Tres días de DANA: la queja por la ausencia de chalecos rojos sobre el terreno
A las 72 horas de la catástrofe, la misma pregunta recorre las zonas anegadas: ¿dónde están las ONG y los voluntarios? El relato que se repite entre quienes llevan días sacando barro no admite medias tintas. Ni campamentos, ni carpas, ni comedores, ni los
chalecos rojos de la Cruz Roja. Solo, dicen, la UME y la Guardia Civil. Conviene subrayarlo desde el principio: es una percepción, no un inventario.
Nadie ha presentado un recuento verificable de qué organizaciones operan ni en qué municipios.
Los testimonios, en cambio, son insistentes y concretos. Quien asegura llevar
2 días y 12 horas retirando lodo y algún cuerpo sostiene que, al margen de esos dos cuerpos, no ha visto a nadie más trabajando. La queja se repite: sin instalaciones, sin cocinas, sin puntos de reparto. Y, sobre todo, sin prisa.
¿Por qué se pregunta dónde están las ONG y los voluntarios?
Porque, según los relatos que circulan, a las 72 horas sigue sin aparecer sobre el terreno la presencia masiva que se asocia a una catástrofe de esta escala. El reproche no va solo contra las organizaciones humanitarias; apunta también a las administraciones, acusadas de haber reaccionado tarde. Hay quien describe municipios enteros a los que la ayuda llegaría a cuentagotas, sin agua, sin comida y sin tejado.
El malestar tiene un detonante concreto. Varios mensajes señalan que ni en televisión ni en medios digitales ha aparecido
un solo chaleco identificativo de la Cruz Roja en 48 horas. Es una afirmación difícil de comprobar —ninguna cámara cubre todos los pueblos a la vez—, pero ha bastado para alimentar la sospecha de fondo.
La Cruz Roja: campañas de donación y las quejas por su ausencia
Mientras unos cuestionan la falta de presencia, otros reparan en un detalle que consideran revelador: las peticiones de dinero. Circulan mensajes de la cuenta de la organización solicitando fondos para los damnificados. Para una parte de quienes siguen la catástrofe, ese contraste —recaudar sí, desplegarse no— es la prueba de que la prioridad es la caja.
Conviene no confundir la acusación con la evidencia. Que una entidad humanitaria active una campaña de captación no demuestra, por sí solo, nada sobre su operativo en el terreno. Las organizaciones suelen lanzar los llamamientos en las primeras horas, cuando todavía se evalúa el alcance del desastre. Pero el argumento circula con fuerza y explica buena parte del enfado. También hay quien recuerda que esas mismas entidades dedicaron su maquinaria a otras misiones —rescates en el Mediterráneo o en el Atlántico— y se pregunta por qué no han replicado ese esfuerzo en casa.
La comparación: 500 militares para la DANA y 1.300 policías
Una comparación difundida estos días cifra el despliegue militar en la zona en
500 efectivos, frente a
1.300 agentes destinados a otro cometido. La lectura que se extrae es la de una jerarquía de prioridades, como mínimo, discutible. Los números no van acompañados de fuente oficial en los mensajes que los repiten, así que procede tratarlos como lo que son: una acusación de parte.
En paralelo circulan imágenes del presidente del Gobierno en un viaje oficial en la India, recibido por su homólogo. Para muchos de quienes siguen la catástrofe, la fotografía exterior mientras hay municipios sin rescatar es el resumen del problema.
El papel de VOX y de los grupos que sí aparecen
La ausencia más comentada, además de la de las ONG, es la de los partidos. Se esperaba ver a la dirección de VOX sobre el terreno y no ha habido constancia de ello: solo mensajes de apoyo y alguna recaudación. Ese vacío desconcierta incluso a quienes simpatizan con la formación. Hay quien admite que tal vez acudieron sin cámaras; si fue así, no quedó rastro.
Donde sí se identifica presencia es en grupos y colectivos minoritarios, además de particulares con sus propios medios. Se les atribuye apoyo directo a los vecinos damnificados. La paradoja es evidente: los que menos recursos institucionales tienen son, según estos relatos, los que antes se han puesto las botas de agua.
La sospecha sobre las ONG como negocio
Buena parte del malestar apunta a una idea previa: que las organizaciones humanitarias funcionan como estructura lucrativa. Se les reprocha dedicar la plantilla a captar donaciones y reservar el voluntariado visible para la foto que justifique los ingresos. La acusación sostenida, sin datos públicos que la respalden, es que el dinero de las donaciones no se traduce en ayuda proporcional.
De ahí nace una petición recurrente: un mapa de los centros y entidades que reciben ayudas públicas junto a su presupuesto. No consta que ese desglose esté publicado con el detalle que se reclama. El argumento del que muchos parten es simple: si el dinero llega por impuestos, la opacidad sobre cómo se gasta también es responsabilidad pública.
Una acusación que se desvía hacia la inmigración
Una parte del enfado deriva hacia las políticas de acogida a personas migrantes, con reproches sobre el destino de recursos que, sostienen, deberían ir a los damnificados. Es una afirmación sin verificación en los datos disponibles y que este texto recoge como tensión del debate, no como hecho probado. Que la discusión derive por ahí dice más de hacia dónde apunta el malestar social que de la gestión concreta de la emergencia.
Qué puede pasar en los próximos días
Con estos mimbres, es previsible que la presión sobre las organizaciones humanitarias no baje. Si aparecen, se les reprochará la tardanza; si no, la ausencia. Cabe una excepción incómoda para la tesis dominante: que el operativo exista y simplemente no se esté viendo. Nadie ha presentado todavía, en ninguna de las dos direcciones, la lista de quién está en cada pueblo. Y sin esa lista, por ahora, esto es palabra contra palabra.