Tres Cantos, creado en 1991, suma 215 votantes de la ley de nietos
Tres Cantos no existía en 1955. Tampoco Torremolinos, ni Salou, ni buena parte de El Ejido. Son municipios de creación reciente —algunos posteriores a la propia Transición— y aun así aparecen entre los que más han engordado su Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) al calor de la ley de nietos. Los datos difundidos el 15 de septiembre de 2026 apuntan a un aumento de 215 personas, un 21% más, en el caso madrileño, para una norma pensada para reconocer a los descendientes de exiliados entre 1936 y 1955. El problema es de lógica elemental: para tener un abuelo exiliado desde un municipio, ese municipio tenía que existir.
El pueblo que no pudo tener exiliados
La paradoja se repite en varios términos del litoral. Cientos de inscritos en el censo del exterior figuran adscritos a localidades que en 1955 no eran más que suelo rústico o pedanías de otro ayuntamiento. La pregunta que sobrevuela el asunto no es menor: ¿cómo se atribuye un antepasado exiliado a un pueblo fundado cuarenta años después del exilio? El desglose por municipios y el porcentaje exacto de cada uno es lo que conviene mirar con lupa antes de sacar conclusiones.
Cuántos exiliados hubo en realidad
El relato del exilio masivo hacia América no resiste el archivo. El grueso de los españoles que cruzó la frontera en 1939 lo hizo a pie por los Pirineos, y muchos regresaron en la década de 1950. A México llegaron cuatro barcos pactados, con lista. Argentina y Cuba se tragaron, sobre todo, emigración económica del siglo XIX —hambre de tres generaciones antes, no huida del franquismo—. Un apellido gallego o canario no equivale a una partida de nacimiento.
El medio millón y el Constitucional
La magnitud del proceso alimenta la sospecha: se habla de hasta 675.000 solicitudes y de un volumen de nacionalidades que rondaría el medio millón. Hay quien sostiene que el mecanismo sirvió para engordar el censo donde más rentabilidad electoral tendría; en contra pesa el argumento de que el PP lleva décadas practicando lo mismo con el voto exterior, así que la indignación selectiva tiene poco recorrido. Sobre el Tribunal Constitucional planea otra previsión: que la norma acabe allí. El resultado, según la acusación más repetida, se da por descontado; a fecha de esta información, sin resolver.
Queda el calendario. Si los votos del exterior se cuentan el viernes o el domingo, y qué pasa si el escrutinio da un vuelco. Nadie ha explicado todavía por qué un pueblo fundado en 1991 tiene abuelos que huyeron en 1939. ¿O es que ya nadie comprueba las partidas?