camiones y mecánicos», detalla. La conclusión es que los medios existen, pero no se han desplegado.
La comparación con las misiones internacionales
El reproche más repetido es el de la doble vara de medir. «Terremoto en turkia o marruecos y en horas salen escopetados para alla. Aqui a los nuestros ni agua», resume un mensaje que condensa el malestar. La comparación con las misiones de rescate internacionales sirve para subrayar que la capacidad de reacción rápida existe, pero no se aplica en casa.
La crítica se extiende al conjunto del sistema autonómico. «La España de las autonomías es un puto CÁNCER, aparte de un sumidero de dinero público y un gigantesco criadero de ladrones», afirma una intervención que culpa al diseño territorial de la lentitud. El ejemplo que se cita es el de un incendio forestal en Cataluña, donde la Generalitat habría rechazado inicialmente la ayuda de la UME.
El resultado de todo esto, según los mensajes más duros, es que en una emergencia real «estamos SOLOS y la ayuda tardaría días o semanas en llegar, si llega». La movilización anunciada no desmiente esa sensación: llega tarde, y llega después de que la opinión pública haya tenido que empujar.
Qué se puede esperar del despliegue
El anuncio habla de las tres ramas del Ejército y de labores operativas, logísticas y de apoyo múltiples. Sobre el papel, eso incluye ingenieros, zapadores, medios de bombeo, sanidad de campaña y capacidad de transporte. En la práctica, la pregunta que nadie responde con datos es cuántos efectivos, con qué medios y en qué plazos.
La desconfianza no es gratuita. La experiencia de otras catástrofes, como la erupción volcánica en La Palma, se cita como precedente de promesas incumplidas. «Que se lo cuenten a los de la palma que viven en contenedores de basura», se lee. La referencia sirve para recordar que el anuncio de ayuda no equivale a la ayuda.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que el despliegue llegue, pero tarde y a cuentagotas. Si se confirma, la pregunta que quedará no será cuántos militares han ido, sino por qué no fueron antes. Y esa respuesta no la va a dar ningún comunicado.