El censo exterior que no cuadra con las cifras del exilio republicano
«Mi abuelo huyó de Franco en 1930». La frase, reciclada estos días como meme, esconde la paradoja que resume el embrollo: en 1930 Franco no gobernaba nada. Cuatro años antes del golpe de 1936, el exilio que se le atribuye ni siquiera había empezado. Sobre ese relato, sin embargo, se están tramitando cientos de miles de solicitudes de nacionalidad al amparo de la ley de nietos, y el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) ha empezado a registrar el movimiento.
Las cifras que no cuadran con la historia de la emigración
El grueso de quienes cruzaron la frontera en 1939 lo hizo a pie por los Pirineos, y buena parte volvió en los cincuenta. A América Latina solo llegaron contingentes concretos y pactados, con listas. Con esa base, el cálculo que circula es demoledor: Argentina reconoció unos 3.000 casos de asilo político a españoles, pero las solicitudes al amparo de la ley de nietos rondan las 670.000. Llevada al absurdo, la proporción obligaría a cada descendiente a tener quince descendientes por generación.
El caso cubano muerde más. Se citan menos de 15.000 españoles emigrados a la isla después de 1945 —entre 1936 y 1945, con la guerra, casi no se movió nadie— frente a las 500.000 solicitudes que se manejan. A Argentina, en cambio, la emigración neta entre 1946 y 1959 se estima en unos 200.000. La sospecha que se extiende es que muchas de esas partidas no se van a comprobar: se presenta el expediente y, si cuela, cuela.
Municipios que no existían en 1955
Tres Cantos, El Ejido, Torremolinos o Salou. Son localidades de creación reciente, posteriores a 1955, y sin embargo suman cientos de inscritos en el CERA. En el municipio madrileño, creado en 1991, el censo exterior ha crecido en 215 personas desde que entró en vigor la ley. Que alguien reclame una partida de nacimiento de 1938 con un ayuntamiento que no existía tiene, como mínimo, mala pinta.
El voto exterior y el eslabón del correo
El CERA vota poco —en torno al 10%, un porcentaje que apenas mueve resultados—, pero el volumen y su reparto por provincias empiezan a inquietar. El voto depende del correo de cada país y de la valija consular hacia España. Quien sostiene la tesis del embeleco apunta justo ahí: revisando los movimientos en los consulados de Venezuela, Argentina y Cuba, dice, se tendría la foto completa.
El precedente sueco y la ventanilla que aquí se cierra
Para calibrar el impacto se mira a Suecia: más de 170.000 personas han adquirido el derecho a voto desde 2003 y, en los últimos cuatro años, el escrutinio se ha dado la vuelta, con la izquierda remontando una derrota de 46.000 votos hasta ganar por unos 20.000. Correlación, avisan, no es causalidad. El contraste que pocos discuten es otro: en Francia, Italia o Polonia la ventanilla consular está abierta siempre para los descendientes, sin plazos. Aquí se ha fijado una fecha límite que empuja a tramitar a toda velocidad, con verificación mínima.
¿Basta con que la aritmética no cuadre para hablar de embeleco? ¿O el verdadero problema es que, pasado el plazo, nadie va a comprobar una sola partida?